¡Silencio!

Por Mariano Velasco

¡Silencio!: el que reclama Bernarda Alba ante el cadáver de su hija y baja el telón del drama lorquiano;  el que otorga pleno sentido a la tragedia griega de Antígona; el que Don Quijote impone a Sancho, su fiel escudero, y que le hace sentirse como enterrado en vida; el que es en realidad un “aparte” de Segismundo ante Rosaura en La vida es sueño; el que guarda Cristo, que no otorga sino que desquicia al gran inquisidor en la obra de Dostoievski; el “silencio” de las acotaciones, que no siempre es lo mismo que la “pausa”; el del autor, que cuenta pero al mismo tiempo calla; el del actor, que ha de dejar que el otro hable para darle la réplica o hace mutis por el foro o que, traicionado por la memoria, puede caer en un “blanco”; el del público, que calla, mira y admira… Y el de la vida misma, que paradójicamente resulta ser el infalible sustento de todo acto de comunicación (“estructurador fundamental del discurso”) o también puede abrirnos paso hacia lo inesperado. Son estos silencios y más, porque como bien dice el texto “solo en la Antártida hay tantas variedades de silencio como de blanco”, los que Juan Mayorga aborda y retrata en un singular ejercicio teatral en el que el dramaturgo ha convertido su discurso de ingreso a la Real Academia Española.

Hablamos de Silencio, una tan original como arriesgada propuesta en el Teatro Español, surgida de la idea que el propio Mayorga ya revelaba en su discurso, en el que, “enfermo de teatro”, fantaseaba con que “quien ahora lee o finge leer estas palabras no sea el que las escribió, sino un representante.” Y al que aquí, cumpliendo sus deseos o ensoñaciones pone voz y presencia un personaje con cierto aire a lo Charles Chaplin, entre académico y cómico – “comiquémico” se me ocurre, puestos a proponer palabras a la RAE – que se ha inventado una excelsa actriz, también enferma de teatro, llamada Portillo, Blanca Portillo.

La situación de partida no era la ideal, eso hay que reconocerlo: una sola actriz sobre el escenario, un decorado sencillo, prosaico y “académico”, casi dos horitas de monólogo, un texto que en realidad es un discurso y que reflexiona sobre… ¡el silencio! A más de un espectador se le habrá pasado por la cabeza un “yo me largo”. Pero quien tenga paciencia descubrirá que sí, que hay dramaturgia a raudales en lo que se nos está contando, que hay mucho que decir, reflexionar y representar sobre el silencio, que el espectáculo que el tándem Mayorga/Portillo nos propone es absolutamente maravilloso y que pocos temas hay que nos vengan tan al pelo como este para relacionar e identificar vida y teatro, porque – dice el discurso – “la importancia del silencio en el teatro corresponde a la que tiene en nuestro vivir”.

Está juguetón Mayorga en Silencio. Y lo mejor es que Blanca Portillo le sigue el juego. O tal vez haya sido al revés. El caso es que la ensoñación que ambos nos proponen nos lleva a imaginarnos el proceso de creación del espectáculo, cuando autor y cómica discuten sobre lo que contar y lo que callar, y la segunda se atreve a decirle al primero que eso no, que lo de las “ecuaciones de onda” y las “dimensiones par e impar” no por favor, que no hay cristiano que lo entienda. Y más tarde va incluso la tía, desquiciada ya la pobre, y se permite romperle varios folios al académico como si tal cosa. ¡Magistral!

El discurso no se detiene en ello, pero resulta curioso, ya que estamos en contexto lingüístico, que el silencio se “guarde” como quien guarda un secreto o, por qué no, también un tesoro. Preferimos “guardar silencio” a “mantener silencio”, mientras que optamos siempre por “hacer ruido” o, puestos a proponer curiosidades, a “armar jaleo”. La lingüística llama “colocaciones” a este tipo de expresiones tan bellas como caprichosas, verdadero tormento para los estudiantes de español pero que nos dan testimonio, como lo hace también Mayorga en su discurso, de la riqueza del lenguaje y de la relevancia de la comunicación. Aunque él lo haga aquí, hábilmente, otorgándole el papel protagonista precisamente a su contrario: el susodicho silencio.

 

Texto y dirección: Juan Mayorga

Con Blanca Portillo

Diseño de espacio escénico y vestuario: Elisa Sanz

Diseño de iluminación: Pedro Yagüe

Diseño de espacio sonoro: Manu Solís

Fotografía: Javier Mantrana

Maquillaje y peluquería: Thomas Mikel Nicolas

Ayudante de dirección: Viviana Porras

Ayudante de escenografía: Sofía Skamtz

Una coproducción de Avance Producciones Teatrales y Entrecajas Producciones Teatrales

Teatro Español. Sala Principal. Del 7 de enero al 11 de febrero. 

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La lengua en pedazos

Voltaire

Teatro en el cine: En la casa (El chico de la última fila)

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