Estar y ser: Antonio Lucas y Umbral

JESÚS MILLÁN MUÑOZ.

Todo ser es y está. Se puede ser y estar de millones de formas y de maneras, solo con lo que sabemos de este planeta. Una piedra es y está y un árbol y un caballo y un ser humano.

En el articulismo, que ya llevamos varias décadas, estimo que varios siglos es/son el/los costumbrismos el género por antonomasia. Han ido cambiando los nombres, crónicas, puede ser, más poético o más estético, pero casi todo el columnismo literario de nuestra Piel de Toro, es desde Larra y antes de Larra hasta hoy, costumbrismo, trufado de más poética o de menos, de más conceptos e ideas o de menos, de más argumentos o de menos, de unas temáticas o de otras, todo es casi costumbrismo –salvo Marina, que sería más indirecto, que analiza otras realidades, pero también usos y costumbres, a la luz de la psicología y filosofía-. Distintas variedades o formas o estructuras de costumbrismo. Cambia el tiempo y cambia la voz. Pero costumbrismo.

Sea Larra y gran parte del diecinueve y gran parte del veinte. El columnismo anterior a la incivil guerra civil, era analizar los usos y costumbres y hábitos y actos y aptitudes y actitudes de los seres vivientes bípedos racionales e irracionales que van poblando cada generación este terruño. Los articulistas posteriores a esa incivil guerra civil, hacen lo mismo. Cierto cambian algunos moldes, porque las teorías de la literatura y de las artes van cambiando, especialmente, las que vienen detrás de los Pirineos o detrás del Atlántico.

Porque en estas generaciones los articulistas son más leídos y cultos, y más, internacionales. Pero casi todo es costumbrismo, no solo en Larra, Alarcón, Mesonero Romanos, Fernán González, Clarín…, también en mucho de Unamuno y Ortega, mucho de Camba, Ruano, Plá, Cunqueiro, Vicent, Umbral, y, todos los demás. No tienen más remedio que fijarse en aspectos de la realidad, y, después cada uno va metiendo palabras y verbos en la botella del artículo. Olvidamos a Alfonso Sánchez, que hasta dónde sé, comentaba a/de las clases altas de la sociedad, hasta donde dispongo de datos, empezó a utilizar negritas –cosa que no se le recuerda, ni se le valora…-, hasta dónde sé, es otro más en ese regimiento de, al menos dos siglos, de costumbrismo en el artículo en esta tierra celtíbera.

Antonio Lucas, poeta y escritor y periodista y columnista, en El Mundo, el 06 de abril del 2009, en una crónica-comentario-columna-artículo titulado Turismo y G-20, analiza algunos aspectos de estas temáticas, y, de otras, siguiendo aquello de la morcilla de Ruano, la famosa estructura circular de la columna. En definitiva, un artículo es un poema en prosa tachonado de figuras literarias y conceptos, que quieren llegar al alma y a la carne y a la mente de algunos sujetos. Es como una conversación con/en prosa y poesía. Antonio Lucas, quién sabe, si el nuevo Machado del siglo veintiuno…

Bajo mi modesto modo de observar y pensar y analizar, los articulistas, no se dividen por las temáticas, ni los estilos, ni por las épocas, ni todo lo demás. Que son diferencias apreciables, no lo vamos a negar. Sino por lo siguiente, es lo esencial, si un escritor y polígrafo del articulismo, realiza y publica cuatro o cinco cada semana, o solo una o dos. Esta diferencia es lo esencial. Si una persona tiene que redactar cuatro o cinco a la semana durante diez o veinte o treinta o cincuenta años, al final, es un ser que ha tenido que percibir, miles de entresijos de la existencia. Pero si solo tiene que redactar uno o dos a la semana, es cierto, que al final, si ha existido cincuenta años, en esta actividad, tendrá una enorme cantidad, pero su mirada y perspectiva será diferente y diferenciada al otro tipo de visionador/interpretador de trozos de la realidad…

Un escribiente, que haya rellenado diez mil hojas/artículos/columnas/crónicas con firma ha tenido que observar cientos, de cuestiones, temas, trozos de la realidad, perspectivas, dimensiones, teorías, conceptos, argumentos, datos, hechos, personas, personajes implícitos o no. Por lo tanto, tienen que ir/plasmar todo el arco iris y todas las sinfonías de la realidad, todos los cuartetos del costumbrismo –hacen verdaderas Fenomenologías del Espíritu, de Hegel, pero con palabras modestas y analizando miles de temas rutinarios-. Entendido como usos y costumbres, incluidos personas, hechos, datos, personajes de la política y de todo el teatro del mundo, con nombre o abstracciones… (No cito nombres, para parecer más culto, no lo necesito, precisamente ahora, que voy olvidando a tantos, por los misterios de la memoria, sino para abrir puertas a nuevos aspectos del entendimiento, como este que indico, el artículo como desarrollos fenomenológicos y hermenéuticos de la realidad existencial. Perdonen el palabro…).

Al reducir, cada vez más el tamaño o palabras o caracteres del artículo, al existir menos materia/jamón/chorizo/queso/vno, se pueden abordar menos realidades. Aquí, pienso que es un error del columnismo actual, ya no son columnas, sino semicolumnas, quinientas palabras, cuatro mil quinientos caracteres. Siguiendo que de media en Internet, solo se lee una noticia o hecho, un minuto de media. Pero, en mi modesto entender, pienso que no todo el mundo que se acerque al articulismo, quiere solo captar la superficie y una razón-argumento. Porque al final, estamos convirtiendo el artículo en algo de solo mostrar, y, la columna, es mostrar y demostrar, al menos, con dos o tres razones –razones no solo emocionales poéticas…-.

Antonio Lucas, en esta columna que comentamos, como escritor y poeta y columnista, nos está mostrando trozos de la realidad, con trozos de interpretación. Otro ser humano que sigue esa estela que viene desde Larra, pasando por Ruano y todos los de su generación, y por su maestro Umbral. Debo reconocer, que en una especie de conferencia que he visto, en la que el participaba, creo que en la Fundación Manuel Alcántara, otro gran costumbrista poético, se emocionaba al recordar a Umbral, expresando, que algún día en diez páginas o cuartillas contará la historia del sepelio del maestro Umbral.

Es de agradecer, que un escritor alabe y se emocione al recordar a otro –años después-, que Antonio Lucas, al que no conozco, y supongo, nunca conoceré, se emociona recordando a Umbral. Solo por eso, solo por demostrar esa sensibilidad, debería usted continuar leyendo a este columnista y a otros articulistas. Paz y bien.

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