Anxo Pastor en Cambados

Foto: Consuelo de Arco

Por Antonio Costa Gómez.

Tiene una galería de arte en Vilagarcía, pero yo he tenido charlas muy sugestivas con él en Cambados. Hace años andaba por las calles de Compostela diciendo que quería hacer “un estudio poético del mundo”. Era un tipo enigmático de voz afónica, mirada nocturna y risas sorprendentes. Dirigió en el Faro de Vigo el suplemento literario «La rama en el aire», después «La nube habitada» en Fronterad. Es el mejor conocedor de escritores centroeuropeos y de autores malditos que hacen de la literatura una ontofanía.

En los ochenta publicó Los poemas de la secta. Hablaba de bestias espirituales en las noches de luna, de sangre incolora, de caballeros asesinados repetidas veces en una Edad Media imprecisa. Quemaba las palabras como un creyente secreto, las dejaba en los huesos. Eran poemas breves, incisivos, inmisericordes, sin concesiones.

Después publicó plaquettes, mezclas de dibujos y de poemas, obras maestras clandestinas. En El caballo económico habla de un caballo que solo usa tres patas para ahorrar la cuarta, un jinete que economiza movimientos. En Sombra fértil habla del profesor Macías que clasifica en los estantes cientos de cáscaras de huevo de distintas características con la inscripción: «Huevos de genio fallidos». En Arcana un ángel de la guarda informa de que los hombres parecen muros con agujeros por los que se cuela todo, pero los burócratas del cielo no le hacen caso. En Hierba respirada una vara de oro resuena aunque no la escuches, un hombrecito se esconde en el color azul.

Una vez fue por las galerías de arte de París enseñando sus dibujos enigmáticos. En otra ocasión yo estaba por Berna y me acordé de postales calladas que me envió desde allí. Veía los osos en el canal junto al río y me acordaba de sus poemas. Tiene una sala de arte en Vilagarcía, pero yo hablaba con él sobre Wladimir Holan en Cambados.

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