CONSUELO DE ARCO: Leonard Cohen en Vilna

Por ANTONIO COSTA GÓMEZ.

Cuando estaba en el confinamiento puse una canción estremecedora de Leonard Cohen. Tal vez porque quería conectar con las raíces más profundas de la vida. Y que me dieran vida. Cuando toda la vida estaba amenazada.

Era una canción pero también era un poema. No como los meros estribillos de Bob Dylan. Leonard Cohen publicó muchos libros de poesía, mucho antes de ser cantante. Y luego se hizo cantante para llegar a más gente con su poesía.

Y esa canción-poema me llevaba a lo más callado, a lo más profundo. Hacía que cesara toda la retórica. Hacía que callara y escuchara las raíces de la vida. Toda la palabrería se iba. Leonard Cohen se ponía más susurrante que nunca y más callado.

La canción-poema era “If it be your will”, “Si es tu voluntad”. Sonaba en tono bajo y profundo, algo cavernoso y recogido, sin postureos. La sentí tanto y procuré fijarme en la letra. Consuelo se acercó a mí y me hizo bailar con ese ritmo secreto.

Leonard Cohen dice más o menos: “Si quieres que calle me callo. No hablaré más y me quedaré como antes.  Me quedaré así hasta que me lo pidas”.

No quiere hablar por hablar, no quiere cantar si la vida no se lo pide, si algo profundo no se lo pide.

Así deberían hacer todos. Escuchar esa voz recogida y cavernosa de Leonard Cohen y pensar si deben hablar o callar, si tienen algo genuino que decir o no.

Y Leonard Cohen dice: “Si esa es tu voluntad, que haya una voz verdadera/ desde esta colina rota, cantaré para ti. / Desde esta colina rota / todas tus alabanzas resonarán/ Si esa es tu voluntad déjame cantar”.

Quería cantar si todas las fuentes del Ser se lo pedían. Si lo más hondo de todo el entorno se lo pedía. Igual que Boris Pasternak decía en “El doctor Zhivago” de sus amantes Zhivago y Lara: Se amaban porque todo a su alrededor así lo quería.  No era una pasión violenta ni era algo trepidante. Era algo callado que todo a su alrededor quería calladamente.

Y entonces se volvían como espectros, como seres profundos, que se amaban sin que nada pudiera evitarlo. Ni las guerras ni las brutalidades políticas ni los enredos de la Historia.

Yo le dije a Leonard Cohen también en silencio:  sí, Leonard, la vida te pide que cantes. La vida profunda y descubierta te dice que cantes. Con tu voz honda y callada. Como ahora te estoy escuchando, en mitad de la pandemia, cuando nos jugamos algo muy serio y verdadero.

Y Leonard Cohen decía: “Si esa es tu voluntad, si hay opción / deja que se llenen los ríos, que las colinas se regocijen / deja que se esparza tu piedad / sobre todos esos corazones abrasados en el infierno / si esa es tu voluntad, sanarnos”.

El planeta entero estaba en crisis, la vida entera estaba en cuestión. Parecía que podríamos desaparecer todos, eran horas muy críticas. Pero resistíamos sin que ningún virus pudiera evitarlo. Y Leonard Cohen nos animaba y nos traía oscuramente el esplendor de la vida.

Le dije: sí, Leonard, la vida te pide que cantes igual se llenan los ríos, igual que se regocijan las colinas. La vida te dice que nos contagiemos de los ríos y las colinas, aunque estemos aquí encerrados en nuestros cuartos.

Y todo un esplendor oscuro persistirá. Como tus poemas-canciones.

Y así Leonard Cohen, con ese poema, nos hacía reconcentrarnos hasta lo más hondo y nos llenaba los cuartos de vida, de hortensias, de crujir de colinas. De sonidos profundos del mar, de harapos de luz aunque estemos vestidos para matar. Del apretar de la vida contra el frío y los virus.

Aunque estuviésemos encerrados en esos cuartos.

Entre tantos poemas profundos y afónicos de Leonard Cohen aquel me pareció el más profundo y afónico.

El poema era una especie de oración. Pero también era la manifestación más irresistible del vivir contra cualquier infección. Y me sentí tan acompañado por él en mi sala de estar como una cárcel.

La música nos salvó a muchos. Y poemas como “Si es tu voluntad” de Leonard Cohen. Al margen del discurso religioso, Schopenhauer dijo que la esencia del mundo es una voluntad que lo crea todo. Y Leonard Cohen en ese poema hablaba desnudo con esa voluntad. Y esa voluntad (que aparecía como un arco iris detrás de la cascada, decía Schopenhauer en una imagen inolvidable) quería que Leonard Cohen cantara.

Y Consuelo y yo nos pusimos a bailar. En una de aquellas salas del mundo donde estábamos encerrados. Y donde todos sobrevivimos.

La mejor poesía es eso. También lo dijo Rilke de otra manera: Escribe si no puedes evitarlo, si sientes que vas a volverte loco si no escribes.

Y la poesía de Leonard Cohen, como en otros poemas pero mejor que en ninguno de ellos contagiaba ese temblor radical y silencioso.