‘Ser perseguido’, de Rafael Herrera Guillén

RICARDO MARTÍNEZ.

El hombre libre conlleva como ‘condición’ el sentir, en distintos momentos y por diversas e interesadas razones, el ser perseguido. Un libre es una potencial amenaza para un sistema que se sustenta en la rigidez de una ideología, de un dogma.

La cuestión es tan trascendental como actual dado el panorama político moral que nos engloba. Y es pertinente y nada baladí el recurso a Maimónides, judío sefardí (1138 en Córdoba al 1204 en Egipto), quien ejerció de médico, filósofo, astrónomo y rabino de gran influencia. Ha de ser él quien señale expresamente a la teología como “causante de la implantación en el mundo de la metafísica del perseguidor: la teología es la enemiga de la filosofía, por tanto, cualquier forma de teología será un arma fundamental de los poderes perseguidores” (p. 31) Y continúa: “hay un instinto violento que anima al teólogo a configurar sus argumentos en función, no de la verdad (vale decir de la filosofía) sino de la conveniencia del poder político y la religión que lo legitima (‘repárese, estimo, en la contundencia real de este aserto, a tenor de los acontecimientos actuales, donde religión pudiera ser sustituido por ideología’) La teología es la forma en que ciertos intelectuales construyen la verdad epistémica del poder”

El planteamiento del problema resulta de una meridiana claridad –actualizando los términos- para hacernos eco de una realidad inmediata, presente, bajo el marchamo de política práctica.

“Hay un enemigo del pueblo, el demonio, cuyo poder actúa para someter y seducir al pueblo. El carismático mesías (¿otra forma de poder?) se alza para luchar contra él, haciendo que paradójicamente su destino dependa siempre de la existencia del contrapoder. En la medida en que nunca cumple su oferta de redención, el pueblo y él mismo se transforman en figuras melancólicas” (p.103) Henos aquí ante una poesía para la verdad.

El libro, muy bien escrito, bajo la premisa estudiosa de un rigor muy elogiable (cada vez menos frecuente en las publicaciones de pensamiento, que suelen estar más atentas a las frivolidades de lo atrabiliario) resulta apasionante de seguir en su argumentación, y por ello la recomendación de su lectura se hace necesaria.

Bienvenido sea, así, el bien de la palabra.

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