«The Dropout»: Auge y caída de Elizabeth Holmes

Por Gerardo Gonzalo.

Este pasado mes de abril, Disney+ ha estrenado la miniserie de 8 capítulos The Dropout (que podría traducirse como “El Abandono”). Una ficción, que nos narra la historia de Elizabeth Holmes, fundadora de la empresa Theranos, en su intento por revolucionar la industria de la salud a través de un método, por el que a través de una sola gota de sangre, se pudiera saber de manera inmediata el estado de salud de una persona.

Nos encontramos, por tanto, ante una historia basada en hechos reales, y además muy recientes, puesto que el fin de la serie coincide, casi en tiempo real, con la situación actual de la protagonista. De hecho, si uno quiere ahondar en esta historia, puede acudir a The inventor: Out of Blood in Silicon Valley (2019) que emite HBO. Este documental, es un estimulante contrapunto y además nos permite comprobar lo fidedigno y real del relato que expone la ficción de Disney+, que realiza un portentoso esfuerzo de verosimilitud en interpretaciones, escenarios y situaciones, componiendo un retablo real desde el punto de vista de la fidelidad con la historia, pero al mismo tiempo brillante, puesto que nos encontramos ante una serie muy notable por su ritmo y factura.

Habría que empezar por los personajes, espléndidamente interpretados por todos los actores, pero que aquí alcanza su cota más alta en la impresionante actuación de la protagonista, Amanda Seyfried, que compone un retrato veraz y real de una figura tan compleja como la que tiene que encarnar. Sin necesidad de caracterización alguna, Seyfried, tan solo con su gesto e impostando la voz, se mimetiza en Holmes, desde la contención, y sabiendo exponer los claroscuros de tan difícil personalidad, sin exageración ni histrionismo, sin juzgar al personaje, sino dejando que sea el espectador el que empatice o no en cada momento con la figura que representa.

Acompañándolo, su pareja, con la que se establece una extraña relación, con una difícil química entre ambos, pero que también encarna una realidad que fue así, y a la que aquí pone rostro el actor Naveen Andrews. Un personaje complejo, poliédrico, manipulador y manipulable, fuerte y frágil a la vez.

Rodeando a estos dos protagonistas, toda una serie de personajes que complementan excepcionalmente la trama, y que componen los empleados de Theranos (por cierto, que alegría ver actuar a Stephen Fry), familiares de la protagonista, inversores, abogados, … todos ellos articulando su rol en base a su relación con Holmes, que oscila entre la fidelidad y confianza absoluta hacia ella, a los recelos y los esfuerzos por desenmascararla.

Pero más allá del retrato de tan compleja personalidad, lo que se nos muestra es un fresco del capitalismo en su máxima extensión. Un retrato descarnado de esas empresas de Silicon Valley, que anuncian permanentemente el futuro de lo que será nuestra forma de vivir y de la avaricia de algunos por sumarse a esa expectativa y acompañar al nuevo Steve Jobs de turno, y emular al genio que cambió nuestras vidas.

Algo que parecería que debería estar basado en hechos, cifras, expectativas reales, pero que aquí se convierte en una huída hacia adelante, un sueño de imposible ejecución y la fe de gente del sistema que más que saber, quiere creer y que en un momento dado es capaz de apostar a un caballo que ni siquiera han visto y que no saben si corre o no. Todo eso consiguió la protagonista, todo esto nos cuenta pormenorizadamente la serie.

Pero por supuesto, la ficción además de ser fidedigna es entretenida, a ratos incluso apasionante y de un ritmo endiablado en una especie de fuga infinita de su protagonista, donde a veces se entremezcla el sueño legítimo por lograr un noble fin y la estafa pura y dura.

Idealismo, infantilismo, engaño, falta de escrúpulos, dinero, apariencia, la búsqueda de nuevos griales y el afán de las grandes fortunas por posicionarse ante lo que pueda cambiar el mundo, en una mezcla de capitalismo sin límites y a veces descerebrado, donde el germen de una buena idea se mezcla con la ponzoña y la avaricia, para acabar en un punto de no retorno, un callejón sin salida, que en el camino ha dejado víctimas de todo tipo.

Estamos, en resumen, ante una serie que recomiendo, realizada con todo detalle y de gran factura en la recreación de escenarios y situaciones. Una ficción que se aleja del artificio, que pretende ser fidedigna en forma y fondo y que lejos de contarnos la típica historia de auge y caída de un personaje real y singular, deriva por senderos más complejos y no siempre nítidos, que provocan permanentes replanteamientos sobre las motivaciones de los protagonistas, sus reacciones, y donde el ideal de partida deja paso a la enajenación y la codicia.

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