Demetrio Fernández Muñoz: «Además de pasado y presente, el aforismo tiene futuro»

 

En la consolidación del género más breve en España, asume un papel protagonista la figura de Demetrio Fernández Muñoz, tanto a raíz de la publicación del libro La lógica del fósforo. Claves de la aforística española (2020) como por su papel de coordinador de contenidos aforísticos de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2021), ambas dos herramientas de gran utilidad para conocer la tradición y el presente del aforismo en nuestro país. En esta entrevista, el estudioso aborda una reflexión acerca de la continuidad del género y del estado actual del mismo. Más allá de las modas y su riesgo de trivilización, lo que parece evidente es que nos encontramos ante un cambio de fase que va a permitir que el aforismo sea asumido como lo que ha sido siempre: como una forma literaria de primer orden, tan digna como cualquier otra.

-En tu libro La lógica del fósforo trazas un itinerario histórico e interpretativo en el que vienes a avalar la idea de que las formas breves forman parte de la tradición cultural y literaria de nuestro país. ¿Me puedes desarrollar esta idea?

Con este libro he pretendido hacer palpable la “consanguineidad” de una serie de textos en la literatura española que podría llevarnos a concebir la existencia de una tradición aforística en nuestras letras. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, pienso que cabría atender especialmente al proceso de conformación de este acervo literario, ya que la tradición ha necesitado forjarse de un modo singular: no se construye, strictu sensu, o al menos en términos convencionales y absolutos.

A lo largo de la historia, la vaporosidad conceptual y la minusvaloración estética del aforismo junto con el “autoodio” y la crisis identitaria del aforista han tenido como consecuencia el cuestionamiento de la literariedad y prestigio del género, incluyéndolo frecuentemente en espacios difusos, dislocados, incluso desacreditados, como el de la literatura menor. De este modo, creo que la tradición (del latín tradere: entregar), entendida como el trasvase directo que proporciona una generación mayor a la joven que la sucederá, se ha visto afectada, en momentos entorpecida, obstaculizada o agujereada en el ámbito aforístico, hasta el punto de constituirse a partir de corrientes y cauces que dificultosamente han surcado los tiempos por vías alternativas y subalternas.

A modo de superviviente es como llega el aforismo a nuestros días, a través de una tradición silenciada, rota, inexistente, a la que (y aquí reside la peculiaridad) el éxito del género en la actualidad quiere reconocerle, proporcionarle, aunque exógena en el método y en el proceso inversa, la voz que no tuvo, o no pudo tener.

Actualmente, cuando el aforismo está cobrando decisivamente fuerza como discurso literario, existe una voluntad por (re)construir la historia del género para sostener y afianzar el presente en causas fundamentadas del pasado.

Por ahora, este regreso tradicional descubre, sobre todo, la aforística del siglo XX. No obstante, una vez sacado a flote el siglo pasado, creo que sería posible y debería “avanzarse” en el rastreo hasta encontrar la aforística hispánica previa con la que poder continuar la tradición. La utopía de esta tarea residiría en que un aforista actual llegue a concebir la pertenencia al género, el modelo y la hermandad de autores como Gracián, Setantí, Antonio Pérez, Don Juan Manuel… por citar algunos nombres. Con el resto de géneros, la tradición no extraña. Se asume que se asentó y que se ha perpetuado de forma lineal, progresiva, acumulativa e irrebatible. En cambio, de forma singular, (des)aparece la tradición aforística. Hay en la aforística una necesidad de gestar al padre, reconocerse abiertamente en una genealogía literaria común en la que los enanos del presente parecen querer subírseles a los hombros a los gigantes del pasado. Reacios a entregarse a la atávica querella de antiguos y modernos, se están tomando muy en serio la tarea de responder al aforismo de Freud: «¿A dónde va un pensamiento cuando es olvidado?».

-¿Crees que esta tradición avala que el auge del aforismo en nuestra época supere el mero fenómeno de moda, ya que se inscribe en una continuidad muchas veces explícita?

