Oscar Wilde y El abanico de Lady Windermere, rejuvenecen con brillante creatividad
Por Horacio Otheguy Riveira
Los que cantan en off son clásicos del rock, mientras los que visten intrigas aristocráticas son actrices y actores en escena cruzando formalidades del siglo XIX con móviles y deportivas del XXI. A la manera de una fiesta surrealista lucen diálogos de alta comedia, enredos de vodevil y danzas de revista musical.
Por su parte, el decorado invita a circular por el túnel del tiempo hasta dar con aquellos días en que Oscar Wilde era un admirado creador de ironías y mofas hacia la clase alta, un tipo de gente que en los teatros siempre se reía del ridículo de sus congéneres, nunca de ellos mismos, por eso El abanico de Lady Windermere, estrenada en 1892, necesitaba esta nueva versión en una época en la que los que van al teatro oscilan entre la clase media y la baja, con eventuales visitas de burgueses con sentido del humor: todos a una para divertirse con las picardías y las zarandajas de cuantos buscan hacerse con un buen lugar… preferentemente en buena compañía.
Ramón Paso es el responsable en texto y dirección con intérpretes que bailan por primera vez, excepto la actriz, coreógrafa, y primera bailarina, Ángela Peirat, que descuella también en el vestuario, sumamente ingenioso y colorido.
Comienza muy arriba la función, con una Peirat de primera vedette, fusionando encanto personal con la febril dinámica del personaje que le ha tocado en suerte: arrebatadora rompecorazones que viene de la muy pecadora ciudad de París, a la remilgada e hipócrita capital británica de finales de siglo. A partir de su graciosa presencia, y divertidas ausencias (por lo mucho que se habla de ella hasta que vuelve a aparecer), brilla con luz propia el cotilleo magistral del que se ocupa la admirablemente odiosa creación de Ana Azorín, frente a la ingenua picaresca de la que es capaz la “divina” Lady a cargo de Inés Kerzan.
Si la comedia es el arte de descubrir filosofías entre carcajadas, esta creación no solo logra internarnos en la insolente ironía wildeana, sino a su vez crear un brillante ensueño teatral contemporáneo, más allá del tiempo y el espacio, en el que un autor de hoy se alía con uno del XIX y disfrutan creando diálogos picados, situaciones dramáticas de muy alta filigrana, así como réplicas y contrarréplicas igualmente ingeniosas y sorprendentes.
Ingeniosas historias cruzadas donde el joven arrebatador es Jordi Millán, hábilmente encantador para saborear el bocado más preciado, rodeado de féminas que ansían sus caricias. A su vera, hay más caballeros (eficaces Guillermo López-Acosta y Eduard Alejandre, como los típicos hombres grises del autor), y dos invitadas de honor, fantásticas ambas: la criada que sisa como nadie (Mila Villalba) y la sobrina condenada por tonta y fea que se sabe lista y guapa (Mireia Zalve).
Intérpretes: Ana Azorín, Inés Kerzan, Ángela Peirat, Eduard Alejandre, Jordi Millán, Guillermo López-Acosta, Mila Villalba, Mireia Zalve
PRODUCCIÓN PasoAzorín Teatro
VERSIÓN LIBRE Y DIRECCIÓN Ramón Paso
TRADUCCIÓN Sandra Pedraz Decker
PRODUCCIÓN EJECUTIVA Pasoazorín Teatro
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN Inés Kerzan
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Javier Ruiz Alegría
DISEÑO DE ILUMINACIÓN Carlos Alzueta
VESTUARIO Ángela Peirat
COREOGRAFÍA Ángela Peirat
AYUDANTE DE DIRECCIÓN Ainhoa Quintana
FOTOGRAFÍA Ramón Paso
DISEÑO GRÁFICO Ana Azorín
PRENSA Y COMUNICACIÓN María Díaz
AYUDANTES DE PRODUCCIÓN Sandra Pedraz Decker / Jordi Millán/ Alicia Rueda
TÉCNICO DE ILUMINACIÓN Y SONIDO Alicia Rueda
TEATRO LARA. SALA CÁNDIDO LARA DESDE EL 29 DE JULIO 2022, a las 22,30 HORAS