Dulce y emocionante adaptación de la novela de Antonio Iturbe

Portada de La bibliotecaria de Auschwitz

La bibliotecaria de Auschwitz (Planeta) es una novela escrita por el periodista Antonio Iturbe. Un libro que no ha dejado de cosechar éxitos a nivel internacional. Iturbe es, sin duda alguna, uno de los referentes de la cultura actual; sus novelas, sus libros infantiles (traducidos a diversos idiomas), así como su trabajo como periodista cultural (entre otras labores es director de la prestigiosa revista Librújula). Pues bien, tiene sentido que una novela como esa termine siendo adaptada, antes o después, al noveno arte.

El cómic, publicado por Planeta Cómic, está planteado como una obra de carácter juvenil. Digo esto ya que no ahonda en los aspectos más trágicos del hitlerismo y de la represión judía. La propia protagonista, Dita, es la hija de una familia judía que paulatinamente se va encontrando con limitaciones en su vida. La libertad comienza a escasear hasta que, finalmente, termina en Auschwitz. Por suerte, en su barracón la vida no es tan dura como en los demás. Eso le permite tener unas opciones que a la mayoría de los supervivientes del campo de concentración no les son ofrecidas.

El cómic emplea la fuerza simbólica de una tragedia tan impresionante como la sucedida durante el nacismo. En esta zona oscura de la historia de la humanidad los autores quieren que luzca una pequeña llama. Esta luz el Dita. Su juventud, alegría e, incluso, sus impulsos internos van a ir emocionando al lector. El viaje es dulce, suave… Tanto, que la obra resulta un poco irreal.

Salva Rubio (guion) y Loreto Aroca (dibujo) optan por una narración amable. Una opción semejante al film, dirigido por Roberto Benigni, La vida es bella. Esta estrategia funciona y, como digo, convierte a este cómic en una obra accesible a lectores de diferentes edades. Para contrastar esta impresión le he prestado la obra a lectores de doce años y, efectivamente, les ha gustado mucho.

Portada de la obra Esperaré siempre tu regreso.

La narración escrita es emocionante y sencilla. Está centrada en las vivencias de la protagonista y pasa por encima de los aspectos más trágicos. No quiero decir que no se muestren las tragedias del nacismo, ni de Auschwitz, simplemente no terminan impactando tanto en el lector como en trabajos tales como Esperaré siempre tu regreso (Desfiladero) firmada por Jordi Peidro. Esta estrategia narrativa es complementada con el trabajo de Aroca quien, opta por una narración visual limpia y bien definida. En ocasiones, las expresiones de la protagonista son juguetonas y divertidas, propias (como es lógico) de una niña de su edad. Esto ayuda, sin duda, a edulcorar la obra y a que el lector pueda percibir la dulzura y la imaginación de la protagonista.

El color es elegante. La opción de una gama cromática en la que los ocres y grises tiene mayor importancia, logra darle credibilidad a la obra. En ella no hay estridencias. Además, es uso de las sombras, en algunas páginas, es sobresaliente. Esta narradora utiliza un recurso sencillo y efectivo, especialmente al final de la obra, que consiste en eliminar la viñeta en sí, dejando un espacio imaginario en el que se situará una o dos personas. Con esta estrategia se logra potenciar la emoción y lograr que la efectividad del dibujo se incremente. Por otro lado, la composición de las viñetas es sencilla y la continuidad entre ellas es adecuada. Aroca muestra su sensibilidad y su capacidad para transmitir emociones.

En definitiva, nos encontramos ante una obra muy bien construida y juvenil. Un trabajo que parece estar pensado para divulgar una tragedia y que nos recuerda a la afamada El diario de Ana Frank. El trabajo de Aroca me ha resultado especialmente emocionante.

Por Juan R. Coca

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