Sergio Vargas.
Dan Lungu(1969), retrata el viaje de Letitia a Italia en busca de empleo, dejando atrás una Rumania en transición y a su hija pequeña Rãdita, que se encuentra muy afectada por esta imprevista separación.
El autor es de origen rumano y además de gustarle escribir es también sociólogo, su nombre no hay que cotejarlo en Google ya que es uno de los escritores más reconocidos en su país. Su nueva novela La niña que jugaba a ser Dios ha sido publicada recientemente por amarillo editora.
Rãdita (de la que hablamos), tiene una hermana mayor, las dos permanecerán a cargo de su padre pero viviendo en casa de sus abuelos. Mientras, Rãdita constreñida por la ausencia de su madre va afrontando los días con su grandes dotes para la imaginación.
El estilo realista y recitativo viene animado por la frase larga y por algunos recursos más o menos modernos , como poner mayúsculas o signos de interrogación y exclamación entre paréntesis.
Pero la intención de Lungu es que veamos su barrio, calle a calle y desgracia a desgracia.
La figura de la madre ausente tiene un singular protagonismo como si se asemejara a la caída en esos momentos del gobierno de Ceausescu.
El mundo que describe el escritor parece cine social firmado por Ken Loach, que justifica por sí mismo el esfuerzo, porque, si no nadie lo va a contar nunca.
Además, desfilarán un sin fin más de personajes, cuyo trazo está bien definido para que no quede títere sin cabeza y dotarán de una perfecta envoltura a la obra, a veces con circunstancias triviales que son las más determinantes en la vida.
Finalizando, leer a Dan Lungu es toda una experiencia tanto en lo literario como en lo personal, donde no falta la ironía, la delicadeza, el descaro y la espontaneidad. Y creo que esta mezcolanza a nadie disgustará.