‘El canto de la nieve silenciosa’, de Hubert Selby Jr

JOSÉ LUIS MUÑOZ.

Seguramente pocos son los que hayan oído hablar de Hubert Selby Jr. , un escritor de culto y maldito, pero es posible que hayan visto algunas de sus exitosas adaptaciones cinematográficas, Última salida Brooklyn de Uli Edel y protagonizada por Jennifer Jason Leigh, o Réquiem por un sueño, dirigida por Darren Aronofsky y con Jared Leto y Jennifer Connelly en los papeles principales.

A Hubert Selby Jr. (Nueva York 1928/2004) debería hacérsele justicia y ponerlo en el lugar que le corresponde como uno de los mejores escritores norteamericanos del pasado siglo. Criado en la calle, muchas veces coqueteando con la marginalidad y sufriendo diversas adicciones, ejerció en su juventud trabajos muy poco cualificados. Una grave tuberculosis, que lo recluyó una buena tenporada en el hospital, le dio pie y tiempo para escribir relatos basados en sus propias experiencias y en los tipos que había conocido. Su primer gran éxito literario fue Última salida Brooklyn (1964), a la que siguieron The room, The Willow tree, The Queen is dead y Réquiem por un sueño.

La madrileña Hermida Editores nos da la oportunidad de conocer su faceta como cuentista. El libro recoge quince relatos, casi todos de ambiente urbano, en los que Hubert Selby Jr. desliza su mirada por la cara oscura del sueño americano. En Programa doble dos jóvenes deciden pasárselo bien en una sesión de cine de barrio a base de beber, pero la broma les sale cara (“De hacer comentarios acerca de la acción en la pantalla pasaron a la predicción y luego a la dirección: urgían a la tímida estrella masculina a besar a la chica, que no mordía…, soltaban risotadas, buscaban la botella (clink), miraban como se vertía el vino en el vaso (plop, plop, plop) volvían a pasar la botella (clink)” . En Galleta de la fortuna un vendedor supersticioso cifra su suerte a lo que le salga en las galletas de la fortuna del restaurante chino que frecuenta (“Cada día iba al puesto de comida para llevar y pedía algunas cosas que luego tiraba tras quedarse solo con la galleta de la fortuna.”). En  Un penique por tus pensamientos, un oficinista viajero del suburbano se obsesiona sexualmente por una de las compañeras de vagón, hace todo lo posible por coincidir con ella y fantasea  (“Compró los cigarrillos; luego se volvió y las miró. Sí que tenía un buen par.  No gigantescas, pero muy bien.  Y su cintura era maravillosamente esbelta, y cuando se volvió pudo ver que eran firmes, realmente firmes, y no simplemente sujetas por el sostén. Eso es todo natural. Pero sin caerse. Y su boca era adorable. Oh, apuesto a que muerde. Sus muslos deben de ser tan suaves…”)

Personajes desequilibrados y marginales protagonizan algunos de los relatos del libro. Estoy siendo buena es el diario caótico que escribe una mujer internada en un psiquiátrico, texto que altera expresamente normas ortográficas y remite al personaje de la madre adicta a las pastillas de Réquiem por un sueño (“ojalá no estuviera aquí. no me gusta estar aquí. tengo miedo, ojalá estuviese en casa.  yo creo que estoy tan cansada por las píldoras. estoy siendo buena, ahora son diferentes. son verdes, ya no estoy tan cansada pero a veces simplemente me gustaría tumbarme y echar una siesta aunque fuera una siesta corta.”). El hacinamiento del transporte público queda patente en Un poco de respeto (“Finalmente, el tren apareció, y empujó y fue empujado para entrar en él. Iba tan apretado con el tipo de delante que su bigote le hacía cosquillas en la nariz, y quienquiera que fuese el de atrás debía de haber comido espaguetis con albóndigas y extra de ajo.”) y es el preludio de un estallido de violencia (“Seguía riéndose roncamente y gritando cuando atacó el aparato con el hacha; el tubo explotó y enormes trozos de cristal saltaron por todas partes. Morris se cortó en las manos y empezó a sangrar. Malla y Milton gritaban. Milton tiró del brazo de su madre .¡¡¡DETÉNLE DETÉNLE!!!”)

En mi opinión, El abrigo es uno de los mejores relatos del conjunto. Hubert Selby Jr. describe concisamente la dureza espantosa del clima invernal de una ciudad (“Los inviernos en el Bowery eran duros bajo cualquier condición, pero sin un abrigo los inviernos eran letales: recogían cuerpos cada mañana, algunos congelados y pegados al suelo, y había que arrancarlos.”). El único amigo del vagabundo protagonista, el que le salva la vida de la intemperie, y con el que entabla una relación de amistad, es su abrigo; cuando lo pierde ese hecho se convierte en un drama, y cuando lo recupera, llora de emoción porque a él le debe literalmente la vida (“Se sentó sobre la tapa del retrete medio riendo, medio llorando, y abrazó y acunó a su abrigo y le dijo cuánto lo quería y cuánto lo había esperado y que no tenía que haber dejado que los separasen”.)

Hubert Selby Jr. es, decididamente, un escritor de género negro, aunque en sus historias no haya grandes tramas criminales propiamente dichas, pero estas se desarrollan siempre en ambientes siniestros, en esos callejones oscuros de la sociedad norteamericana en donde impera la violencia y el american way of life es un canto de sirenas. (“No sabía ya cuántos hombres había visto golpeados, y asesinados, por un abrigo o una botella de vino”). Describe el autor como nadie la miseria que reina en los suburbios de las ciudades (“El gato la hizo retroceder hasta que no pudo moverse, y cuando trató de saltar, el gato saltó también y la agarró con sus enormes zarpas y ambos cayeron sobre un trozo de metal mientras la rata chillaba tan fuerte que casi taladraba los oídos de Harry”), pero es al mismo tiempo un exquisito estilista como demuestra en esta frase de De ballenas y sueños (“He navegado y cosido tantas lonas que las puntas de mis dedos están romas y duras, y he tirado de tantas sogas que mis manos son tan ásperas como el cáñamo de manilla”) o en el relato que cierra la antología y le da nombre, El canto de la nieve silenciosa (“Escuchó la nieve que caía delicadamente a través del aire, y cada copo sonaba nítidamente distinto, cada uno sin estorbar al otro, de manera que las respectivas notas no chocaban o interferían unas con otras, sino que se mezclaban en una canción de la nieve que sabía que muy pocos habían escuchado alguna vez.”)

El desarraigo, la marginalidad, la pobreza, el hastío, existencias insatisfactorias en definitiva, están presentes en los personajes que con maestría dibuja Hubert Selby Jr., tan reales porque seguramente existieron y él los recogió de la jungla urbana para pasarlos al papel y tratarlos con la ternura que les niega la sociedad implacable. Un conjunto variopinto de seres sin futuro, pero vitales a pesar de todo, y tremendamente humanos, con sus debilidades, son los personajes de estas historias que transcurren por ambientes sórdidos e inhumanos, tengan un trabajo precario o estén sumidos sencillamente en la más absoluta miseria. Hagamos justicia con uno de los mejores autores norteamericanos, digno sucesor de los Faulkner y Steinbeck que le precedieron. Este es uno de los mejores libros publicados este año en España de uno de los mejores escritores norteamericanos.

“Hace muchos, muchos años, un hombre me dijo que sacrificar mi sueño era vender mi alma”.

One thought on “‘El canto de la nieve silenciosa’, de Hubert Selby Jr

  • el 14 diciembre, 2021 a las 6:51 am
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