Infatigable y liberadora búsqueda de «La verdad sobre Lorin Jones»

Por Horacio Otheguy Riveira

Tras una intensa vida literaria y universitaria, Alison Lurie, nacida en Chicago, falleció en Nueva York con 94 años. Creó el personaje de Polly Alter, que tiene 39 años, en 1989, cuando la autora contaba 63. Un baile de cifras muy interesante en cuanto el tiempo resulta esencial, dramática o humorísticamente, en la trayectoria de todos sus personajes (escritora prolífica en narrativa, ensayos y otros formatos), pero especialmente en el caso de Polly que, triste y desorientada, decide comprometerse a escribir una biografía, para lo cual le dan una modesta beca. Tiene un tiempo limitado para descubrir La verdad sobre Lorin Jones, y también le urge vitalmente, viendo el mundo que le rodea desde la cornisa de su crisis, divorciada, con un hijo de 14 años que pasa temporadas con su padre económicamente mucho mejor situado que ella.

En 1989 se producen muchos cambios radicales en la sociedad estadounidense: la liberación sexual de los 70 adquiere relieves trascendentales, más allá del fenómeno hippy, con el crecimiento de organizaciones feministas, el paulatino empoderamiento de la mujer, el establecimiento del Sida como un virus sexual que limita la liberación, pero no la elimina… En ese contexto, Polly Alter es una criatura casi virginal desde su divorcio, limitada al arte que protege trabajando en museos y galerías, y entre cuyos personajes se mueve tan a gusto, aunque desdichada también, ya que para su trabajo sobre la pintora muerta de neumonía prematuramente se ve obligada a tratar con marchantes, familiares, artistas y un crítico de arte que fue marido de la difunta… Un panorama que arrincona a una incipiente escritora, que quiso ser pintora, ahora con poco margen para indagar realmente en el corazón de la artista muerta que tanto admira.

Con grandes conocimientos del arte pictórico, Polly se mueve en un terreno pantanoso en busca de aquella cuya biografía, a cada paso se muestra más escurridiza, y en cuyo camino se funde a ratos con ella, pierde pie, cree involucrarse de tal manera que hasta su rostro en el espejo es el de Lorin.

En definitiva, andará por un camino de iniciación para conocerse a sí misma, sobre todo en el descubrimiento de una dualidad sexual, tras el desprecio absoluto hacia los hombres, que no le impide descubrir que ese desprecio no es tan absoluto y que puede hallar a un hombre con pésima fama y sin embargo cuerpo y maneras suficientemente encantadoras como para hacerle olvidar a aquella con la que descubrió un placentero lesbianismo…

De las soledades producidas por el desamor, el camino de este riquísimo personaje está empapado de conflictos surgidos de la necesidad de alguien que la abrace y la haga volar. La narración tiene todas las contradicciones de una mujer rota abierta al mundo, pero resulta muy logrado el proceso de las distintas dependencias emocionales mientras busca una verdad ajena que se va revelando muy cercana a la suya.

Esta obra de Serge Marshennikov, Rusia, 1971, no figura en la edición de la novela. Ilustra estas páginas como una visión profunda de la búsqueda de Polly, mientras lo que de verdad ansía es el reposo tras la satisfacción sexual como síntesis de una gran experiencia vital.

PÁRRAFOS DE LA NOVELA

«Fue en un anochecer cálido y tormentoso, sola en el piso tras haberse negado por segunda vez a salir a «comer» con el marido de una amiga, cuando tomó la resolución de cesar en el intento de complacer a los hombres».

«Había sido delicioso compartir su cama con Jeanne, que no daba vueltas y más vueltas como solía hacerlo Jim, no tiraba de las sábanas ni invadía con codos y rodillas el territorio de Polly. Todo en ella era suave, grato, envolvente… Y si más tarde se despertaba sobresaltada, el corazón desbocado, los músculos tensos, sólo tenía que volverse hacia su amiga. Sin despertar del todo, Jeanne la rodeaba con sus brazos y la atraía hacia ella, serenándola hasta que el ritmo de su respiración se hacía más lento y se hundía en un sueño más profundo y sereno».

«Empezó a deambular por el piso, ahora penumbroso bajo la pálida luz invernal. No había nada que ver: a través de las ventanas solo se distinguían las partes traseras de otros edificios, difuminados por la nevisca que había caído durante toda la tarde. Pero desde su dormitorio si se acercaba al frío cristal podía ver una franja vertical de la calle. Todo lo que contenía aquel rectángulo alargado era negro o de un gris granuloso, como uno de los grabados de la escuela Ashcan, esa corriente de crudo realismo del siglo XX: una farola, un par de coches cubiertos de nieve, un gato escuálido de estilo Peggy Bacon, dos figuras que caminaban encorvadas contra el viento…».

Del frío Nueva York marcha a Key West, Florida, un lugar mágico para numerosos turistas, donde la protagonista redescubre placeres que creía desterrados para siempre.

OPINIONES DE ALISON LURIE

…no puedes escribir bien solo con las partes agradables de tu personaje, y solo sobre cosas agradables. Y no quiero ni intentarlo nunca más. Quiero usar todo, incluyendo el odio, la envidia, la lujuria y el miedo.

Otras guerras terminan eventualmente en victoria, derrota o agotamiento, pero la guerra entre hombres y mujeres continúa para siempre…

Muchos estadounidenses piensan en el resto del mundo como una especie de Disneylandia, un lugar de exhibición de fauna, flora y artefactos pintorescos. Se visten para viajar con ropa barata, cómoda, infantil, como si fueran al zoológico y no fueran a ser vistos por nadie excepto por los animales.

Adquieres el hábito de estar enojado y herido por la vida, y luego, cuando sucede algo bueno, no puedes aceptarlo porque no encaja en el patrón.

Las páginas de moda de revistas como Cosmopolitan ahora parecen especializarse en decirle a la chica de carrera qué ponerse para encantar al tipo de hombre equivocado que lee Playboy, mientras que las páginas editoriales le dicen cómo lidiar con el daño psíquico resultante.

 

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