Horacio Otheguy Riveira.
París, 1942. Una mujer desaparece en mitad de la noche sin dejar rastro, dejando atrás al hombre que ama. Sesenta años más tarde, la búsqueda vuelve a empezar…
Sylvie Dubois, una chef francesa, es enviada a París para espiar al enemigo, como parte de la resistencia. Por su parte, Christoph Baumann, un soldado alemán, está dispuesto a hacer cualquier cosa para salvar a su hermana. A medida que la chef y el soldado se conocen y son capaces de ver más allá de sus uniformes, la guerra parece desaparecer para ellos. Sin embargo, en un mundo enfrentado, el amor puede ser muy peligroso y tener un coste demasiado alto.
Sesenta años más tarde, cuando la salud y la memoria de Christoph se están deteriorando, Julia, su protegida, se dispone a descubrir que pasó con la mujer que Christoph perdió en la guerra…
¿Podrá descubrir la verdad que se oculta tras Sylvie y Christoph, o será demasiado tarde?
Una novela con datos históricos y una trama de actualidad en forma de género de intriga, desarrollada en ágiles capítulos cortos, con un estilo literario en el que prevalece el lenguaje directo, de pronto alternando con imágenes más elaboradas.
Esta cita abre el libro y marca el compás de la narración:
«[…] El olor y el sabor de las cosas permanecen mucho tiempo en equilibrio, como almas, listas para recordárnoslo, esperando y deseando su momento, en medio de las ruinas de todo lo demás; resistiendo tenazmente, en pequeñas y casi impalpables gotas de su esencia, el inmenso edificio de la memoria». Marcel Proust, Recuerdo de cosas pasadas

Editorial Contraluz.
Prólogo
Lisette
Agosto de 1942, París
Lisette cerró la puerta y apoyó la frente en la madera. El estrecho pasillo del apartamento estaba a oscuras. El olor del perfume de Christoph (humo de leña y bergamota) seguía impregnado en su piel. Todavía podía sentir en la boca el sabor de su último beso, cálido, desesperado…, pero se había marchado.
El estallido de una bomba puso fin a su ensoñación. Tenía que pensar deprisa. Volvería antes de que amaneciera. Al menos eso era lo que le había prometido. Cogió la bolsa y la olla de Eintopf mit Bohnen und Kartoffeln, y cruzó el apartamento, apartando la mirada de la puerta del dormitorio, con el calor de su piel y sus labios recorriendo su cuerpo grabado a fuego.
Exhaló profundamente. Recordar no servía de nada. Ralentizó la respiración. Estaba entrenada para momentos así. Las emociones no tenían cabida allí. Habían sido esos sentimientos los que la habían puesto en aquella situación.
Apartó las cortinas del salón con dedos temblorosos. A la luz de la luna, los tejados parecían nacarados. Un escuadrón de aviones volaba bajo por el cielo. Siguió el zumbido de los motores; se dirigían al oeste, hacia Boulogne-
Billancourt. Estalló otra bomba, esta vez más cerca. Lisette hizo un gesto de dolor, con el pulso entrecortado. Una luz artificial iluminó el cielo. No quedaba demasiado tiempo.
La puerta de la cocina se abrió. El crujido la sobresaltó. Había un joven con una espesa cabellera paralizado allí. Soltó el aire que se acumulaba en sus pulmones. Por supuesto, era Jacques. Se había olvidado de él. Parecía mayor de lo que había pensado unos días antes, cuando lo vio un instante y supuso que andaría por la veintena. El chico se acercó a la ventana con un leve cojeo.
—¿Qué vamos a hacer? —le susurró en francés con voz profunda, aunque Lisette detectó cierto temblor.
Recordó aquel recibo con una referencia a «Jacques M.». Christoph lo había mantenido a salvo, así que no podía abandonarlo allí.
—¿Crees que podrás viajar? —le preguntó.
Jacques se irguió.
—Por supuesto.
—Entonces creo que deberíamos irnos. Maintenant.
Pronunciar aquellas palabras en voz alta las hizo más reales.
Realizó un cálculo rápido. Quedaba suficiente comida en los armarios para varios días. Toda París iba a estar en silencio esa noche debido a los bombardeos, pero ella sabía cómo moverse, a qué puertas era seguro llamar. Podía sacarlos a los dos de allí.
—¿Y qué pasa con Christoph? —respondió, señalando la puerta con la cabeza.
A Lisette se le hizo un nudo en la garganta. No era seguro dejarle una nota. No podía dejar rastro de su presencia o de la de Jacques. Christoph solo complicaría las cosas. Era el momento perfecto para irse. Se mordió el labio. Iba a romperle el corazón, pero ¿acaso tenía otra opción?
Se oyó la detonación de otra bomba. Todavía más cerca. Ambos se estremecieron. Las vigas de la Torre Eiffel brillaron un instante por la explosión.
Jacques se giró hacia ella.
—¿Seguro que quieres salir ahora?
Lisette se encogió de hombros.
—No creo que tengamos otra opción. ¿O prefieres quedarte aquí?
Jacques miró a su alrededor mientras se frotaba la barbilla y esbozaba una breve sonrisa.
—No, prefiero arriesgarme contigo.
Lisette asintió con la cabeza. Cerró las cortinas y miró la bolsa. Christoph había metido dentro su libro de recetas y una muda de ropa. Eso era todo. Quedaba mucho espacio para latas y el Eintopf mit Bohnen und Kartoffeln. Se le revolvieron las entrañas de tan solo pensar en el viaje que tenían por delante.
«Mi amor, espero que comprendas por qué me he tenido que ir.»

En el señorial restaurante Maxim´s oficiales alemanes gastan una fortuna en platos exquisitos, mientras Francia pasa hambre. Un personaje clave está en su cocina y en la resistencia.
«—Mañana encontrarás una bicicleta esperándote fuera de Maxim´s cuando el jefe de cocina te envíe a comprar manzanas -explicó Seraphin, interrumpiendo sus pensamientos sobre Johnny-. Ve al parque y vuelve lo más deprisa que puedas.
Asintió con la cabeza. Cada pequeña misión era una oportunidad de demostrar su valía.»
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Edición inglesa junto a Fiona Schneider.
Fiona Schneider vive en Cambridgeshire con su marido alemán y sus cuatro hijos. Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Cambridge, en 2000 se trasladó a Irlanda para cursar el máster en escritura creativa del Trinity Collage de Dublín. En la actualidad, trabaja en un consorcio multiacadémico como responsable de marketing y comunicación, y escribe novelas en su tiempo libre. El caso París es su ópera prima en inglés.