“Levanto mi voz. Radiofonías (1967 – 1972)”, de Carmen Conde

Por Jorge de Arco.

    Tres hitos marcaron la trayectoria literaria de Carmen Conde: la publicación en 1947 de su poemario Mujer sin edén, la obtención en 1967 del Premio Nacional de Literatura por su Obra Poética (1929 – 1966) y su nombramiento como académica de número de la RAE en 1978. Voz poderosa de la lírica hispana del pasado siglo, su palabra fue un ejercicio de bravura, de necesaria rebeldía en una España áspera, compleja y desigual.

Su quehacer abarcó casi todos los géneros: relato, novela, teatro, ensayo, biografía, autobiografía, traducción, artículo periodístico, guiones cinematográficos, televisivos… Mas su faceta de colaboradora en las ondas no era hasta la fecha tan conocida.

Ahora, con su acostumbrado esmero, la Fundación Banco Santander incluye en su colección Cuadernos de Obra Fundamental estas Radiofonías que agrupa la totalidad de aportaciones realizadas por la autora cartagenera en el espacio “En voz de mujer (1967 – 1969) de Radio Nacional. Además, se añaden otros tres breves ensayos emitidos entre 1970 y 1972: “La creación literaria”, “La mujer ante los libros” y “Acerca de la fe. (Meditaciones juveniles rehabilitadas)”.

Es la primera vez que se editan estos lúcidos y cotidianos apuntes en los cuales Carmen Conde testimonió su pensamiento sobre una variada colección de temas. La cercanía y la naturalidad de su mensaje caló en los numerosos oyentes que le trasmitían de manera epistolar su agradecimiento por compartir de forma tan humilde sus inquietudes, anhelos, dichas, preocupaciones…

Fran Garcerá ha estado al frente de la edición, notas e introducción, y, en ella, anota que “podemos observar en estas reflexiones cómo la escritora no se queda aislada del contexto histórico en el que vive”. E incide en cómo este volumen “se presenta como un ejemplo de vocación literaria y cultural de generación de mujeres que, tras vivir la llamada Edad de Plata, de encarnar el estereotipo de la nueva mujer moderna frente al caduco “ángel del hogar”, vieron rotos sus proyectos vitales, pero no se rindieron”.

Al hilo de estas radiofonías, podrá comprobar el lector que la autora murciana no tuvo reparos en afrontar con firmeza cualquier asunto. Y así, su pensamiento se extiende en torno a un espejo, a la Nochebuena, a los gatos, a los hermanos Kennedy, a los artistas de teatro, a los taxistas, a la llegada del hombre a la luna, a la ciencia, al Tiempo, a la sensibilidad, a las madres, a los viajes, a la lectura…, la cual recomienda vivamente: “En cualquier hora del día está bien leer. ¡Se lee tan poquito entre nosotros! (…) Buenos son todos los lugares para leer”.

Llama la atención su poderoso compromiso con la reivindicación femenina en una sociedad patriarcal e injusta. Y queda expresado con extremada vehemencia en distintas páginas del conjunto. Por ejemplo, cuando se refiere al imprescindible respeto mutuo y a la inexcusable igualdad: “Hay hombres que no han aprendido aún, ni siquiera intuido, que la CONVIVENCIA no es jamás el sometimiento de la ajena personalidad, sino la mutua cesión unísona de criterios, bienes, actos y sentimientos”.

Amplias son, también, sus anotaciones sobre la necesidad de hacer de la lírica una compañera cotidiana, una amiga cómplice: “¡Tapad con una mano vigorosa la fea boca del que hable mal de la poesía!”.

Para en otro texto, anotar: “Un poema es una voz ardiendo sin descanso”.

Al cabo, una excelente oportunidad para adentrase una vez más en el universo personal y creativo de una escritora sobresaliente, amante de las letras. Y de la vida.

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