Gregor Samsa o el moderno Don Quijote

LAURA CANO.

Leer a Kafka es como mirarse en un espejo y descubrir que uno ya no tiene cuerpo. Sin embargo, cuando Gregor Samsa despierta convertido en un monstruoso insecto, uno tiene la intuición (si no la certeza) de que pese al cambio morfológico, existe un núcleo fundamental de su identidad que se conserva intacto. Una suerte de yo que se mantiene bajo el exoesqueleto y que aflora, imperceptible, en la voz del narrador que guía al lector por el relato.

La transformación es a un mismo tiempo incompleta y suficiente para arrebatar a Gregor Samsa la identidad que convencionalmente era suya. El lector ya no podrá utilizarlo como espejo literario, no podrá buscar en él un modelo sólido que refleje sus virtudes e incluso sus aspiraciones. Gregor (el bicho) es una deformación de la identidad de Gregor (el humano), un despojo del héroe que debería haber sido de haber comulgado con el canon literario que le precedía. Kafka solo puede mostrarnos ya un espejo roto: un hombre sin identidad.

Hay quienes justifican esta desaparición (tal vez absurda) del individuo alegando que se trata del fruto del incremento del poder del sistema sobre el ciudadano. ¿Cierto? Probablemente. ¿Suficiente? No. Para buscar una explicación satisfactoria a la pérdida del yo no bastan los argumentos políticos, es necesario mancharse de literatura.

Don Quijote, Gregor Samsa y tantos otros grandes personajes han sido siempre definidos por la crítica como personajes redondos. No obstante, podríamos afinar más este concepto y llevarlo un paso más allá. Un objeto redondo es uniforme, con todos lo puntos de su contorno a la misma distancia del centro, pero al fin y al cabo, un objeto redondo también es plano. En cambio, esos personajes a los que nos enfrentamos, esos que a ratos parecen sumergirse en un anonimato existencial, son esféricos. Tienen un relieve innegable, pero lo que es aún más importante, poseen un interior oculto e indefinido, sembrado de dudas y tinieblas.

La identidad que pierde Gregor Samsa, a su manera, es también la identidad que pierde Don Quijote. El yo al que le ha relegado la sociedad (de una manera inconsciente o no) cede ante una nueva forma que constituye la cuestión central de ambos relatos. En estos casos, la transformación de los personajes no puede tomarse únicamente como un efecto ineludible del desarrollo de la acción o de factores extraliterarios, sino 2 que es un hecho deliberado o aplastantemente necesario. La indeterminación responde a la propia naturaleza de la obra, a la duda del autor, no como creador absoluto, sino como hombre.

Más allá de las consideraciones filosóficas que podrían hacerse respecto a este tema, existen detalles lingüísticos a la vista de todo lector que demuestran llamativas correspondencias entre Kafka y Cervantes. Probablemente las relacionadas con los nombres sean las más punzantes de todas: ¿qué identidad puede tener aquel que ni siquiera tiene nombre? En El proceso, Kafka reduce a su protagonista a una insignificante letra K (casualidades aparte) que bien podría hacer las veces de variable matemática.

Pero incluso Cervantes, mucho antes de que los bisabuelos de Kafka nacieran, jugaba ya con la onomástica de sus personajes. Que Don Quijote se llame en realidad Alonso Quijano es una proposición aceptada por el público general que simplifica el hecho de que en ningún momento llegamos a conocer el nombre del protagonista. En realidad no se sabe si es Quijano o Quexada o Quijeda u otro que nada tiene que ver con la llamativa Q que preside el apellido del hidalgo. El lector es incapaz de resolver dicho interrogante, porque el narrador mismo no puede resolverlo. Nadie sabe quién es verdaderamente don Quijote, y lo mismo sucede con el desdichado señor Samsa. Parece que solo ellos, desde el interior de su esfera propia, son capaces de mantener una identidad sólida.

Es evidente que las transformaciones que sufren ambos personajes son distintas en lo referido a formas, causas y desarrollo; pero en ambas encontramos una discusión común que lo impregna todo. En cualquier lugar, miremos donde miremos, encontramos una identidad difusa que muta y se desprende de su forma para descubrir, en última instancia, su núcleo fundamental. Y es entonces cuando la literatura se nos muestra como ese punto que se encuentra a la distancia justa del yo para preguntarse ¿quién soy? y poder buscar la respuesta.

One thought on “Gregor Samsa o el moderno Don Quijote

  • el 28 diciembre, 2021 a las 10:41 am
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    Interesante perspectiva sobre dos personajes (uno, Alonso Quijano don Quijote- arquetipo universal del hombre idealista y visionario) que han pasado, por obra y arte de sus autores, al imaginario universal….
    Una muy interesante aportación.

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