«Una habitación propia», de María Álvarez Rosario

Por Ana Isabel Alvea Sánchez.

RESPIRANDO EL BELLO OTOÑO

María Álvarez Rosario ha publicado los poemarios Física elemental (Torremozas, 2016), Mapa de la memoria, con el que obtuvo el Premio de poesía “Juana Castro” en 2018, en el 2019 obtuvo el Premio Internacional de Poesía de Ronda con Una habitación propia y en el 2020 publicó Sensografía (Torremozas). Su poema «Testamento Inacabado» obtuvo el primer premio en el XXV concurso de poesía  “Luz” del Ayuntamiento de Tarifa (2018) y participa en la antología Rojo-dolor. Antología de mujeres poetas en torno al dolor, de Renacimiento.

Una habitación propia nos transmite el gozo de vivir en la dulzura y serenidad del otoño, un sentir místico de lo cotidiano realzado por la naturaleza: bosques, hojas, flores… Voz contemplativa que aprecia la belleza, el lenguaje del mundo es la belleza, y que sabe de la eternidad de lo vivido en nosotros, el pozo que puede ser la memoria: el peso adormecido de mis niños… el regazo de mi abuela / a su forma tan dulce / de rehacerme las trenzas.

En este apacible discurrir encuentra una dicha especial en la escritura, en la poesía. Deja testimonio en sus versos del acto creativo, cómo las palabras de forma repentina e inesperada vienen a ella, ya sea en duermevelas o mezcladas con recuerdos, emergen de los oscuro, / como ofelias. La poesía que sucede cuando la calma, el amor, la pasión y la alegría para dejar constancia  de lo pequeño y leve, pero hermoso, que aprecia a través de los sentidos: los colores, los olores, el tacto, las manos…; para constatar las emociones, las vivencias, y poder aprehender el asombro y el Milagro que acontece cada día.

Es una constante en su poesía la presencia de la naturaleza como fuente de belleza y armonía, así como la importancia de la corporalidad y de los sentidos, vía de conocimiento.

Como decía Valente, concibe la poesía como una escucha atenta y precisa, requiere del silencio:

que todo lo que vibra precipite
a través de mi mano y del Silencio
en un torrente
                  incontenible
                            de palabras

Su poema «Esculturas» se estructura como una composición musical: Preludio, 1º movimiento,  2º movimiento, 3º movimiento y Adagio. No será casual, pues su poesía posee ritmo y musicalidad. Puede entenderse como una poética o teoría estética. El escultor que logra belleza del mármol, el trabajo y oficio de cincelar y tallar con arrebatadora inspiración, hasta llegarle a sangrar las manos, la delicadeza al pulir y la conciencia de no querer crear una impostura. Todo arte tiene que transmitir vida. No es tan importante la estética como la emoción que pueda transmitir o la revelación.

No viajar a zonas en conflicto (Contrapoética) nos advierte, en tono irónico, que la vida conlleva riesgos si queremos sentirla plenamente, no podemos habitarla eludiendo siempre los conflictos, evitando caminos desconocidos cobijados bajo el mismo alero, es preciso salir de la zona de confort, pues tal vez en esos caminos encontremos la alegría y una mayor plenitud.

Termina el libro con el poema «Una habitación propia». Puede que no tengamos un cuarto propio, un escritorio o despacho donde escribir, pero ello no determina ni impide sentir la poesía en cualquier lugar y ocasión: al despertarse, bajo la ducha, cuando conduce…la luz que va descifrando en palabras nuestra piel y entrañas, esos son los versos que le llegan, ella misma resulta ser su habitación propia. Comenta la autora que Virginia Woolf en su libro hablaba de habitación física, pero también se refería a un espacio mental, y esto es para ella la poesía, un cuarto mental en el refugiarse.

Es Una habitación propia un libro luminoso que transmite delicadeza, dulzura, amor, ternura y que alza la voz en defensa de la escritura, de la poesía y de la vida, aunque conlleve sus peligros.

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