Cuchillos negros: una saga repleta de acción

Portada de Cuchillos Negros II

Israel Álvarez ha logrado que su propuesta, relacionada con el mundo de espada y brujería, se consolide en el difícil mundo del cómic. Su estilo directo y efectista va narrando las aventuras de Nalōn.

En el noveno arte nos podemos encontrar con obras más reflexivas y adultas. No obstante, también hay hueco para obras más juveniles. Este es el caso que nos ocupa. Una saga en la que la narración está centrada en la acción y no tanto en el desarrollo emocional. En este sentido, no vamos a encontrar grandes reflexiones interiores que nos permitan ahondar en la psique de los personajes. Teniendo esto en la cabeza, no sorprende que su guion esté estructurado en base a frases cortas, directas y apoyado, notablemente, en la narración gráfica.

Cuchillos negros es una obra fresca y sin pretensiones, que sale a la calle gracias a The Rocketman Project. Divierte y logra que el lector disfrute de los enfados, de la mala leche de los personajes y de las armas. Incluso, la brujería (que, desde luego, está presente) tampoco tiene una importancia elevada. En este sentido, este trabajo contrasta con otras obras en las que la brujería tiene una importancia mucho más significativa.

La obra asienta su valor en la rapidez, en la ausencia de explicación, en la fragmentación. Actualmente, ha publicado tres partes: Cuchillos negros, Cuchillos negros: La torre muerta y Cuchillos negros II. Claramente es una saga posmoderna, en la que se cambian los elementos narrativos sin explicar nada y obligando al lector a tomar partido para entender estas brechas. Su manera de plantear la historia es abierta, por lo que deja huecos constantemente. Posiblemente, para irlos desarrollando en otros volúmenes posteriores. Por otro lado, también emplea un humor algo rasposo y, nuevamente, directo que le sienta muy bien a la historia.

Debo reconocer que me ha resultado chocante. Estoy acostumbrado a otras lecturas con más sutilezas, más entresijos e, incluso, mayores elementos interpretativos. La obra de Israel Álvarez no es nada de esto. Es una obra para disfrutar, para sonreír y pasar un buen rato entre las páginas de un cómic, sin más. En este sentido, recuerda a ese cómic de revista underground que no busca realizar crítica social, moralizar o manifestar cómo es la vida de un colectivo humano. No. Esta obra es un cómic con aire de fanzine. Todo ello, dicho en el mejor sentido de la palabra.

En definitiva, estamos ante una obra que cuenta una historia oscura, de sufrimiento del héroe y de lucha denodada. Ahora bien, lo hace de un modo tan entretenido que, desde luego, no lo parece. Por todo ello pienso que es un trabajo para jóvenes lectores, que también gustará a los adultos que sepan disfrutar de una narración sencilla. Precisamente, ahí es donde también radica su posible debilidad. Tanta acción no permite que nos adentremos en la historia completamente. Por ello, la lectura es divertida pero no es un cómic que nos va a hacer pensar o a remover por dentro. No lo hace y, creo, tampoco lo pretende. Por eso hablo de posible debilidad, ya que ahí también está su virtud.

 

Por Juan R. Coca

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