‘El asesino del rompecabezas’, un adictivo thriller que recuerda a ‘El silencio de los corderos’

PILAR M. MANZANARES.

No hay paz para los malvados y, por ello, menos aún para la detective inspectora Anjelica Henley. Hay un asesino en serie asolando las calles londinenses. El día que se reincorpora al servicio activo en la Unidad de Crímenes en Serie, es trasladada de inmediato a la escena de un despiadado crimen. A orillas del Támesis yacen los restos descuartizados de dos víctimas.

El modus operandi de quien ha perpetrado tan singular ejecución guarda un sobrecogedor parecido con las malas artes de Peter Olivier, el tristemente célebre asesino del rompecabezas, entre rejas desde hace dos años gracias a los buenos oficios de la propia inspectora… Algo no cuadra. Cuando Henley comprueba por fin in situ que un usurpador y aventajado alumno está poco menos que reivindicando los usos y costumbres de tan implacable verdugo –la disposición de las extremidades componiendo un rompecabezas lleva la inconfundible impronta del preso– decide encargarse personalmente del caso.

A medida que aumenta el número de cadáveres, la detective se enfrenta a una nueva amenaza. Olivier se da la fuga. ¿Podrá Henley detener al asesino imitador antes de que el fugado encuentre la manera de llegar a él primero? ¿O será ella la próxima víctima? Henley sabe que contar con Olivier tal vez sea la mejor baza para detener al asesino imitador. Pero cuando Olivier tiene noticia de los nuevos crímenes, en lo último que piensa es en ayudar a quien lo puso entre rejas… ¿Hará falta un asesino para atrapar al asesino?

En un mundo de violencia y desigualdad, la búsqueda de justicia adopta muchas formas. El asesino del rompecabezas es un fascinante y deliciosamente espeluznante procedimiento policial que no solo entretiene, sino que transmite un mensaje de igualdad y cambio. Y de principio a fin, Nadine Matheson nos ofrece un vívido retrato del lado más sórdido de Londres, mostrando a los lectores cada recoveco y grieta del barrio de Deptford y… todos los secretos que el río puede escupir.

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