Carlos D’Urci: “Mi interés por la defensa de los derechos de la infancia va más allá de Yalla”.

Yalla está cargada de una imponente sensibilidad al abordar el drama que conlleva una explosión en un conflicto armado, destaca una visión estética diferenciando las escenas con la itinerancia entre las imágenes a color, y el blanco y negro, secuencias que cumplen una función orquestal como parte del juego del diálogo implícito, conseguido con el magnetismo casi poético de una sola palabra pronunciada en varias entonaciones, la que da título al cortometraje.

Carlos D’Urci dirige este corto de ficción inspirada en hechos reales, con el objetivo de dar voz a quien no la tiene, en medio de guerras capitaneadas por aviones no tripulados o drones, que suponen un mayor peligro para la población causando víctimas inocentes. Yalla narra el asesinato de cuatro niños en la Franja de Gaza en julio del 2014, los personajes están interpretados por actores noveles, Javier Córdoba, Sofía Haouali, Ahmed Younoussi, Badareddine Bennaji, Son Khouri y Mohamed Batan. Obtuvo el Premio Forqué al mejor cortometraje en la pasada edición, y está preseleccionado por la Academia de Cine para optar a estar entre los finalistas de los próximos Goya, al Mejor Cortometraje de Ficción de este año.

¿Qué fue lo que te hizo cambiar a Italia por España y dedicarte al mundo del cine?

En la Italia de los 90 (vine a España en el 98) ser homosexual, hombre y CIS (lo que se define como heteronormativo) era muy complejo; o te alineabas con lo tolerado, que era la mofa del gay con pluma, o no había un espacio social para ti, tenías que vivir en la sombra. Encontré en Madrid, el sitio perfecto donde desarrollarme profesionalmente y personalmente. Hoy en día, desgraciadamente en España las cosas se están complicando otra vez porque estamos retrocediendo en derechos, y de una manera inexplicable teniendo un gobierno supuestamente progresista.

¿Hay algún hecho en particular que te haya concienciado para desarrollar este corto basado en los derechos de la infancia?

Conocí la historia tras un viaje a Palestina, y me impactó. Mi interés por la defensa de los derechos de la infancia sin embargo va más allá de Yalla, tal y como demuestra mi filmografía con títulos como Diamantes Negros y Tabib.

¿Cómo surgió la idea de este proyecto con el apoyo de Amnistía Internacional?

Amnistía Internacional, en su delegación de Albacete, convoca todos los años un concurso nacional en colaboración con Abycine, y decidí presentar el proyecto, que finalmente resultó como único ganador.

¿Ha sido complejo su desarrollo?

El desarrollo de Yalla ha sido muy complejo porque de cara a conseguir el presupuesto total de un corto de esta envergadura, han sido necesarios el Ministerio de Cultura, La comunidad de Madrid, el programa Media, la Televisión de Castilla-La Mancha.

¿Cuánto tiempo en total se tardó en realizar este corto?

El desarrollo empezó en 2018 y se estrenó en agosto de 2020.

¿Quiénes son los protagonistas del corto?

Los protagonistas del corto son un cast de debutantes, capitaneados por Javier Córdoba, que dieron toda su alma para interpretar la historia de 4 niños, cuya vida se vio destruida por “un error de identificación”.

¿Como actor y director que eres, fue fácil dirigir a actores sin experiencia?

La dirección de actores es un terreno muy sensible; los actores, los buenos actores, se abren en canal para poder vivir vidas que no conocen, pero que sin embargo sienten. Este tránsito es un momento muy delicado, y hay que cuidarlos mucho, especialmente si se trata de actores muy jóvenes.

¿Por qué los cambios, de blanco y negro a otras escenas en color?

A ras del suelo, en Palestina, hay poco más que vida o muerte, no hay matices, de allí mi decisión de usar el blanco y negro. Sin embargo, en una cómoda sala a miles de kilómetros, donde un operador de drones con una palanca decide sobre la vida de unos inocentes, puede tener matices.

¿El no haber diálogos, sólo la palabra Yalla, responde a una intención en particular?

Decidimos junto al co-guionista Sergio Barrejón, apostar a por una sola palabra, y no ahondar en el dramatismo de una situación de por sí desesperada. En un acto de contención, y a la vez de respeto, por una masacre que no tiene palabras que la puedan describir. También responde a un reto autoimpuesto: ¿Se puede contar una historia con una sola palabra?

¿Que necesita tener una producción para ser nominada o premiada a nivel nacional?

Es una estupenda pregunta, sin respuesta. Yo creo que los premios tienen una dosis de insistencia y otra de suerte; desde luego, hay que conocer los mecanismos de selección y diseñar una buena estrategia de festivales que pueda hacerte llegar a “sacar la cabeza”.

¿Cuáles son tus proyectos más cercanos, tienes pensado un largometraje?  ¿Qué nos puedes adelantar sobre ellos?

Como director espero estrenarme con una comedia de alto voltaje que estoy escribiendo. Sin embargo, como productor tengo tres proyectos listos para rodar en 2022, el primero “Lo que queda de ti”, drama rural en el entorno de la ganadería ecológica en colaboración con RTVE.

¿Cuál es tu proceso creativo? ¿Qué es lo que te empuja a decidirte por una historia?

La pregunta más importante que me hago es: ¿estoy dispuesto a invertir al menos cinco años de mi vida en este proyecto?

¿En qué lugar de tu casa está el Forqué?

En la estantería de los premios en el salón, al lado del cartel de Yalla, que mi marido amablemente me deja tener allí.

¿Cuál es tu rutina en casa cuando no estás trabajando?

Ahora mismo mi rutina es: biberón, pañal, biberón, pañal; acabo de ser padre por partida doble y me queda poco tiempo para nada más.

Un disco: Estoy hecho un experto en músicas infantiles no sexistas que he seleccionado para mis hijos.

Un libro: El algoritmo de las redes sociales solo me sugiere bibliografía infantil. Algo habré hecho mal para que dejen de aconsejarme cualquier otra cosa.

Una película: “El buen patrón”, y estoy todavía asombrado con los registros de Javier Bardem.

Carlos D’Urci

 

Por: Elizabeth Salvatierra

 

Yalla
Mufid es un chico de 14 años que juega al fútbol con sus amigos, en una zona de la Franja de Gaza vigilada por un dron militar, cuando Mufid falla un tiro, el balón se pierde tras una colina, duda en ir a buscarla, pero va; cuando se adentra en la zona, descubre que Amina ha cogido el balón, Mufid intenta recuperarla, pero Hassan quita la pelota a los adolescentes y la tira dentro de unas ruinas, Mufid nuevamente va en busca de la pelota, pero el dron de vigilancia se pone en alerta y ya tiene un nuevo objetivo. 

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