«1888. Señorita Julia»: la excitante aventura de intentar ser otro

Por Horacio Otheguy Riveira

Posesión sexual y lucha de clases entre una joven virgen que quiere liberarse y un criado muy profesional que al fin ve posible su legendaria fantasía. Tal la síntesis de la obra estrenada por el sueco August Strindberg en 1888, pero que guarda entre sus enigmas y sugerencias bastantes variaciones que en esta versión se apuntan como claves. La posesión sexual en este caso queda en evidencia dentro de una atmósfera de sueños entre víctimas que luchan entre sí, abrazándose y despreciándose, sumergidos en un combate clasista que en aquella época era, sin duda, mucho mayor que ahora, según el contexto en que se muevan, pero que persiste en el imaginario colectivo como base esencial de toda comunidad.

Ellos ansían romper esa barrera artificial, y para ello se mueven y tropiezan, abrasados por un deseo tan impetuoso como imposible de satisfacer.

En el prólogo y el final, el autor Xoán C. Mejuto, aporta una línea de trabajo de entorno policiaco sobre algo que sugiere vagamente el texto original: la señorita ha muerto, tal vez se haya suicidado, y se investiga al posible asesino. Se aporta una estructura dramática más directa y el mismo escritor como director organiza la puesta en escena creando una atmósfera de cargada sensualidad donde los intérpretes han de dar mucho de sí, a merced de las contradictorias emociones de sus personajes, lanzados a situaciones que les superan.

A partir de este enfoque en el claustrofóbico espacio de una cocina, Julia y Juan, señorita y criado que se conocen desde niños, avanzan delicada y brutalmente sobre la fantasía de ser otros, al fin liberados del yugo del padre de ella, un Conde cuyo título y perfil abundan en boca de la pareja que, en una bulliciosa Noche de San Juan, intentan emular la euforia de los campesinos que bailan, se emborrachan, ríen y hacen el amor en la Fiesta popular por excelencia entre los sudores del incipiente verano y sus cuerpos anhelantes de caricias. Como querría disfrutar plenamente Julia, que juega a ser una mujer libre, muy deseable, y Juan que soñó con tenerla entre sus brazos cuando la veía como una pequeña diosa inalcanzable, aún niña, y mucho de niña tiene ahora en su ingenuo desfilar con irresistible belleza ante la hosquedad del criado de la familia.

En el comienzo, la revelación de un nuevo drama que acabará con las manos bañadas de sangre…

«La acción, en la celda de una cárcel.
Escuchamos como va entrando poco a poco la locución radiofónica de una noticia.
VOZ RADIOFONICA: …se encontró el cuerpo en la cocina de la casa del conde… sin vida…, a su alrededor, diversos objetos sin aparente conexión entre ellos… una fusta de equitación… las botas del señor conde… copas de vino y cerveza… y, por supuesto, la navaja con la que se quitó la vida… la policía aún no lo pudo confirmar, pero según fuentes extraoficiales, la navaja pertenecía a Juan, el criado de confianza del conde. Todo apunta a que pudo ser un suicidio, aunque no está claro la implicación que pudo tener el criado en el asunto. En cualquier caso, corre el rumor de que el cuerpo de la señorita Julia apareció rodeado de flores de San Juan y, a su lado se podía ver una jaula abierta…

 

ESCENA 1
JUAN, hablando a la audiencia como si fueran interrogadores invisibles.

JUAN: ¡Esa noche la señorita Julia estaba loca! ¡Loca de atar! Yo llevé al conde a la estación, y al regresar entré en el pajar para echar un baile. Y allí vi nada menos que a la señorita bailando con el guardabosques. Nada más verme, vino corriendo hacia mí y me sacó a bailar. Era el baile en el que le tocaba a la mujer elegir pareja. ¡Y qué manera de bailar! […]».

En el encierro y las propias limitaciones del escenario los dos intérpretes logran una gran armonía de tonos y movimientos en los que Iria Ares logra enriquecer las tonalidades de su complejo personaje, y Xoán C. Mejuto, fortalece el hiriente choque interior del deseo satisfecho y a la vez frustrante, ante la ambición de huir y convertirse en un buen empresario. Bregar por ser el alcance de sus sueños les arrastra a una pesadilla muy angustiosa que los excelentes intérpretes logran transmitir con acertada progresión de matices.

Se trata de una función estrenada en gallego por esta Compañía Estudo Momento, que ya en otra ocasión realizó una versión del coetáneo de Strindberg, Henrik Ibsen, y su también célebre Casa de Muñecas. A su vez, Ares y Mejuto protagonizaron y realizaron un formidable cortometraje, de éxito internacional: Badaladas de amor e morte.

 

Gótico el encierro donde se encuentran el deseo y la muerte, y simbólico, surrealista, el impulso de la joven que calza zapato derecho de señorita adaptada, y bota izquierda de aventurera dispuesta a todo…

JUAN: Hombre, ¡esto sí que está bien! ¡Así es que vamos a andar por ahí con esta jaula! ¿Está usted loca? ¡Deje esa jaula! LA SEÑORITA: Es lo único que me llevo de mi casa, ¡el único ser vivo que me quiere! ¡No seas cruel! Déjame que me lo lleve… JUAN: ¡Le digo que deje esa jaula!
LA SEÑORITA: ¡No, no quiero dejarlo en manos extrañas! ¡Entonces es mejor que lo mates!
JUAN: ¡Trae ese bicho, que le voy a retorcer el pescuezo!

Muy recomendable versión de una obra que abrió las puertas del teatro del siglo XX, fusionando puntos de vista sobre las complejas relaciones hombre-mujer.


COMPAÑÍA: Estudo Momento

DIRECCIÓN: Xoán C. Mejuto

INTÉRPRETES: Iria Ares y Xoán Carlos Mejuto

AUTOR- ADAPTACIÓN: Xoán C. Mejuto

DURACIÓN DEL ESPECTÁCULO: 80 minutos

EDADES RECOMENDADAS: +16

 

TEATRO OFF LATINA

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One thought on “«1888. Señorita Julia»: la excitante aventura de intentar ser otro

  • el 23 marzo, 2022 a las 7:16 pm
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    Gran trabajo interpretativo de ambos actores. Provocadora, intensa y siempre actual, la «Señorita Julia» nos atrapa para conducirnos a un inquietante final.

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