Édouard Louis encuentra un camino «Para acabar con Eddie Bellegueule»

Por Horacio Otheguy Riveira

Con 21 años publicó el libro autobiográfico del mismo título. Arrasó en su Francia natal porque abordaba con singular talento las peripecias de un chico entre los 10 y los 15 años, humillado por sus maneras diferentes, cierta feminidad que revolvía los prejuicios de un pueblo a 200 kilómetros de París y a 40 de la ciudad de Amiens. Tras la confirmación de que «De mi infancia no me queda ningún recuerdo feliz», en su libro, relatado en primera persona con la fuente creativa de una autobiografía liberadora, se cambia de nombre, se inventa un nuevo ser que ya no quiere imitar a los hombres de su pueblo: «Tan cargados de alcohol y de violencia…» y su conmovedor testimonio, de homosexual que intenta luchar para convertirse en el hetero que todos quieren se traduce a muchos idiomas y se convierte en obra teatral británica, adaptada por Pamela Carter, ahora traducida por José Luis Collado y dirigida por José Luis Arellano, ambos forjadores de LaJoven que la produce con un concepto de puesta en escena tan rompedor por la propia historia del muchacho que ha de huir para encontrarse, fracasar para triunfar, porque «mi fracaso en convertirme en el hombre que ellos querían se convirtió en el triunfo de crearme desde el fondo de mí mismo». Así, dos actores son Eddie en la imperiosa búsqueda de sí mismo.

Foto: Ilde Sandrin (LaJoven)
Foto: gentileza Antonio Castro

A través de una puesta en escena de teatro-cine tan intensa como la memoria del escritor que recrea su brutal experiencia, la miseria moral y económica de un pueblo despliega su cadena de prejuicios que va del racismo a la homofobia, pasando por una violencia cotidiana de severo carácter primitivo. Por eso, dentro de la homofobia no sorprende que, muy jóvenes «heteros» realicen prácticas homosexuales por ellos mismos despreciadas si las sospechan en otros…

El libro empieza así:

«Encuentro
De mi infancia no me queda ningún recuerdo feliz. No quiero decir que no haya tenido nunca, en esos años, ningún sentimiento feliz o alegre. Lo que pasa es que el sufrimiento es totalitario: hace desaparecer todo cuanto no entre en su sistema.
En el pasillo aparecieron dos chicos: uno, alto y pelirrojo; otro, bajo y encorvado. El pelirrojo alto escupió: ¡Toma, en toda la jeta!
El escupitajo me fue resbalando por la cara, amarillo y espeso, como esas flemas ruidosas que se les atraviesan en la garganta a las personas mayores o a los enfermos, de olor fuerte y nauseabundo. Risas chillonas y estridentes de los dos chicos Mira, toda la jeta pringada el muy hijo de puta . Me resbala del ojo a los labios, hasta metérseme en la boca. No me atrevo a limpiármelo. Podría hacerlo, bastaría con el revés de la manga. Bastaría con una fracción de segundo, con un gesto diminuto, para que el escupitajo no me llegara a los labios, pero no lo hago por temor a que se ofendan, por temor a que se irriten aún más…».

El teatro consagra la autobiografía entregándola al público con una representación muy potente, forjada en múltiples recursos con sus dos intérpretes felizmente compenetrados tras la dirección de José Luis Arellano quien, tras muchas puestas en escena, se entrega de tal manera que en cada una de ellas se percibe una superación que ha atravesado búsquedas expresivas siempre notables. Esta vez ha logrado que el talento de los actores alcancen una versatilidad sobresaliente en el dificilísimo empeño de ser ellos dos un solo Eddie y, a su vez, todos los que en el mundo padecen humillaciones abiertamente indefensos, y resultan admirables los matices conseguidos asumiendo gran variedad de personajes: vándalos, hermano mayor violentamente borracho, padres feroces o pobre gente que también lucha contra sus propios demonios…

Dos actores en una unidad para asumir todos los personajes. Los dos son siempre Eddie en diferentes momentos, repartiéndose las situaciones que les han tocado vivir. En esta foto ejemplifican el amor que Eddie Bellegueule se profesó a sí mismo para convertir en esperanza el desprecio que unos y otros le profesaban. Izquierda, Raúl Pulido. Derecha: Julio Montañana Hidalgo. (Foto: Ilde Sandrin).

Autora: Pamela Carter, a partir de la novela de Édouard Louis

Traducción: José Luis Collado
Dirección: José Luis Arellano García
Producción: Fundación Teatro Joven
Duración aproximada: 100 min

Intérpretes: Julio Montañana Hidalgo, Raúl Pulido

Iluminación Juanjo Llorens (AAI)

Videoescena y escenografía Álvaro Luna (AAI)

Vestuario Ikerne Giménez y Lua Quiroga Paúl

Espacio sonoro Alberto Granados Reguilón

Asesoría movimiento escénico Andoni Larrabeiti García

Dirección de producción Olga Reguilón Aguado

Dirección técnica David Elcano Villanueva

Regiduría Daniel Villar

Ayudantía de dirección Paco Gámez

Ayudantía de iluminación Rodrigo Ortega

Ayudantía de escenografía Lua Quiroga Paúl

Ayudantía de videoescena Joel Valiente Vasco

Ayudantía de vestuario y sastrería Gracia Collado Collado

Prácticas en videoescena Alba Trapero

Prácticas en dirección Christina Eleftheriadou

Cámara videoescena David Girón

Fotografía Ilde Sandrin

Realización escenografía MAY Servicios

Ambientación sofá Cristina Collado Collado

Gracia Collado Collado

Juan Carlos Rodríguez

Advertencia: En este espectáculo se usan luces estroboscópicas.

Encuentro con el público el 12 de noviembre al finalizar la función, con la participación de la Fundación Eddy-G. 

TEATRO DE LA ABADÍA. HASTA EL 14 DE NOVIEMBRE 2021.

TAMBIÉN FUNCIONES AMBIENTALES PARA ESTUDIANTES.

_____________________________________________

También en CULTURAMAS

Antes del estreno con LaJoven en La Abadía

Niños indefensos en El hombre almohada

Yo soy el que soy

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *