Foto autor: Rodrigo Valero

DONDE RUGE EL OLVIDO

Por Isabel Marina.

En la última entrega poética de José Antonio Santano, Sepulta plenitud, hay una cita de Friedrich Hölderlin que revela la esencia de este libro de carácter meditativo y metafísico: “Pronto busca y ve el hombre entre las ruinas / el lugar de su casa…”. Encontrar lo que nos define, el vínculo entre lo anterior, los antepasados, la antigua historia del ser humano y nosotros, los que vivimos ahora mismo, es el objetivo de esta obra, que universaliza la cuestión desde los lugares que inspiran al poeta, su ciudad, Baena, y la antigua ciudad romana de Ituci.

Los vestigios de las ciudades sepultadas, con los osarios de sus habitantes, expresan enseñanzas que podemos aplicar a nosotros, los vivos. Lo que nos une a ellas nunca muere, para Santano: “Sepulta y desolada entre sus ruinas, / se desangra entre mis manos, / en las manos de todos”.

La vida nuestra es solo una espera para llegar también a ese destino de las ciudades y los hombres que enterró el olvido. Los muertos, las ciudades desaparecidas, los esqueletos, en realidad nos miran, y de forma paradójica, para el poeta, están muy vivos. Nos esperan a nosotros, que pasamos por este presente: “allí, vosotros, en el abrazo, / aquí, nosotros, a la espera / el presente caminamos”.

A través de la intuición poética, el autor es capaz de dotar de vida a las ruinas, al olvido en el que las antiguas civilizaciones se han sumido, a la noche eterna en que parece haber quedado el latido de aquella ciudad y aquella gente. Los vivos callarán y hablarán los muertos, el propio silencio será mensaje y palabra. Santano, con bellas metáforas, nos lleva a la visión de su mundo: “Abriremos por siempre la casa, / que será como un cielo / colmado de pájaros. / Resucita la noche y ruge el olvido”.

La tierra, la existencia, es el lugar de la desdicha, de los días monótonos, de esta humana incertidumbre, de este no saber, parafraseando a Rubén Darío, ni de dónde venimos ni adónde vamos. En los lugares desaparecidos, donde tantos hombres han muerto, se respira una especie de grandeza que convierte el corazón de todos en un himno, pues nos iguala la condición “de ser aquello que no fuimos, / de ser lo que seremos luego: / un soplo de polvo y de ceniza”.

El poeta dialoga con Lucio Cornelio Marcus, habitante ficticio de la antigua ciudad de Ituci: “para desenterrarme vuelvo, / para desenterrarlos, / restituirme y restituiros, / a esta madre tierra”. Lucio, al igual que Ituci, está muerto y nos habla a nosotros, los futuros muertos. Por eso, debemos entender que en el silencio, en la grandeza de los osarios y las ruinas, se proclama un mensaje que nos atañe a todos. Lucio, al igual que Ituci, es “sepulta plenitud”.

“Maldito sea, Lucio, este tiempo sin poesía”, dice a Lucio en su diálogo el poeta. A Lucio, el poeta filósofo, el autor implora para desenterrar el alma de los muertos y recibir su inagotable luz, su poesía.

Santano reconoce, ante sí mismo y ante los lectores, que estos mundos desaparecidos, de muertos y ciudades sepultadas, son el último lugar, o el único lugar, al que realmente pertenece. Son su patria. Ellos encienden la luz de la memoria, son plenitud inmortal: “Mi patria / la muerte que vive en el silencio / de este inmenso silencio / en la cumbre celeste de los dioses”.

El poeta se propone trasladar al lector en esta obra el mensaje de todo lo que ya no vive, de lo que refleja el olvido que seremos, pues allí, en Ituci, entre las ruinas, está el misterio que nos desvela. Allí todo está escrito y allí se cumple una de las citas, de Luis Rosales, que encabeza el libro: “Vendrán todos los muertos al corazón del hombre”.

JOSÉ ANTONIO SANTANO

Sepulta plenitud

Olé libros, 2023