«Variaciones enigmáticas»: duelo emocional de dos hombres que han amado a la misma mujer

Por Horacio Otheguy Riveira

Cuando se levanta el telón del centenario teatro Infanta Isabel entramos en una sala sin ventanas, con mesa, sillas, sillón relax, y un tocadiscos antiguo en el que gira un elepé con las envolventes Variaciones del inglés Edward Elgar. De pronto, suenan un par de disparos fuera de escena. Entra un hombre corriendo, asustado. Por el otro lado aparece el que disparó, apuntando y riendo por su travesura…

Todo en pocos minutos en los que el público puede sentirse cómodo, seguro, porque, sin duda, presenciará una obra del autor francés Eric-Emmanuel Schmitt como se anuncia en el cartel. Una tranquilidad. No porque la Compañía fuera a saltarse ese hecho indudable, sino porque hoy día hay un constante abuso de libres versiones de directores sobre textos elaborados con gran precisión, que se saltan a la torera. Textos como este que nos ocupa basado esencialmente en las palabras, a través de diálogos ágiles, inquietantes, a ratos muy densos… a lo largo de una historia que va surgiendo, poco  a poco, atravesando las fantasías y ensueños de dos hombres de distinta generación que en diferentes épocas y maneras han amado a la misma mujer: un personaje ausente sobre el que siempre se habla, también cuando hablan de ellos mismos, dos tipos que se encargan de autoengañarse y procurar engañar a los demás —lo más posible— en un recorrido de creciente interés.

Encuentros y desencuentros masculinos en el encierro de ese espacio rodeado de naturaleza que no vemos, una isla; encierro eminentemente carcelario, sin un solo ventanuco, prisión de una condena sentimental que a ambos domina profundamente.

Hay un tira y afloja constante, circular, por parte del dueño de casa, veterano y multipremiado escritor de lo más contradictorio, lobo solitario que gusta de comportarse como un huraño insoportable, y su visitante, un extraño periodista que quiere saber lo que nunca se ha querido contar acerca del último libro del afamado novelista: Un amor inconfesable. Por esas páginas deambula la mujer amada cuya sombra dará luz y oscuridad, asustará y emocionará al célebre Abel Znorko y al visitante de muchos rostros, Erik Larsen, más de una vez queriendo salir de allí, para romper el círculo de la desolación o la ira, aunque parece imposible, pues la riqueza de uno y la precariedad del otro solo pueden revivir si, de algún modo, ella reaparece, real o imaginariamente…

 

Variaciones enigmáticas es una pieza que exige mucha tensión por parte de los intérpretes para transmitir el encadenado de emociones sutiles o directas en la búsqueda de la verdad amorosa: ese amor que une más allá de la sexualidad, aunque ésta siempre esté presente… En el oleaje creado por falsas imágenes y sensaciones, en el ir y venir de quien ordena una y otra vez «Váyase» y luego se arrepiente y desea retenerle, y el que se va o amaga con irse cuando le queda mucho por quedarse para demostrar, para confesar…

En este peculiar entramado, Juan Gea domina al neurótico escritor, prisionero de frustraciones «inconfesables»; lo hace con la holgura que le conocemos en su veterano oscilar del drama a la comedia, aquí procurando matices a un personaje oscuro, hecho de arbitrariedades y arrebatos, que avanza y retrocede, edificando a un ser que llegará al sorprendente final con renovadas variaciones.

A su lado, Alberto Iglesias juega firmemente con un ser melancólico que ha llegado a la isla del Premio Nobel con una sinuosa representación muy ensayada; aparentemente es un ser débil, vulnerable, que irá deshojando todo un circuito de experiencias vitales al revés de su frágil apariencia. Su interpretación es muy fiel a la dolorosa duda que acompaña a quien ha gozado y padecido un amor compartido, tardíamente conocido. Cuando llega el saludo final, el actor no sonríe, permanece asombrado aún del periplo de su personaje y ante lo que sucederá en el enigmático futuro.

Un trabajo encomiable para una obra que propone el irresistible encanto de un teatro que ya no se lleva, en el que impera el dominio de la palabra y el arte de saber expresarla sobre un escenario, alimentando la vitalidad del pensamiento poético, gesto a gesto, escena tras escena, ocultando y mostrando, atrapándonos en un enigma tras otro…

 

Autor: Eric-Emmanuel Schmitt

Traducción Juan José de Arteche

Adaptación Alberto Iglesias

Abel Znorko Juan Gea

Erik Larsen Alberto Iglesias

Con la colaboración de Ricardo Moya (1954-2021)

Dirección Román Calleja

Ayudante de dirección Petra Korvasova

Iluminación Rafa Mojas/Féliz Garma

Escenografía y vestuario Palco Tres Gestión S.L.

Música Variaciones Enigma de Edward Elgar (1899)

Espacio sonoro e imagen Guillem Gutiérrez

Fotografía Yarmen Cruz

TEATRO INFANTA ISABEL. HASTA EL 31 DE JULIO (Varias fechas)

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Otras creaciones del equipo:

Óscar o La felicidad de existir, de Eric-Emmanuel Schmitt

Por los pelos. Con Juan Gea

Diálogo del amargo. Con Alberto Iglesias

El hombre y el lienzo. Autor y director Alberto Iglesias

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