Alejo Sauras es un Edipo eternamente joven, entre fantasmales designios

Por Horacio Otheguy Riveira

Edipo. A través de las llamas de Paco Bezerra en el texto y Luis Luque en la puesta en escena es una revelación. Un clásico sin vestigios de clasicismo: contradicción y elipsis contemporánea que ahonda en un viaje extrasensorial para que los míticos personajes cobren una forma de extraño dinamismo y singular belleza plástica. Como siempre en las obras de Bezerra, su texto es un poema inclasificable que cobra vida en manos de la dirección escénica, desde hace ya muchos años a cargo de Luque: se entienden de maravilla y en este caso, la función cobró un resplandor largamente ovacionado llenando todas las funciones en el reciente Festival de Mérida, ahora adaptada la espectacular representación al más íntimo escenario del Teatro Español.

El universo fantasmal de todas las criaturas se presenta en un juego audiovisual fascinante: cuerpos que deambulan por una eternidad que se presenta diáfana, entre máscaras y colores coreografiados y musicados para que un ámbito paradisiaco se convierta en infernal y finalmente ni lo uno ni lo otro, lanzados al vértigo de un espacio único donde el bien y el mal se confabulan en decisiones humanas que han de aprender a luchar contra la maldición de alguna clase de destino.

Como un ballet, es también puro teatro. Una preciosa teatralidad se enfoca directamente a la peculiar presentación de una juventud reñida con las edades de la obra original de Sófocles, y de hecho no es este Edipo una libre versión de aquélla, sino una recreación conceptual para una creación intensamente poética. Con hipnótica coreografía de Sharon Fridman, todo su periplo en el amor ferviente por una mujer, sin saber que es su «prohibida» madre, y necesidad de lucha por la justicia para su pueblo, el bello muchacho recorre el sinuoso camino a ciegas, tropezando una y otra vez con un sinfín de preguntas.

Un espectáculo que crece en la imaginación de los espectadores, transformándose en el caudal riquísimo de aventuras y misticismo, de vértigo sobrenatural y fabulosa estética… tras el logrado éxtasis de toda la compañía…

Edipo.- Lo cierto es que ignoro, completamente, en dónde estoy.
Yelmo.- La región está maldita. Una bestia la tiene herida de muerte.
Edipo.- ¿Una bestia? ¿Qué clase de bestia?
Yelmo.- La llaman la Esfinge, por nombrarla de alguna manera, ya que no es seguro que tenga forma de algo.
Edipo.- ¿Por qué? ¿Nadie la ha visto?
Yelmo.- Sí, pero los que lo hicieron no volvieron para dar testimonio.
Edipo.- En ese caso preferiría seguir mi camino.
Yelmo.- No viniste al mundo para recorrerlo…

Muchos aciertos innovadores como un Tiresias que desde su ceguera lanza sabiduría es aquí interpretado por la china Jiaying Li con sobretítulos y ráfagas de castellano. Joven y guapa Julia Rubio está a cargo de la muy temida Esfinge, y Mina El Hammani es una Yocasta con poco brillo, y excesivamente discursiva, que sin embargo alcanza grandeza en el tramo final.

De un reparto de irregulares cualidades, el protagonista se lanza a un más difícil todavía. En efecto, Alejo Sauras, se enfrenta a un personaje trágico desde la semidesnudez del comienzo al impactante cierre, lo hace con rica modulación desde la inocencia absoluta con que surge su personaje hasta la desesperación final. Logra poner de pie al público con un emocionante monólogo.

Hay una suerte de artificio generalizado en la puesta en escena para subrayar cuanto de fantasmagoría tiene el Edipo que exhiben. No siempre las interpretaciones están a la altura, pero finalmente el potencial embriagador de la propuesta consigue su objetivo.

Asier Tartás Landera, maestro de máscaras, ha logrado un trabajo formidable, ya que las expresiones conseguidas transmiten tensas emociones tras la apariencia de inmovilidad.
Una esfinge atípica rodeada de amorfos humanos en un círculo perverso al que Edipo ha de enfrentarse. A cargo de Julia Rubio, el temido monstruo es tan atractivo como voluptuoso.
Brío, belleza y sensualidad en los protagonistas: Mina El Hammani y Alejo Sauras.

 

… un día, para nuestra sorpresa, descubrimos que no por ser inocentes dejamos de ser culpables; que no por ser víctimas dejamos de ser verdugos; y que no por ser la presa dejamos de ser el cazador. Sí, se puede ser la cara y, a la vez, también se puede ser la cruz de una misma moneda, y la prueba está aquí, la prueba soy yo. Yo, que, tras descubrir que soy el veneno, resulta que, también, soy el antídoto; yo, que, tras
descubrir que soy la tormenta, resulta que, también, soy la calma; yo, que, tras descubrir que soy el problema…resulta que, también, soy la solución…

 

Autor: Paco Bezerra

Dirección: Luis Luque

Con: Jonás Alonso, Mina El Hammani, Álvaro de Juan, Jiaying Li, Alejandro Linares, Andrés Picazo, Julia Rubio Alejo Sauras

Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Diseño de vestuario: Almudena Rodríguez Huertas

Composición música original: Mariano Marín

Diseño videoescena: Bruno Praena

Diseño de escenografía: Monica Boromello

Coreografía: Sharon Fridman

Asistente de coreografía: Arthur Bernard

Maestro de máscaras: Asier Tartás Landera

Residencia de ayudantía de dirección del Teatro Español: Víctor Barahona

Fotografías: Jesús Ugalde

Una coproducción de Festival Internacional de MéridaPentación Espectáculos y Teatro Español

TEATRO ESPAÑOL. SALA PRINCIPAL. HASTA EL 31 DE OCTUBRE 2021

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