«Llumantia Ilíquida», de Mónica Velasco

Por Pedro García Cueto.

   La poeta Mónica Velasco, profesora de Educación Secundaria y de Bachillerato en Salamanca y licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, llega con un libro que fue una llamarada en su carrera poética: Llumantia Ilíquida. Pero esta vez en versión bilingüe. Publicado por la editorial Amarante, como en la primera edición solo en castellano, que sigue su recorrido por la edición con gran calidad y esmerado cuidado en sus libros.

  The Wavering Blaze, título en inglés del libro, ha sido traducido por Collin Reyman y lleva ilustraciones de Carmen Borrego. El libro contiene dos poemas inéditos. Mónica Velasco, que ya había destacado en el libro Trazos: en torno a Anglada-Camarasa, junto a Antonio Colinas, el gran poeta leonés. Mónica ha publicado reseñas, poesías y artículos en varias revistas, como en Verbeia –Revista de Estudios Filológicos-, Álamo, Crear en Salamanca, etc.

   Con ese largo recorrido, Mónica Velasco tiene una voz poética honda, arraigada a la tierra, donde hablan muchas voces, que son ecos de seres que amaron la Naturaleza. Hay en su poesía emoción y espacio de luz, donde el fulgor del verso irradia en el lector y convierte el acto de la lectura en un encantamiento.

  Un poema de John Keats, Oda a una urna griega y otro de Colinas presentan el libro, que viene también acompañado por otro poema de Ida Vitale y de Asunción Escribano.

  Y aparece “Oeste”, la primera parte del libro, donde Mónica se convierte en la voz de todos, donde alumbra el tiempo y el dolor del mundo:

“Y recojo / el llanto y la marea / y la lucha de los hombres / que muerden las ortigas / del mar / hasta la aurora, / porque esos hijos me duelen / como duele la carne. / Soy madre de una muchedumbre. / A todos. A cada uno / conozco”.

  Y ese esa mujer que recoge el dolor, que sabe que la vida esplende en todos los que la precedieron y ella es el testimonio del pasado. Vive en su carne la piel de los otros, padres madres, abuelos, todos aquellos que tejieron la vida con esmero y que han dejado en la carne la luz del mundo.

   Y en “Desconozco. Solo intuyo”, la mujer que conoce la ternura del mundo, que pasea por los caminos aferrada a la tierra, sabiendo que somos fugaces como un viento en la mañana:

“Desconozco el camino. / Solo intuyo la verdad / con que calzarme los zapatos. / Desconozco el discurso. / Solo intuyo el fin honesto / que alienta la palabra.”

  Es la mujer que desconoce el día de su muerte, pero que se sabe viva, vibrante, teniendo conciencia de la brevedad de todo, de la hermosura de vivir y de lo insólito de una existencia que es milagro cada día.

  Y en la segunda parte “Los pinos”, sabe que la tierra castellana no es seca y agreste, sino que florece, respira, se nutre de la mirada de la poeta que ama la Naturaleza, como se ama a un hijo o se ama el amanecer:

“No hay soledad en el campo seco / ni la roca sin musgo añora nada. / La fuente se hila sobre el pilón / que pace, en estas horas altas y es / la paz en los hogares que sestean”.

  Hay en la poesía de Mónica Velasco el mismo apego al mundo, al amanecer como un milagro, que nos recuerda la poesía de Claudio Rodríguez, donde la tierra y el hombre respiran juntos, se extasían en franca comunión.

   Porque la poeta sabe que respira el mundo en la tarde, en la contemplación del paisaje, en las aves, en los árboles, en el aire que nos mece, como dice en “Canto y latido”:

“Así, en el temblor del aire, / en el tejido fabuloso de la tarde, / en el hilado profundo. / Canto y latido en las ondas / vibra mi vida”.

   Y ese ese “temblor” el que sacude la piel, la da textura, es ese tejido el que hila el tiempo hasta hacerlo profundo, hondo como un beso, como la nostalgia de la niñez feliz. Y son las ondas del río, quizá las que llevan a Mónica Velasco a vibrar, como si el mundo fuese un amanecer continuo de luz, un eterno resplandor.

  Y en “Berenguer de Tornamira, 11”, tercera parte del libro, vive la voz de la hija, que respira a su lado, es llama y fulgor, como dice en “¡Este silencio tiene tanta voz!”:

“Junto a su respirar sencillo / en la belleza de su cuerpo pequeño, / escucho cantar al mundo. / Yo quisiera devolver a la vida / en mi canto su canción, decir: / aquí estoy, cóbrate de mí / este milagro / mas mi pulso se quiebra / y le acontece el miedo”.

    En el cuarto apartado “Rue de la Bienfaisance”, la poeta habla del amor, de la entrega, de dos cuerpos que se habitan al tocarse, que se abren como granadas al amarse. El bello poema se llama “Tatuaje en el Marais”:

“Perfilo con mis dedos / el horizonte de tus hombros: / hacia allí vuela mi boca. / Mis yemas van bajando / en su tranquila labor / por la blancura del brazo: / aquí encuentro el islote. / Mi decidida mano / arrastra por tu piel /el mar, el fuego, vientos / que empujan las velas…”.

   Y es esa conjunción del cuerpo con el paisaje una obra bien tallada, que en el poema cobra altura, se revela magnífica y nos hace ver el detalle de esa boca, esos brazos, como si fueran extensiones de un paisaje amado, que tocamos con los ojos, que dibujamos con las manos.

  Y en el último apartado “Cuesta Maneli”, Mónica Velasco logra la pureza, cuando en el poema “Consciencia” con una cita de Juan Ramón Jiménez, nos dice:

“Mis letras son conscientes de esta levedad. / Persigo en ellas crecer más, / saciarme de luz, hacerme / luz. / Persigo el aire incontenible. / La ausencia de mí”.

   No hay mejor final para esta mirada al libro que este poema, en versión bilingüe (castellano e inglés), porque es el lenguaje de la poesía ese afán de perseguir lo inefable, lo que no podemos expresar. Tanto es así que esa búsqueda de la luz se convierte en un desprendimiento del ser. Volamos alto en el poema donde viven el amor la poeta y el lector en un acto de entrega maravilloso. Un gran libro, sin duda alguna, en esta edición cuidada, con esmero por la editorial Amarante, y con dibujos que se abren como nostalgia del sueño de vivir.

TÍTULO: LLUMANTIA ILÍQUIDA- THE WAVERING BLAZE.

AUTOR: MÓNICA VELASCO

EDITORIAL: AMARANTE

AÑO: 2022

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