«Hemingway. Enviado especial» llega al teatro: «Si mueres hoy, mañana no te toca»

Horacio Otheguy Riveira.

Una pieza teatral de gran intensidad que invita a recorrer aspectos profundos de un personaje mítico del que se ha escrito y se sigue escribiendo mucho, tanto como para satisfacer su enorme ego, propio de un hombre con mucho talento que se pegó un tiro a los 61 años, cuando ya se consideraba olvidado y vacío, abducido por la impotencia del escritor que comprendía que ya no tenía nada que contar o, peor aún, había fundido «el detector de mierda que todo escritor debe tener en funcionamiento».

El autor Mario Hernández se instala en el instante en que prepara el rifle con el que tanto le gustaba cazar, y aprovecha esa situación para sumergir a Hemingway en un vendaval de recuerdos como Enviado Especial de Prensa al Madrid del 37. A partir de algunos de esos textos se consolida una estructura escénica en la que a poco de empezar dejamos a un lado los ecos del laureado, admirado y detestado personaje para permitirle entrar en nuestra vida de lectores por primera vez.

Y Hernández lo hace con gran dominio de la dramaturgia, desbrozando la gran cantidad de material investigado, calibrando cuanto encontró de sereno y frenético, fiel al ritmo angustioso de quien vivió y escribió desesperado ante el avance fascista, esperanzado en su derrota, y obsesionado por impactar, esgrimiendo, con ráfagas de genialidad y brotes ligeros de humor socarrón, un proyecto de periodismo literario, si bien otros colegas como John Dos Passos profundizarían más y mejor sobre aquellos episodios. «Ernie» lo desprecia junto a cualquier otro que se cruzara en su camino, en realidad considera que solo Shakespeare le hace sombra, y de él toma varias frases; una muy cercana a su personalidad de cínico brillante que destaca en este espectáculo, título de la presente crítica: «Si hoy mueres, mañana no te toca».

Mario Hernández autor saca provecho de varios artículos y otros textos del hombre que se ufanaba de cobrar 500 dólares por 500 palabras y en una segunda vuelta, el doble. Dinero, guerra, una reconfortante pasión sexual llena de altibajos fuera de las sábanas revueltas, y su ambición siempre desmedida por ir delante en cualquiera de sus intereses. Y Mario Hernández director atraviesa el difícil empeño en total armonía con el actor que lo interpreta, con plena conciencia del espacio escénico, de la respiración del intérprete, del texto y del público, logrando a lo largo de muy intensos 65 minutos una gran armonía audiovisual.

Sin duda, asistimos a una obra de teatro completa, nos olvidamos de los límites propios de un monólogo, ya que diversos avatares se muestran o explican con una muy amplia riqueza dramática, sin desmayos, con una ambientación e iluminación admirables, y un muy logrado abanico de entonaciones. El sobresaliente trabajo del actor se expone en escena como si fuera un fluir «natural» de acciones y aseveraciones de un personaje shakespeariano por su caudal de experiencias y contradicciones, que muy bien hubiera interpretado Orson Welles («ese mariquita del teatro»).

En el cuerpo y la voz de Jose Fernández, Hemingway nos atrapa y no nos suelta; al principio nos recibe en ropa interior, luego con pantalón y tirantes, finalmente en camiseta… Hasta despedirnos en total despojamiento con el fatal disparo. Siempre descalzo sobre un círculo de arena: un elemento simbólico perfecto para ir desentrañando al cazador convertido en su propia víctima.

Jose Fernández/Ernest Hemingway recibiendo la ovación final.

Su interpretación tiene mucha fuerza y a la vez capacidad de cercanía. La representación nunca abandona la impresión de que todo el tiempo asistimos a episodios de una intimidad nunca imaginada: presente de quien va a matarse y pasado de su memoria compulsiva. Así, damos vueltas con él sobre la pista que es también coso de la Fiesta taurina por donde pasea un torero repentino, ensoñado, siempre rondando sobre la fascinante ciudad de Madrid a la que vuelve a pavonearse, fanfarrón y beodo, sin memoria de lo que fue esa ciudad en plena guerra…

Foto de archivo. Hemingway en una de sus públicas borracheras en su amada Pamplona en los años 50

Hernández & Fernández —también productores— se entienden de maravilla,  y ofrecen una función que no solo permite acercarse en profundidad a un célebre escritor sumergido en la tragedia española, sino también en una existencia liquidada antes de empezar, ya que su voluntad de alcanzar imposibles le destruiría como destruyó a varios miembros de su familia, como su padre, y el de una de sus dos hijas, Margaux Hemingway a los 42 años, la quinta persona en suicidarse en cuatro generaciones. Datos que no se mencionan en escena, pero como muchos otros, se sugieren o facilitan la búsqueda del espectador interesado en continuar indagando, a partir de lo mucho que se nos ha ofrecido en una hora de gran teatro.

HEMINGWAY. ENVIADO ESPECIAL

Autoría: Mario Hernández, a partir de textos de Ernest Hemingway
Dirección: Mario Hernández
Interpretación: Jose Fernández

Dirección de Producción: Hernández & Fernández
Ayudante de Dirección: Sara Mata
Iluminación: Álvaro Guisado Garavito
Escenografía: Paula Castellano
Diseño de Sonido: Hernández & Fernández
Vestuario: Paula Castellano

Con la colaboración de Carlos de Austria, José Luis Bustillo, Jorge Corrales, Fernando Huesca, Sara Mata, Elena Rey, Sara G. Romero y José Luis Verguizas

Fotografías: Julia Armengol y Óscar Peña

TEATRO DEL BARRIO. DOMINGOS HASTA EL 25 DE SEPTIEMBRE 2022

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Otras creaciones de Mario Hernández en CULTURAMAS:

Una mujer desnuda y en lo oscuro

Un Oscar para Óscar

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