Espíritus femeninos evocan a Juana de Arco
Horacio Otheguy Riveira.
Siete mujeres consagran sus cuerpos en el sublime paisaje de la memoria de la Doncella de Orleáns. Ellas lo son todo, se valen para encarnar a hombres poderosos, soldados en plena batalla, mujeres y dioses o santas que susurran al oído lo que ha de hacer la muchacha campestre. Tiene solo 17 años y una misión que la llevará a una gloria mundana que acabará en la hoguera.
La creación pertenece al género de teatro-danza. Mientras las siete se mueven con felina delicadeza no exenta de rudeza, de enérgica soltura e imposición, Francia e Inglaterra dirimen sus cuentas en el campo de batalla. La joven lleva a la victoria a su país, pero un grupo de nobles la traiciona, cae París y éstos pactan con Inglaterra.
Por vaivenes militares, el Tribunal inglés la juzga, condena y quema en Ruan, territorio francés. Un galimatías histórico que ha dado pie a varias pinturas, películas, novelas, varias obras teatrales (la primera de Paul Claudel, Juana de Arco en la hoguera, 1939).
Paisaje mágico
La historia que va de los 17 a los 19 años de Juana está en esta función fabulosamente narrada por siete excelentes bailarinas, quienes a su vez encarnan diversos personales con los aportes masculinos que reclama el argumento.
Solo falla el texto, por otra parte escaso, cuando se produce el juicio de la Iglesia: allí todo rompe el hechizo de la puesta en escena, pues se torna en exceso convencional la ira eclesiástica contra quien insiste en que fue guiada por Dios y Las Santas Catalina y Margarita. A pesar de este desequilibrio en que decae mucho el espectáculo -porque para colmo no explica la naturaleza sociopolítica del juicio-, todo lo anterior y posterior es de una belleza de gran trascendencia.
Labor de equipo enormemente exigente. Siete cuerpos que expresan emociones y discursos, reflexiones y episodios históricos en una reconversión teatral no por femenina, aislada del masculino universo de las guerras y las políticas.
Carismática Vilapuig
Cuanto sucede ante los grandes telones morados resulta de gran creatividad casi siempre coral.
Las siete artistas son extraordinarias. Los efectos especiales, la música y el vestuario las arropan de manera envolvente para que todo confluya conmovedor y sorprendente en torno al grácil protagonismo de Joana Vilapuig en el papel de Juana de Arco.
Eminente debut teatral, al expresar los matices necesarios para pasar de lo etéreo bucólico de su primera aparición, al mágico desgarro final bajo las llamas, de donde surgirán todas sus compañeras, en una situación de fascinante misterio… el de fantasmas femeninos que atraviesan el tiempo y el espacio para venir a contarnos la historia de quien fue a la hoguera en 1431 (y canonizada por el Vaticano en 1920).
Autoría Sergio Martínez Vila y Marta Pazos
Texto Sergio Martínez Vila
Dramaturgia y dirección Marta Pazos
CON Georgina Amorós, Katalin Arana, Macarena García, Lucía Juárez, Bea de Paz, Ana Polvorosa y Joana Vilapuig
Coreografía Belén Martí Lluch
Diseño de espacio escénico Max Glaenzel
Diseño de iluminación Nuno Meira
Diseño de sonido y composición de música original Hugo Torres
Diseño de vestuario Leandro Cano
Ayudante de vestuario Lourdes Escalante
Ayudante de dirección Emilio Manzano
Asistente artístico Víctor Barahona
Fotografías: Jesús Ugalde y Carlos Luque
Una producción de Nave 10 Matadero
NAVE 10 MATADERO HASTA EL 3 DE NOVIEMBRE 2024