«TOKYO VICE»: Ya tenemos la mejor serie del año……de momento

Por Gerardo Gonzalo.

Recientemente HBO ha estrenado una serie con unas cartas credenciales merecedoras de la máxima atención. El principal aliciente, es que detrás está uno de los creadores más estimulantes de la ficción contemporánea, Michael Mann, que en esta ocasión, y a través de su título, parece querer rememorar un clásico televisivo de estética y ritmo rompedores para su época, Miami Vice, que él produjo en los 80.

Estos antecedentes, provocaron en mí una curiosidad casi arqueológica por ver las posibles conexiones y por apreciar, si se mantiene con los años, ese buen ritmo y la efectiva forma de rodar que tiene todo lo que lleva el sello de Michael Mann. Pero todas estas expectativas quedaron rápidamente desplazadas ya desde el primer episodio. No pude prever que me encontraba ante para mí, y de momento, la serie del año y una de las mejores ficciones criminales que he visto y que emparenta con el mejor cine negro de la historia.

La serie está basada en el libro homónimo del personaje protagonista, Jake Adelstein, un joven norteamericano que trabaja para el principal periódico de Tokio. Único occidental de la redacción, poco a poco se va adentrando en la investigación del mundo de los yakuzas y su entorno.

Tokyo Vice es una historia absorbente, trepidante, emocionante, poliédrica y espléndidamente filmada, a la que además le acompaña un envoltorio espectacular y una atmósfera subyugante, llena de momentos, planos, secuencias y situaciones donde la hondura, la belleza y el peso de la trama, van a partes iguales en lo que se conforma como un retablo de personajes y conflictos que hacía tiempo que no veía tan bien encajados en una puesta en escena esplendorosa.

No puedo dejar de destacar al elenco de actores y los personajes que interpretan, son sencillamente portentosos. Todos son complejos, necesarios y tienen un fondo de misterio, que les hace especialmente atractivos, inquietantes e interesantes. El peso principal lo lleva el protagonista, un periodista que encarna Ansel Elgort, que se abre paso con tenacidad, en un contexto en el que tiene todo en contra (me gusta tanto en esta serie, como tan poco en el West Side Story de Spielberg, que también protagoniza). Por otro lado la chica, Rachel Keller (no se puede ser más atractiva e interesante), enigmática, fuerte, un personaje lleno de personalidad y magnetismo. Pero qué decir de los dos policías, arquetipos de toda trama criminal, que encarnan por un lado al rol honrado y hermético y por otro al más expansivo y corrupto, interpretados por Ken Watanabe y Hideaki Ito. Y por supuesto, los yakuzas, poderosos inquietantes, elegantes y terribles, con Shun Sagata y Ayumi Tanida, como los jefes crueles e implacables de sendos clanes. Por último, pero central en la trama, ese personaje lleno de conflictos y a la deriva entre dos mundos que es el interpretado por Sho Kasamatsu.

Sé que quizás no sea habitual poner tan en relieve a tantos actores, la mayoría desconocidos para el público occidental, pero la composición que hace cada uno de ellos, la riqueza de matices en sus interpretaciones y el peso específico que ocupan individualmente en la trama, es tan relevante que los convierten, a cada uno, en imprescindibles en una historia tan llena en detalles y situaciones.

Todo engarzado con una trama que tiene la gran virtud de ser a la vez compleja, por la multitud de derivadas y meandros que genera, pero al mismo tiempo clara y cristalina en su seguimiento, ya que está narrada con el virtuosismo de aunar entretenimiento y hondura, con conocimiento pleno de un espectador incapaz de desconectar de lo que está pasando. Todas las subtramas son igualmente interesantes y adictivas, combinándose las puramente criminales, con amor, traición y algunas dosis de existencialismo en un alucinante Tokio, personaje también principal junto a los otros, que bulle, ruge y que como cualquier ser humano, es capaz de mostrarnos lo mejor y lo peor, pero eso sí, la ciudad nunca duerme.

Pero no olvidemos que el protagonista es un periodista, y el maridaje entre el noir y el periodismo, si está bien hecho, ha dejado a lo largo de la historia del cine, sobre todo el más clásico, obras fascinantes. Esta es una de ellas. Si el trasfondo criminal aparece reflejado en la serie con maestría, no se queda atrás el retrato dinámico, cruel y lleno de sinsabores, que sobre el periodismo se hace, en ese juego donde el protagonista navega a la deriva, pero sin hundirse, entre poderes superiores a los que pretende acceder.

Hay introspección, bullicio, intimidad, amor, erotismo, acción y violencia, todo esto con el común denominador de la maestría en la forma de mostrarlo y el perfecto equilibrio que cada elemento tiene en el andamiaje de una serie magna. Un potencial clásico, que lamentablemente me ha dejado un montón de puertas abiertas en su último episodio, que me van a hacer sufrir una buena temporada hasta que estrenen la siguiente (afortunadamente parece que ya confirmada)

Os lo estoy advirtiendo, no os la perdáis, es una obra maestra, que como en posteriores entregas mantenga este nivel, estará a la altura de las más grandes series de la historia de la televisión. Avisados estáis.

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