Aventuras gráficas y juegos inmersivos

 

Lo derroteros que toma la tecnología, en muchos casos, son difíciles de prever. En la actualidad, estamos viviendo un auge incuestionable de juegos cada vez más realistas, con mejores gráficos y que necesitan, como consecuencia, mejores equipos para ser ejecutados.

Una de las premisas que ha estado presente desde prácticamente la creación de los primeros videojuegos, es el avance y el aumento de calidad gráfica.

Sin ánimo de llevar a cabo una recopilación histórica y exhaustiva, cabe recordar que los primeros pasos de los videojuegos se dieron allá por la década de los años 1950, poco después de la aparición de las primeras computadoras electrónicas, al término de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no fue hasta comienzos de los años 70 que aparecieron las primeras máquinas recreativas y el desarrollo de videojuegos destinados a ser consumidos por el gran público. Pues bien, desde ese momento, con títulos como Computer Space (1971) o Pong(1972), de Atari, pasando por la creación de la primera consola doméstica (Magnavox Odyssey, en 1972) y la exitosa Atari 2600 o VCS (1977), y llegando al inicio de la guerra entre Nintendo y Sega en los años 80, se sentaron las bases de lo que iba a ser una lucha constante por aumentar la cantidad de bits y ofrecer al jugador cada vez experiencias más realistas e inmersivas.

Esta ha sido una tendencia tecnológica que se ha aplicado, prácticamente, a todos los ámbitos del entretenimiento digital y a todo tipo de juegos. Un buen ejemplo de ello lo constituyen los juegos de casino online. Además de ofrecer al jugador una interminable oferta, cada día, esta oferta es de mayor calidad. Ahora, los usuarios no tienen que desplazarse a establecimientos físicos para vivir experiencias prácticamente idénticas a las reales, en muchos casos con crupieres de carne y hueso y, por supuesto, con todas las ventajas que ofrece estar a tan solo unos clics de nuestros juegos favoritos.  

Algo similar ocurre con el ajedrez, donde podemos encontrar nada menos que decenas de miles de partidas simultáneas en webs de referencia, y donde, a lo largo del día, se pueden llevar a cabo millones de enfrentamientos. En cualquier caso, debemos señalar que el ajedrez no necesita de los recursos técnicos de los juegos de casino o los videojuegos, pero sirve como ejemplo de la importancia digital en el ámbito del ocio.

Pues bien, esta tendencia hacia lo cada día más inmersivo, que implica, a su vez, que el jugador disponga de más requisitos técnicos, contrasta con un aparente auge de algunas aventuras gráficas y con la remasterización de otras.

Evidentemente, no hablamos de un fenómeno de masas, pero la remasterización de diferentes obras de culto (The Secret of Monkey Island y Monkey Island II: LeChuck’s Revenge, Day of the Tentacle o, muy recientemente, Blade Runner) hace pensarque, entre nostálgicos y curiosos, podemos estar hablando de un mercado nada desdeñable.

De hecho, el creador de Monkey Island, Rob Gilbert, lanzó en 2017 Thimbleweed Park, una aventura gráfica al puro estilo LucasArts (con sus píxeles y todo) y cosechó críticas muy positivas en plataformas como Steam.

Probablemente, esta tendencia ha hecho posible que se lleve a cabo el desarrollo de una nueva aventura de Guybrush Threepwood, titulada Return to Monkey Island. Se ha hablado mucho de este videojuego, y aunque los desarrolladores, capitaneados por Ron Gilbert (que, recordemos, dejó de estar involucrado en los juegos de la franquicia desde la segunda entrega, pese a ser su creador), han dicho que el juego saldrá este año, todavía no han especificado cuándo exactamente.

Por las declaraciones que ha hecho Gilbert, el juego será una continuación de la segunda parte, y, aunque no obviará por completo el resto de juegos que salieron después de su partida, el hilo argumental comenzará exactamente donde lo dejamos en Monkey Island 2: LeChuck’s Revenge (1991).

Se cumple la nada desdeñable cifra de treinta y un años desde el lanzamiento de aquella entrega y, según diversos expertos, cabe preguntarse a dónde nos lleva este resurgimiento de las aventuras gráficas. Claramente, no responde a la clásica tendencia de la que hablábamos al comienzo de este artículo, en la que una de las claves en el desarrollo de videojuegos estaba en ofrecer al jugador cada vez mejores gráficos y experiencias más similares a la realidad, sino en proporcionar experiencias sesudas y, en muchos casos, difíciles (y hasta tediosas) de resolver.

Bien seguro, la acogida de Return to Monkey Island arrojará un poco de luz sobre este fenómeno en pleno desarrollo.

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