«Onán»: una crisis de pareja y la costumbre de gozar con una sola mano

Por Horacio Otheguy Riveira

Las referencias al onanismo abundan en ensayos, películas pornográficas o no, desde luego en la literatura no necesariamente erótica, y más aún en poemas ya de célebre prestigio como La mano de Onán se queja, del dominicano Manuel del Cabral (1907-1999), donde, por ejemplo, se lee:

«… Se me llenan de ángeles los dedos,
se me llenan de sexos no tocados.
Me parezco al silencio de los héroes.
No trabajo con carne solamente…
Va más allá de digital mi oficio.
En mi labor hay un obrero alto…
Un Quijote se ahoga entre mis dedos,
una novia también que no se tuvo.
Yo apenas soy violenta intermediaria,
porque también hay verso en mis temblores…»

Por parte de una mujer, el testimonio de la escritora estadounidense, Anne Sexton (1928-1974), La balada de la masturbatoria solitaria:

«De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama…

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama…»

Y ahora en un teatro español, simplemente… Onán

Estos poemas citados en reducido extracto no se mencionan en la representación que me ocupa, donde reiteradamente se explica el origen bíblico del asunto. Más bien se trata de un centro de atracción obsesivo en un adolescente (del que se habla sin aparecer en escena) y de su padre, este sí protagonista muy presente.

Con un lenguaje directo y situaciones en exceso dialogadas y bastantes apartes informativos al público, la pieza guarda algo de la intensidad de estos poetas, cuyos versos se encuentran con facilidad en Internet.  A pesar de la gran experiencia como actor y director de Fernando Soto, presente en ambos casos, Onán promete más de lo que ofrece, en manos de un guionista debutante en el teatro, Nacho Faerna. Resulta muy evidente que ha confiado poco en los múltiples recursos escénicos y en lugar de crear atractivas situaciones, deja que la trama circule demasiado discursiva. Y aun así, con sus reiteraciones y planteamientos desvaídos… la función mantiene un rico subtexto digno de análisis.

Un pecado altamente solicitado

Iñaki Miramón carga con un personaje absorbente, colgado de explicaciones e intenciones verbales que, sin embargo, guarda para sí como un vértigo profundamente inconfesable la prueba de fuego del «pecado de Onán» para los religiosos y el tormento masturbatorio para influyentes médicos a lo largo de la historia hasta el siglo XIX. Incluso en la psiquiatría tuvo que llegar el austriaco Wilhelm Reich (1897-1957) para hablar del superpoder del orgasmo a solas o acompañado…

Pero aquí no se abunda en estos matices, sino en el Génesis, el célebre Coitus Interruptus para no tener una descendencia indeseada, «el derrame de la semilla en tierra de nadie» convertido por arte de birlibirloque —próximo a una habilidad periodística— en pura y erecta masturbación: irrefrenable placer del adolescente que descubre una locura de amor consigo mismo, y que con el tiempo lo hace todo el mundo «el presidente, el rey y hasta el Papa de Roma», todos entregados en una fascinante costumbre de gozar con una sola mano… que este padre de familia eleva a categoría de egocentrismo absoluto frente a su incapacidad de amar, omitiendo como en toda sociedad patriarcal el mismo regusto en las portadoras del sexo femenino.

SINOPSIS: Laura y Jaime llevan veinte años juntos. Una tarde reciben una llamada de Ricardo, el tutor del hijo adolescente de ambos. Quiere verlos en su despacho porque el chico se salta las clases para encerrarse en el baño del instituto a masturbarse. Este pequeño problema doméstico enfrenta a la pareja con sus propios deseos y contradicciones, desvelando aspectos de su relación que amenazan con destruirla.

Fotos: gentileza Antonio Castro

En síntesis: una historia que no ofrece tantas posibilidades como podría pero que, sin embargo, si se sabe mirar lo que no se ve (el personaje ausente del hijo; las andanzas de la esposa humillada; la soledad demasiado gratificante de quien opta por encerrarse en sí mismo) y se intenta escuchar lo que no se dice… creo que estamos frente a un muy interesante intento de abordar un tema extraño al teatro, conversado como si fuera una comedia burguesa que se desmelena de diversos modos, por ejemplo «entre pajas en un aula de colegio de curas» y hace tabla rasa de falsos pudores e hipócritas resquemores…

La cuestión quizás se limite a follar y amar, pero preferir la mano que tiembla ante el irresistible avance de un orgasmo que abunda más en la imaginación y el arte manual que en el enlace con una pareja, sobre todo si esta tiene credencial de socio vitalicio.

De la comedia al drama

Con toques de comedia ligera, se desenvuelve un drama que lleva la amable compañía de imágenes de la película Viaggio in Italia de 1954, que Roberto Rossellini realizó con su gran amor Ingrid Bergman, en España titulada Te querré siempre. Hay imágenes del film que los personajes ven en una filmoteca. Aporta material histórico de una obra romántica atípica, pero sobre todo tiene un cariz simbólico que enriquece la propuesta de la obra y sugiere nuevas perspectivas poéticas y psicológicas.

Todo transcurre dentro de una escenografía muy fría que conviene a los acontecimientos que se relatan. Una gran puerta corredera de cristal opaco se asemeja a la consulta de un médico sin doctor que facilite el encuentro que se va dando a contraluz de una incomunicación completa en el matrimonio (Iñaki Miramón, el empecinado solitario, y Llum Barrera en un personaje que oscila entre la honestidad y el cinismo) frente a un tercero del que apenas sabemos nada pero al que Fernando Soto aporta la frescura del profesor de gimnasia que vive la vida que se le cruza en el camino sin vaivenes excesivos.

En definitiva: desde un texto rudimentario, una propuesta interesante defendida con ahínco por muy buenos profesionales.

Reparto

Iñaki Miramón
LLum Barrera
Fernando Soto

Equipo

Autor: Nacho Faerna
Dirección : Fernando Soto
Ayudante de dirección : Alex Stanciu
Escenografía : Mónica Boromello
Diseño de iluminación : Ion Aníbal
Diseño sonoro y vídeo : Fernando Soto y Bela Nagy
Vestuario: Ana Llena
Ayudante de vestuario: Tania Tajadura
Coordinación técnica : Bela Nagy
Diseño de imagen y fotografía : Geraldine Leloutre
Producción ejecutiva : Manuel Sánchez y Elena Martínez

Producción: Cayuga Ficción, Sanra Produce, LaZona y Elena Martínez
Prensa : María Díaz
Distribución : Elena Martínez Artes Escénicas

TEATRO INFANTA ISABEL. DESDE EL 25 DE AGOSTO 2021

 

 

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