‘La biblioteca de noche’, de Alberto Manguel

EDUARDO SUÁREZ FERNÁNDEZ-MIRANDA.

Decía Marcel Proust que “el hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”. Y donde mejor que en esos extraordinarios lugares de los que habla el escritor Alberto Manguel (Buenos Aires, 1984) en su ensayo, La biblioteca de noche. «Alianza editorial» acaba de reeditar una obra que el propio Manguel define no como un libro sobre bibliotecas, sino “sobre la noción de orden que tratamos de imponer a lo que conocemos como universo”.

El texto del escritor argentino rinde homenaje a las bibliotecas, esos lugares en los que el que entra por primera vez en una habitación “hecha de libros, no puede saber instintivamente cómo comportarse, qué se espera de él, qué se promete, qué se permite. Puede verse dominado por el horror a la acumulación o a la magnitud, al silencio…”. El libro es fruto de su propia experiencia personal. En el año 2000 se traslada a Francia, y allí deberá encontrar un espacio adecuado para su extensa biblioteca personal. El lugar elegido fue un presbiterio medieval del sur de Francia. Su biblioteca alcanzaba, en aquel entonces, más de treinta mil volúmenes.

De esa vivencia, surgen las reflexiones que plasma en La biblioteca de noche, una inmersión “emotiva, amena y erudita, alentada por la curiosidad, sobre el atractivo de esos lugares que llamamos bibliotecas y el afán del hombre por coleccionar libros”. Alberto Manguel realiza un repaso por los más destacados lugares que han albergado, a lo largo de los siglos, los libros, esos objetos que, como decía Roberto Calasso en Cómo ordenar una biblioteca, “son inventados de una vez para siempre. Capaces de innumerables variaciones, pero dentro de un mismo gesto: leer un texto, incluso largo, sosteniéndolo con las manos, hojeándolo y desplazando con facilidad la atención en su interior”.

En las páginas de La biblioteca de noche se habla del rollo, que era una aproximación al libro evidentemente insuficiente e incómoda, y que daría paso al codex, en el siglo IV d.C. Evoca la Biblioteca de Alejandría, creada por Ptolomeo I, que ya tenía ese afán de albergar la totalidad de los libros, o la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, donde critica la destrucción de periódicos y revistas del siglo XIX y principios del siglo XX, después de haber sido digitalizados, a veces de forma defectuosa.

Alberto Manguel nos acerca a la figura del inclasificable historiador del arte, Abraham Moritz Warburg. El gran intelectual alemán fue un gran aficionado a los libros desde muy joven, a los trece años le propuso a su hermano menor, Max un pacto definitivo: si le aseguraba que le compraría todos los libros que fuera a necesitar durante el resto de su vida, él le cedería la dirección de los intereses de la familia. Su idea idea era que una biblioteca no debería perder la familiaridad con su propietario, por este motivo no podía ordenarse según un criterio exclusivamente racional.

La biblioteca de noche muestra el amor apasionado de su autor por los libros y esos espacios que los han albergado. Nos revela “el placer de la aventura que siente cuando se pierde entre estantes atestados de libros ‘con la seguridad supersticiosa de que una jerarquía de letras o de números me conducirá algún día al destino prometido’”.

«Alianza Editorial» incluye otras obras de Alberto Manguel, entre ellas, Una historia de la lectura, donde, en un estimulante recorrido por más de seis mil años de palabra escrita, realiza un recorrido desde San Ambrosio, “uno de los primeros en aprender a leer en silencio”, hasta Stevenson que “no quería aprender a leer para no privarse del placer que le producían las lecturas de su niñera”.

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