‘La familia Martin’, de David Foenkinos

SERGIO VARGAS.

Si hay un escritor original a día de hoy, una especie de mago que crea historias imposibles, es el escritor parisino David Foenkinos (1974).

Sobre todo fue con La Delicadeza (2009), obra por la que recibió 10 galardones entre ellos el prestigioso Goucourt, lo que hizo involucrarme en su mundo, relataba la situación de una mujer felizmente casada que pierde repentinamente a su marido, que le invade la pena pero de forma esperanzadora se produce un cambio en su vida.

Maestro en hacer sonreír y hacer pensar al lector, ahora el galo nos trae La Familia Martin (Alfaguara), donde da  la vuelta a los códigos de la narrativa, relatando  como un escritor que se encuentra bloqueado y le falta inspiración para su nueva obra, decide escribir el retrato de la primera persona que se cruza en su camino por la calle, en este caso será una anciana con un pasado triste y que fue costurera para Chanel. Años atrás había perdido a su gran amor, entonces el escritor “de folio en blanco” decide acompañarla para encontrarlo.

En esa aventura irán apareciendo la hija de Madeleine( protagonista) y demás familia formandose un autentico culebrón “deluxe” que de la mano de Foenkinos va teniendo su veneno justo y donde volverá a insistir en la temática “hermanas” que un año antes fue recogida y  no se le había dado mal con Dos Hermanas(Alfaguara), pero que en su nueva novela se agradece que le otorgue menos tintes dramáticos.

Los capítulos son cortos, de gran belleza que fluyen cada vez mas rápidos hacia su final mientras va reflexionando sobre la escritura, el amor, la vida y sobre todo la esperanza. Dejara pistas en dichos capítulos y también a la vez por ponerle un pero abusara un poco de un lenguaje simplista como en “todo amor tiene un sufrimiento potencial” pero también las habrá brillantes como “ nada supera la vida de los demás sino vives la tuya”.

Concluyendo, Foenkinos crea una buena historia, con buen sentido, dandole a la ficción el protagonismo que merece, es decir: avanzar con la cabeza bien alta ante nuestra dura realidad.

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