Antes del estreno de «Ser o no ser» con Juan Echanove y Lucía Quintana

Por Horacio Otheguy Riveira

Como un personaje de su cosecha, Lubitsch fue un divertido hombre de cine, que vivió muy intensamente hasta que le dio un infarto a los 55 años.

Muchos perdimos la cuenta de las veces que reímos sorprendidos ante el To be or not To be de 1942. En cada ocasión, renovadas risas y asombro de que en plena faena nazi internacional, con el mundo a punto de caramelo del Tercer Reich, un cineasta judeoalemán exiliado en Estados Unidos tuviera la lucidez y el coraje de reírse a mandíbula batiente del tirano y sus acólitos. Cierto es que el inglés filocomunista de Charles Chaplin ya se había atrevido mucho con El gran dictador en 1940, pero el berlinés Ernst Lubitsch amplió enormemente el panorama, ya que se permitió insólitas novedades: teatro en el cine con un juego de malabares excepcional en el que los feroces alemanes han de ser representados por una compañía de teatro polaca en la Varsovia ocupada, dentro de una intriga criminal y política con mucho de comedia de enredos protagonizada por un veterano divo del teatro y su hermosa esposa, mucho más joven, y también actriz, flechada por apuesto militar.

Con tanto material, el genial director ya había realizado amplia producción, con varias comedias inolvidables como Ninotchka, «la Garbo habla y ríe», o El bazar de las sorpresas, pero luego haría joyas como El diablo dijo no y El pecado de Cluny Brown.

Cuando en los 2000 Mel Brooks —otro gran judío que tomó a chacota a propios y enemigos— montó en Broadway una versión musical de su película Los productores, muchos se rasgaron las vestiduras por cómo se atrevía a tanto. Ya había cargado de humor negro su película homónima de 1967, pero el musical con un Hitler ridículo, que canta y baila muchos años después de terminada la guerra, ponía en pie a un público enfervorizado, logrando poco después una versión cinematográfica estupenda con Uma Thurman y Nathan Lane. Pues bien, Brooks también se había atrevido en 1983 a recibir el abucheo de los cerebrines del cine al realizar el remake de la de Lubitsch con bastantes cambios, un solo número musical con la genial Bancroft, y una coda final dramática admirable. La tituló igual, aunque en España se estreno como Soy o no soy, y allá fue y sigue estando en dvd, dejando un buen sabor de boca para quien sepa liberarse de prejuicios y degustar otra gran función que no es la obra maestra original ni falta que le hace.

El arte de la comedia cinematográfica estuvo tan bien servido que tardó mucho en trasladarse al teatro en distintas versiones. La más internacional la firma el también actor y guionista Nick Whitby, desde su estreno en 2008 en Broadway. Y en 2009 se estrenó en España una versión de Julio Salvatierra, dirigida por Álvaro Lavín, con Amparo Larrañaga, José Luis Gil, Diego Martín.

Polonia 1939. La pareja de actores formada por Joseph y María Tura, junto con sus compañeros, después de atravesar situaciones de lo más inverosímiles, se encontrarán en la tesitura de evitar que un espía de la Gestapo entregué los documentos con los nombres de los colaboradores de la resistencia. Se harán valer de sus dotes como intérpretes e incluso intentarán entrar al cuartel de las SS.

El actor disfrazado de Hitler sale a la calle convencido de que la gente se aterrorizará al verle. Pero las expresiones de estupor se deben a que reconocen perfectamente al actor, y el personaje real les tiene sin cuidado. Primera secuencia de la película de Lubitsch.
Anne Bancroft en el To be or not To be dirigida y coprotagonizada por su marido Mel Brooks. Aquí como la diva del teatro María Tura, fascinada ante el guapo admirador (Tim Matheson) que, embobado, va a su camerino.
La actual compañía encabezada por Juan Echanove y Lucía Quintana, dirigida por el actor con la siempre eficaz colaboración en la dramaturgia de Bernardo Sánchez (El verdugo, La asamblea de las mujeres).

En esta versión que se estrenará en La Latina el 17 de marzo, se juega con muchos elementos del mundo del espectáculo. Juan Echanove ya demostró en otras puestas en escena, como por ejemplo La asamblea de las mujeres, cuánto conoce del séptimo arte y cuánto le entusiasma jugar con guiños y sorpresas, ascensos insólitos y aparentes caídas propias del género humorístico de todos los tiempos, del mudo al sonoro sin descuidar un ápice la comedia teatral. Esto en el plano de la dirección, pero en el actoral no hay registro que se le escape, abordando en escena más dramas que comedias (El verdugo, Rojo, La fiesta del chivo, El precio…), género que cultivó más en televisión y algo de cine con creaciones impactantes en títulos como Suspiros de España (y Portugal), Siempre hay un camino a la derecha o Los años bárbaros...

A su lado, Lucía Quintana también ha dado mucho de sí en variedad de géneros, pero para esta tan divertida como sinuosa María Tura le ayudará su rico bagaje en comedias como Maribel y la extraña familia, Un Jardiel de ida y vuelta o Los anfitriones

Rodeados por excelentes profesionales, la pareja Echanove-Quintana ensaya con la dureza característica de la gente de teatro rumbo a un estreno del que se espera mucho, con la confianza de que disfrutaremos a lo grande.

Intérpretes: Juan Echanove, Lucía Quintana, Ángel Burgos, Gabriel Garbisu, David Pinilla, Eugenio Villota, Nicolás Illoro

Dirección: Juan Echanove
Adaptación: Bernardo Sánchez según versión teatral de Nick Whitby
Guion original: Edwin Justus Meyer y Melchior Lengyel

Diseño de escena y vestuario: Ana Garay
Diseño de iluminación: Carlos Torrijos
Diseño de videoescena: Bruno Praena
Técnico sonido y vídeo: Natalia Moreno
Producción y regiduría: Carmen Macua
Jefe técnico: Jose Gallego
Ayudante de escenografía: Isi López
Ayudante de vestuario: Ana Belén Cortes

Una producción de José Velasco basada en la comedia de Ernst Lubitsch para 20TH CENTURY FOX

TEATRO LA LATINA DESDE EL 17 DE MARZO DE 2022

 

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