El magistral teatro de Aitana y Poveda: «¡Empuja, madre, empuja, que me muero por vivir!»

Por Horacio Otheguy Riveira

El escritor Álvaro Tato y el director Yayo Cáceres deambulan por el Siglo de Oro con una comodidad fascinante, van y vienen, recomponen, estudian mucho y vuelven a recomponer, trabajan duro con los intérpretes habituales de Ron Lalá o con estas actrices que se entregan con la generosidad habitual, añadiendo un potencial desconocido, también ellas, sorprendentes investigadoras de las infinitas posibilidades de sus recursos. Actrices y clowns, mimas y bailarinas, fantasmales personajes que encarnan a una y otra, a muchas, ocupándose de una protagonista que reclama en justicia la máxima creatividad de sus intérpretes.

Aitana Sánchez Gijón y Marta Poveda se ocupan de representar la vida secreta de Elena de Paz, fabuloso personaje que brota de las peores circunstancias como un ave fénix: libre y prisionera, siempre rebelde, ladrona, ingeniosa, embustera y fugitiva que desafía todas las convenciones de su época. Álvaro Tato escribe su historia creando una pieza entera, tras tomar prestados elementos de novelas escritas por hombres que rinden homenaje a estas mujeres que Elena de Paz asume en sí misma, vivo retrato de una luchadora por sobrevivir desde el parto a la muerte, en un frenesí que no cesa al terminar la obra, y que pone el alma en vilo y al público de pie, reconociendo —ovación tras ovación— el supremo deleite de ver a las formidables actrices dando más de sí de cuanto sepamos de ellas, y en riesgo grande, ya que se trata de un trabajo tan complejo como excitante, abrazado por la satisfacción del ingente aplauso, al final del cual las dejamos con la certeza de reencontrarnos con su abanico de talentosas posibilidades. Pasado, presente y futuro de historias y actrices con lo que el director Yayo Cáceres consigue el más difícil todavía, creando un espacio de creatividad donde todo es posible.

Aitana y Marta, cada una un estilo muy distinto —me dije al ir hacia la butaca—; es lo que creía ver en su larga trayectoria, pero no tardé en corregirme. Ahora ya tengo la confirmación de que si el estilo se basa en la repetición de unas formas, son ellas la viva encarnación del cambio, la revitalización del arte de interpretar en el teatro a sabiendas de que cada función es un mundo con esfuerzos palpables, el sudor envolviendo la piel de sus figuras lanzadas con arrojo a los altos y bajos de personajes en un cantabile con crescendo, allegro vivace y tiempo de sosiego.

La gran aventura sucede en un escenario desangelado, más bien feísta, como si lo hubieran compuesto con restos de circo antiguo para  que Elena de Paz desde niña recorra las miserias profundas de una sociedad especialmente cruel con las mujeres sin alcurnia ni mecenazgo, y encuentre a cada paso franjas de ingenio que haga de los días una felicidad menos dolorosa.

En una tragicomedia brillantísima que navega entre cuadros sorprendentes, Aitana y Marta, Sánchez Gijón y Poveda alternan a la protagonista y encarnan también a los diversos hombres que por su vida pasan; hambre, sexo, explotación, madres y padres cuesta abajo, Inquisición, y un amor apasionado que rumbea hacia la tragedia… Un fresco espectacular de la cara miserable del Siglo de Oro, recorriendo las distintas capas sociales, escenarios y personajes de una época turbulenta y fascinante con solo dos grandes actrices y ligeros cambios de vestuario (sobre una base muy dinámica, mucho del arte habitual de Tatiana de Sarabia).

Y lo dicho al principio, desgarro y placer cuando se pelea con hambre, uñas, dientes y virgo varias veces cosido para volver a venderse… Lucha desigual de mujeres que se yerguen sobre su infortunio para recuperar un canto como no hay otro: ¡Empuja, madre, empuja, que me muero por nacer!

Bruno Tambascio y Aitana Sánchez Gijón, arriba. En el centro, Marta Poveda. A la derecha, Yayo Cáceres. Abajo, Álvaro Tato.

Con fragmentos de:

La hija de Celestina, de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo

La niña de los embustes, de Alonso de Castillo Solórzano

La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda

Tres letrillas y Un romance de Francisco de Quevedo

Dramaturgia y adaptación: Álvaro Tato

Dirección: Yayo Cáceres

Ayudantes de dirección: Antonio Hernández, Mario Portillo

 

Intérpretes:

Bruno Tambascio Juglar / Pregonero / Estudiante / Doctor / Labradora

Aitana Sánchez-Gijón Beata / Montúfar / Zara / Pierre / Ventero / Doña Teodora / Don Lupercio / Elena de Paz

Marta Poveda Elena de Paz / Don Lupercio / Montúfar / Paje / Don Sancho / Don Rodrigo / Perico el Zurdo / Beata

Música original: Yayo Cáceres
Arreglos: Yayo Cáceres y Bruno Tambascio
Escenografía: Mónica Boromello
Diseño de vestuario: Tatiana de Sarabia

Diseño de iluminación: Miguel A. Camacho
Diseño de sonido: Eduardo Gandulfo
Diseño gráfico, fotografía y vídeo: David Ruiz, Txus Jiménez
Sastrería: Maribel Rodríguez RH, Alejandro Jaén
Pintura y ambientación: Davinia Fillol, Beatriz Nieto
Sombreros: Diana García
Ayudantes de vestuario: Elena Arias, Igone Teso

Dirección técnica: Amalia Portes
Maquinaria: Juanma Zapata
Gerencia en gira: Germán Fabre
Dirección de producción: Emilia Yagüe
Producción ejecutiva: Marina Camacho
Secretaría de producción: Carmen Quirós
Prensa: Daniel Mejías
Ayudante de prensa: Jorge Ochagavía

Una producción de Ay Teatro
Distribución: Emilia Yagüe Producciones

Malvivir fue estrenada el 5 noviembre de 2021 en el Teatro Calderón de Valladolid

HASTA EL 5 DE JUNIO 2022 en MATADERO, NAVES DEL ESPAÑOL

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También en CULTURAMAS:

Teatro-danza con Aitana Sánchez Gijón

Marta Poveda en La dama duende, versión de Álvaro Tato

Mestiza, idea y dirección de Yayo Cáceres con Gloria Muñoz

El amor y El honor en el Siglo de Oro (publicaciones de la CNTC)

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