A chorus line: en la línea de la perfección

Por Mariano Velasco

“Vivimos atrapados en la idea de que aquello que no está grabado o fotografiado no existe. El teatro ofrece un refugio, una protección intelectual al amparo de los muros donde se desarrollarán nuestras ceremonias escénicas”. Son palabras de Antonio Banderas a propósito de A chorus line, el musical del que es codirector y que llega por fin al Teatro Calderón de Madrid tras un accidentado periplo interrumpido por la pandemia.

No deja de resultar llamativo – y por ello cobra aún más fuerza la afirmación, muy necesaria – que sea un peso pesado del cine como él quien tenga que reivindicar con tal fuerza y de tal manera el “señorío” de las artes escénicas en general y del teatro en particular frente a otras disciplinas, tal vez más modernas o más tecnológicas, que en demasiadas ocasiones parecen ganarle la partida.

No se trata solo de palabras, sino de hechos en este caso, porque la puesta escena que han hecho Banderas y su equipo de este magistral clásico de Broadway desde su estreno en el Teatro del Soho CaixaBank de Málaga en 2019 y su corto recorrido posterior antes de quedar interrumpido por la pandemia, es la prueba más evidente, un puñetazo sobre la mesa, de la grandiosidad y de la excelencia que suponen las artes escénicas, el teatro, la danza y la música. Del valor de la inmediatez, de la realidad y, en definitiva, de la vida misma que corre a borbotones sobre un escenario siempre que aquello que allí se represente esté bien hecho. Maravillosamente bien hecho, como es el caso.

Porque A chorus line es, sobre todo, una maquinaria perfecta en la que técnicamente todo funciona como debe funcionar, sin un solo altibajo y sin permitirse el más mínimo error. Y cuya grandeza reside en que el espectador, apabullado por lo que allí se está representando, no sea consciente de todo el trabajo que hay detrás, de toda la búsqueda de perfección que hay en cada movimiento, en cada susurro, en cada canción, en cada composición, en cada nota musical, en cada baile o en cada cambio de luces o escenario que se produce en este espectáculo. Y que considere aquello sencillamente como el trascurrir de la vida, que es de lo que se trata cuando hablamos de teatro con mayúsculas.

Para ello, resulta imprescindible sumar a todo lo anterior una historia, o mejor aquí, diecisiete historias – dieciocho con la del director, Zach (ahora Manuel Bandera, antes el propio Antonio) , que también acaba mojándose en el asunto -, con lo que ya no solo técnicamente, sino también emocionalmente, se apunta hacia el destino buscado. Sobre el escenario se dan cabida a los sueños de cada uno de ellos, sueños y vivencias que son sobre todo humanas. Y en ello, en su humanidad, es donde radica su perfecta imperfección.

Lo que nos cuenta A chorus line es la historia de un grupo de bailarines que se enfrentan a las audiciones antes de ser elegidos para formar parte de un espectáculo de Broadway, es decir, lo que viene siendo el teatro dentro del teatro, y para ser más precisos en este caso, el musical dentro del musical.
Con la complicidad del director, que les va diseccionando profesional y humanamente, los aspirantes a bailarines de Broadway nos irán dando  a conocer retazos de su vida, dibujándonos perfiles de infancias difíciles, problemas de convivencia familiar, de abusos, de obstáculos profesionales, de identidad sexual, de autoafirmación, de inseguridades…Es decir, la vida misma ante nuestros ojos.

Y como en la vida misma, que no todo van a ser desgracias, hay también alguna que otra historia contada con mucha gracia, como es el caso de la del matrimonio de Kristine (Bealia Guerra) y Al (Víctor González), en un excelente y muy hábil número musical en el que el segundo termina las fases de la primera. O la surrealista historia de Mark (Roberto Facchin), quien se  obsesionó convencido de que sus primeros sueños húmedos tenían que ver con la gonorrea y tuvo que ser la Iglesia, qué cosas, quien le sacara de semejante atolladero (“yo era ateo, pero ahora creo”, que diría C. Tangana).

Contiene A Chorus line unos cuantos números musicales realmente brillantes, acompañados de una orquestación que suena de maravilla. Especialmente los son el de Cassie (Sarah Schielke), en solitario aunque no lo parezca por el bello juego de espejos que la respalda; el baile coral que encabeza Richie (Daniel Délyon), el personaje que se define como “negro” y punto, una maravilla; las dos intervenciones vocales de una afinadísima Diana (Estíbalitz Ruiz) y, por supuesto, el número final que todos estamos esperando.

Magistral también, y muy especial, la escena en la que Zach y Cassie sacan a la luz todo su pasado y trapos sucios mientras que los bailarines, en un discreto segundo plano y casi sigilosamente, parecen acompañarles de fondo en cada una de sus reflexiones. ¡Qué delicadeza!

Hay, avanzada la obra, una más que interesante reflexión de todos los personajes acerca de la dificultades de la profesión cuando surgen en ellos las dudas a partir de un accidente que deja a uno de los bailarines fuera de combate. Un interrogante sobre si merece la pena tanto esfuerzo y dedicación al arte que la preciosa voz de Diana termina por aclarar del todo: “lo hice por amor”. No se hable más.

Y una última reflexión, para terminar, sobre la importancia del trabajo en equipo, porque de lo que al final se está hablando aquí es de eso, de un coro formado por diecisiete personas distintas, cada cual de su padre y de su madre, cada una con sus problemas, sus alegrías y sus miserias, sus imperfecciones como seres humanos que son, pero que todos juntos, solo todos juntos, son capaces de alcanzar lo que andamos buscando desde el principio: el número final de A chorus line o, lo que viene a ser lo mismo, la jodida perfección.

A chorus line

https://www.achorusline.es/

Teatro Calderón de Madrid

Una producción de Antonio Banderas, Teatro del Soho CaixaBank y John Breglio

Concepción, dirección y coreografías originales: Michael Bennett

Libreto: James Kirkwood, Nicholas Dante

Música: Marvin Hamlisch

Letras: Edward Kleban

Co-coreografía: Bob Avian

Reposición de la dirección y coreografía originales: Baayork Lee

Codirección: Antonio Banderas

Dirección musical: Pau Baiges

Reparto: Manuel Bandera, Angie Alcázar, Lucía Castro, Alex Chavarri, Aaron Cobos, Anna Coll, Fran del Pino, Daniel Délyon, Sonia Dorado, Roberto Fracchin, Víctor González, Bealia Guerra, Pep Guillem, Fran Moreno, Ivo Pareja-Obregón, Estíbalitz Ruiz, Lorena Santiago, Sarah Schielke, Cassandra Hlong, Javier Cid, Daniel Garod, Ariel Juin, Juan José Marco, Graciela Monterde, Lucrecia Petraglia, Aida Sánchez, Tomy Álvarez, Flor Lopardo, Marcela Nava, Joan López-Santos, Fernando Mariano.     

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *