Tierra De Dios

Por Rafa Mellado

Anteriormente en Culturamas, la crítica por Jordi Campeny del filme Ammonite proponía una sesión doble junto con el largometraje debut del director. “Francis Lee, su director, confirma aquí el talento que ya mostró en su melodrama gay Tierra de Dios (2017).” (Sic.)

Free cinema y Brokeback Mountain, sin los prejuicios y la hipocresía social de fondo de su referente. Ópera prima ensalzada por la crítica, que tiene sus defectos, pero que por ello no deja de ser interesante. Tomémosle la palabra a Campeny para una sesión doble en pantalla grande y veamos de qué va la peli

Va de un mozo (Josh O’Connor) que toma el obligado relevo en las faenas de la finca familiar, cuando él es más de curdas y de sexo casual. Cuando conoce a un apuesto temporero extranjero (Alec Secareanu), que le cambiará la vida. La típica historia romántica, pero entre muchachos de campo de pocas palabras. Con las tareas y los problemas comunes con el ganado, y no mucha higiene. Vamos, que después de ir a pelo y retozar en el pasto con excrementos, lo del condón que descubre la abuela es una licencia poética, que su director y también guionista nos podía haber ahorrado. Cómo si las señoras de campo no se enteraran de la misa.

Pero volviendo al asunto del filme, éste cuenta lo difícil de enamorarse allí. El sitio está aislado en el norte de Inglaterra, y no puede uno alejarse y desentenderse de las bestias así como así. Por eso somos como somos, las personas, lo hemos mamado de criajos, habemos crecido de la tierra. Una tierra abandonada de la mano de dios, pero vista con orgullo.

La tierra de Yorkshire ha encontrado quien la mire y la vea sin maquillajes. Un poeta que la diga, no que la cante, no que la ensalce, que la diga, la ame. Toda la película: un acto de amor y de esperanza hacia esa tierra, por el entonces novel director Francis Lee. Al que no le emociona la música (le alabo el gusto), y pone sus orejas y las del espectador en los sonidos naturales, y en lo que estos evocan. Preciosos paisajes sonoros en un amable y bonito relato sobre la aceptación de uno mismo y de los demás.

Cine romántico con mayúsculas: eso falla, o no. Según te guste el género. Si te gusta irás varias veces a verla sin cansarte. Si no te gusta, mejor te comes un bocadillo tranquilamente fuera de la filmoteca.

Habría sido una estupenda trama secundaria en otra película, no sé, quizá con algo más de conflicto, no solo el generacional y el interno del protagonista. Más barreras que se sucedieran, aparte del ganado que muere, del miedo al compromiso, la supuesta incomprensión de la familia, o los ictus cerebrales del padre… Cosas, detalles, que faltan en un guion muy ópera prima. Por lo demás tiene una solvente puesta en escena, una fotografía que solo tropieza en la posproducción de color (hay primeros planos donde se han virado horriblemente los brillos y las sombras), además de una correcta dirección de actores, incluso en escenas complicadas, por lo que exponen.

En general, una visión delicada sobre lo humano y la naturaleza. Lo único imperdonable es que le pongan la piel de un cordero muerto a otro, para que la oveja lo adopte, y que después de desollado no se coman al cordero. Como si el hombre de campo viviese de sopas de curry.

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