Creo que la moda puede no trivializarse, y creo que, en una parte sustancial, la aforística actual no se trivializa a sí misma, sino todo lo contrario. Me atrevería a decir incluso que, de los diferentes revival de este género, podríamos estar hablando del ascua de oro a lo largo de su historia, una especie de año 0 en el que instalarse y reconocerse (ya he hablado de los modos en la pregunta anterior) en una tradición, si no sumergida, pantanosa hasta el momento. Me parece que, por primera vez, la aforística tiene una labor y una responsabilidad con el género. Hay multitud de hechos que respaldan esta ausencia de frivolidad, más allá incluso de los fundamentales, los libros, los buenos libros. Por otra parte, me parece que se está pasando de moda afirmar la moda del aforismo, y el aforismo sigue ahí, en la pasarela.

-Como director del portal Aforística Española Actual de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, con materiales tanto de creación como de reflexión, posees una perspectiva privilegiada del estado actual del género más breve en nuestro país. ¿Cuál es tu valoración acerca de su calidad estrictamente literaria?

Aviso de que lo siguiente no es del todo un rodeo. Sin responder directamente a la pregunta, me gustaría hacer notar, y para mí es motivo de celebración, que la literatura actual ha crecido, mejorado y ganado calidad al incorporar al aforismo entre sus géneros. No es poca cosa. Creo que no está de más recordar que todavía chirría a más de uno ver este género menor, “antipreceptivo”, entre las filas de la literatura; a sabiendas de que cumple tanto con sus requisitos internos (incluso puramente formalistas: ¿o un aforismo no produce desvío y extrañamiento?) como externos (baste señalar, por ejemplo, la entrada del género, de lleno, en el circuito de reconocimiento literario: el Premio Euskadi 2019 de literatura en castellano fue para un aforista, Ramón Eder, con un libro de aforismos, Palmeras solitarias). Por ello, me parece que no está de más reconocer definitivamente la literatura del aforismo, contra viento y marea aún, gracias, sobre todo, a sus cultivadores que lo asumen como medio apto, digno y eficaz para volcar su expresión estética.

Centrándome en la pregunta, la cantidad de aforistas ha crecido exponencialmente en pocos años, por lo que el paladar del gusto debe catar una diversidad inédita hasta la fecha. Por mi parte, suelo toparme todavía con hallazgos literarios, bocados de oro, frases de racimo; incluso teniendo en cuenta, y presente, la insipidez por saturación tras los atracones de aforismos y, como podría dictar una regla aforística, la regla de que más no es mejor. Vivimos un tiempo de puertas abiertas para el aforismo, para lo bueno, pero también para lo malo. No pretendo ser inquisitorial, pero alerta con el karaoke del aforismo trivializado, más que con la moda del aforismo, «con la falsa moneda, que de mano en mano va…».

-Por último, en alguna ocasión has expresado tu parecer de que el aforismos español actual está experimentando una metamorfosis, que se está haciendo definitivamente adulto. ¿En qué te basas para sostener esta idea?

Hechos, previsiones, impresiones e intuiciones permiten sostener que el aforismo está rompiendo la crisálida del boom editorial para lanzarse a una segunda detonación del boom con mayor impacto en la esfera pública. Es evidente que, desde hace unos años, el término aforismo ha empezado a naturalizarse en el horizonte de expectativas de la comunidad no solo literaria, sino social, y que su uso se ha incrementado hasta límites insospechados tiempo atrás. Así, tras una primera fase de integración, compre(n)sión y consolidación del género, el aforismo, ahora, carga la maleta y se escapa de casa; sale a la calle, se abre al mundo, experimenta, se independiza, conquista y pierde terreno, se descontrola, se encuentra consigo y contra sí mismo. Hay, por tanto, una expansión descentralizada del fenómeno aforístico que (de)muestra los logros y los fiascos, las luces y las sombras, de este floruit voraginoso en el que convive una pluralidad desgobernada. La metamorfosis consiste en asumir la «publicidad» del aforismo, y en nuestras manos queda responsabilizarnos de ello. Hay quienes lo hacen, pero eso es otro asunto… Sea como fuere, creo que en lo que todos podríamos estar de acuerdo es en que el aforismo tiene futuro, incierto, pero futuro. Celebrémoslo, libremente, cada uno a nuestro modo.

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