HÉCTOR PEÑA MANTEROLA.

Llevo días fantaseando con una idea para una próxima novela. Imaginemos por un momento que quisiera escribir una obra detectivesca, que siempre están de moda. Sin duda recurriría al maestro, a Doyle. Pero los tiempos han cambiado y Sherlock, aunque adelantado a los suyos, se vería acosado por un sinfín de artilugios electrónicos y nuevas tecnologías.

No pasa nada. El escritor es, por definición, un ente creativo (al menos de momento). Así que solucionemos el problema de raíz: démosle un giro a la situación y convirtamos a nuestro Sherlock en Watson, y a Watson en una inteligencia artificial. Por un lado tendríamos al héroe humano, que ahora están más de moda que nunca que los personajes muestren su fragilidad, y por otro al gran cerebro astuto. A lo Iron Man.

Genial.

La cosa podría quedarse ahí, en una broma de mal gusto o en un posible super ventas. Por mi parte, nos quedaremos con las ganas. La ciencia ficción siempre ha tenido fama de venderse de aquella manera en esta España que es tan nuestra, tanto para los pechos henchidos de orgullo como para las banderas tricolor. Piel de toro, naves espaciales derribadas. Triste pero cierto.

Sin embargo ¿realmente sería ciencia ficción? Hasta la semana pasada (aunque habrán pasado varias cuando leáis esto) habría dicho que sí; hoy, lo dudo.

Varias noticias han sacudido el panorama literario últimamente; pocas buenas. Por un lado tenemos la unidad en las cámaras inglesas para condenar ciertas modificaciones en la fábrica de chocolate de Roald Dahl. A lo que hemos llegado. Por otro, la irrupción de Chat GPT en la literatura parece poner en tela de juicio las nuevas creaciones literarias.

El 15 de febrero se cerró una convocatoria de Clarkesworld donde pedían, tanto en inglés como en español, relatos de ciencia ficción. Clarkesworld es una de las más celebres revistas del género, famosa por catapultar las carreras de muchos escritores. En esta ocasión han abierto una convocatoria para textos en nuestro idioma, siguiendo una estela que a veces se da para apoyar a autores extranjeros. He probado suerte, así que crucemos los dedos. Pero eso no es noticia.

La noticia es que han tenido que emitir un comunicado público quejándose de los textos generados por IAs. O AIs, en hereje. La situación ha debido ser catastrófica, inundando la bandeja de RECIBIDOS. ¿No es poético que sea la propia tecnología la que reviente un certamen de ciencia ficción, al más puro estilo Yo robot? Roza lo ridículo, pero poca broma.

En lo personal, desde mi web podéis descargar un pequeño estudio de lo que sucede al mandar crear a una de estas IAs una novela. El resumen: no pueden. Obvian muchos datos. Pero arroja resultados incuestionables. La IA, alimentada por escritos de a saber quién, es capaz de formular oraciones profundamente literarias. Como haría un corrector de estilo. Ahí tenemos ya los primeros damnificados.

Pero parece ser que existen más de 200 títulos en la tienda de Kindle de obras creadas, a boca abierta y pleno pulmón, por IAs. Novelas de baja calidad, dicen. Me lo creo. Pero ¿qué pasará cuando las máquinas aprendan de los millones de consultas que las harán los escritores, o de miles de escritos adicionales? ¿Qué ocurrirá con los traductores cuando descifren los enigmas de las traducciones no literales? Y, en el peor de los casos, ¿qué será de nosotros, atávicos servidores de la tinta, cuando, a partir de unas directrices básicas, se puedan crear novelas en minutos? ¿Necesitaremos el chip neuronal de Elon Musk para ser capaces de procesarlas en igual cantidad de tiempo, alcanzando una sobreinformación que colinde con el derrame cerebral?

En lo personal, no lo sé. Se lo he querido preguntar a Watson, rebautizado Chat GPT, y en un arrebato de cibersinceridad me ha confesado que siempre carecerá de lo que nos humaniza: la capacidad de crear historias conmovedoras, personajes profundos y mundos imaginativos.

Quiero creerle; es mi fiel compañero desde los tiempos de Estudio en escarlata. Pero solo el tiempo dirá. Lo que sí que puedo asegurar, queridos lectores, es que en la creación de este texto no ha participado ninguna IA.