Noble tradición y vanguardia en el Commodore Cultural que volverá a dar los premios de teatro

Por Horacio Otheguy Riveira

Gastronomía y conversación, planes secretos y enlaces públicos, amistades verdaderas y amoríos que quieren quedarse para siempre… La historia del arte del buen manyar tiene mucho que ver con las otras artes de la creatividad y la necesidad de compañía. Y para ello el Histórico Restaurante de la no menos legendaria Plaza de la República Argentina festeja su ingreso en la lista de los restaurantes recomendados en la Guía Michelin anunciando premios importantes. Los beneficiarios pertenecerán al mundo de la cultura, y se entregarán hacia finales de este año 2022. Retomando los premios que hicieron historia a lo largo de muchos años desde que se entregara el primero a Adolfo Marsillach en 1969 por su muy aplaudido montaje de Marat-Sade, un espectáculo revolucionario en aquellos tiempos tan oscuros.

Vuelven los premios de teatro junto a otros muy nutridos de los fervientes impulsos culturales dentro de mayores espacios, nada menos que siete categorías: Narrativa, Poesía, Música, Cine, Periodismo, Joven Talento y, desde luego, Teatro, que fue impulsado por los Premios Mayte (María Teresa Aguado Castillo, Santander, 1934-Madrid, 1990), quien se formó en la célebre Escuela de Hostelería de Lausana, Suiza, de donde trajo conceptos entonces imposibles de arraigarse en Madrid, sobre todo la unión entre libertad creativa en la creación de delicias gastronómicas y su profunda admiración por el arte escénico.

Commodore ha sido escenario durante décadas de cambios políticos y sociales; lugar de encuentro de las más variadas e influyentes personalidades reunidas aquí para dar cauce a su creatividad y hacer historia de la cultura y de la gastronomía de nuestro país. Ahora, de la mano del Grupo Casa Remigio, este templo renueva su compromiso con las tendencias sociales, tecnológicas y gastronómicas.

 

Allá y entonces este Commodore recomendado en la Guía Michelin, restaurado mágicamente, con un aire decorativo que mucho tiene que ver con el cine (por algo será que deambularon por sus mesas y reservados Orson Welles, Ava Gardner, Jack Nicholson y John Travolta, entre muchos otros, junto a artistas y políticos que encontraban en plena dictadura un lugar recogido donde ser ellos mismos sin riesgo alguno.

Esta vez, brindó una comida presidida por dos grandes escritores-periodistas, buenos amigos de la casa, y entre ellos mismos, además de vecinos, Rosa Villacastín y Miguel Ángel Almodóvar, quienes deleitaron a los periodistas invitados con anécdotas y sensaciones vividas a lo largo del tiempo de este Madrid agitado y divertido, conflictivo y lisonjero, siempre ávido de renovadas aventuras.

Segundo por la izquierda, Marc Pagés, director general de Sunday —en cada mesa un QR que agiliza el pedido y el pago final—, Miguel Ángel Almodóvar, Rosa Villacastín. En los extremos, los brillantes anfitriones: David Felipe Arranz y Soraia Durán.

Rosa Villacastín ha recordado momentos inolvidables de Commodore, como cuando en plena Transición Manuel Fraga se acercó con un tazón de café a la mesa donde se encontraban Alfonso Guerra y Felipe González, y empezaron a hablar por primera vez y llegaron a acuerdos para poder confraternizar: “A veces parece que estoy enamorada de la Transición y yo creo que un poco sí”, ha bromeado. Para Villacastín, Commodore ofreció un modelo de conciliación y mezcla de culturas que tiene que continuar.

Por su parte, Miguel Ángel Almodóvar ha rememorado el nacimiento del proyecto de restauración vinculado a los estudios de Samuel Bronston y a los actores que pasaban por Madrid buscando lugares emblemáticos, y, después, cuando los tecnócratas del Opus Dei empezaron en Commodore a trazar un plan para acabar con la política de autarquía del Franquismo: “era la época de la llegada del presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower a España el 21 de diciembre de 1959; por entonces, Gregorio López-Bravo era director general en el Ministerio de Comercio. Después, cuando en 1982 fue nombrado ministro de Educación y Ciencia José María Maravall, Commodore también jugó un papel fundamental por la cercanía a los ministerios y su disposición amplia: era el único local de Madrid que disponía de esas ventajas, como una mesa circular enorme”, ha rememorado Almodóvar.

A partir de entonces, y por la cercanía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Commodore se convirtió en un lugar estratégico del cambio político: “Posibilitó que hubiese una evolución de la dictadura a la democracia, porque ante un buen plato y un buen vino se pueden solucionar muchas cosas, ya que la mesa es un lugar de encuentro”, ha indicado Almodóvar. Míticas fueron también las reuniones de políticos en los salones privados del restaurante durante la Transición, donde se llegó incluso a pactar la legalización del PCE entre Adolfo Suárez y Manuel Fraga, aficionado a preparar queimadas en el restaurante.

Una comida exquisita servida con la sencillez de un ambiente familiar para recordar que Commodore afronta una nueva etapa muy de agradecer en el ambiente cultural, entre otros motivos porque viene de un lugar que fue modelo de convivencia cuando abundaba la censura y la represión. De aquí en más la  antigua-nueva casa fortalece su noble espíritu, bien dispuesta a seguir sorprendiendo a propios y extraños, temporada tras temporada.

Las actuales cartas del restaurante se sirven en dos ámbitos: en la planta de arriba, Vanguardia: cocina mediterránea con un toque actual. Y en la planta de abajo, Tradición: cocina con platos típicos de la cocina española y de la abuela donde la cuchara es la reina. En ambos ambientes incorpora el método de pago Sunday, una solución online que permite, a través del teléfono con el que se escanea un código QR, elegir el menú y pagar la cuenta sin tener que llamar al camarero y esperar.

 

 

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