La mujer del espía (2020), de Kiyoshi Kurosawa – Crítica

Por José Luis Muñoz.

La mujer del espía parte de una trama de espionaje aunque va más allá del género y se centra más en la vertiente sentimental de la historia que en la intriga que suele acompañar al género. La película está ambientada poco antes de la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial, cuando la potencia nipona invadió Manchuria en lo que sería el inicio de una guerra despiadada contra China de la que hay escasos testimonios cinematográficos más allá de la espléndida película Ciudad de vida y muerte de Lu Chuan sobre las matanzas de Nanking. Yusaku Fukuara (Issey Takahashi), director de una compañía comercial de Kobe, tiene en su poder unos negativos tomados clandestinamente que atestiguan las atrocidades cometidas en Manchuria y quiere hacerlos llegar a Occidente para denunciar a su país. Tras muchas dudas y un amago de traición, su esposa Satoko (Yú Aoi), se hace cómplice de su marido. Yasuharu Tsumoni (Masahiro Higashide), amigo de Yusaku y pretendiente frustrado de Satoko, se hará cargo de una investigación implacable para hacerse con los negativos.

Con una puesta en escena elegante y demasiado fría, Kiyoshi Kurosawa aborda este film de espías que, en realidad, bajo esa capa, gira en torno a la lealtad, la de una esposa dubitativa entre el deber patriótico, en una época de efervescencia nacionalista, y la fidelidad conyugal, venciendo finalmente ésta. La mujer del espía está rodada mayoritariamente en interiores, y cuando lo hace en exteriores se hace evidente la escasez del presupuesto (la esposa va a tomar un barco en el puerto de Kobe y no hay ni un solo plano del puerto, del mar ni del buque sino de la estación marítima, por poner un ejemplo que no es el único).

El film del director japonés recuerda en muchos momentos la ambigüedad de algunas de las mejores películas de Alfred Hitchcock (Sospecha, por ejemplo) en la descripción de esa desconfianza latente entre marido y mujer: él, que no quiere revelar el secreto de esos rollos que guarda en la caja fuerte porque no confía en ella; ella, vencida por la curiosidad, que quiere a toda costa saber de qué se trata y, en uno de los momentos, hasta denuncia al marido a su antiguo pretendiente y ahora policía militar Yasuharu Tsumoni.

Le falta pasión, fuerza narrativa, dramatismo y hasta crueldad (los interrogatorios policiales a que someten a los sospechosos la policía son de guante blanco) a este melodrama con final romántico abierto que no termina de funcionar quizá también por el hieratismo interpretativo de sus actores principales y que falla en algunos detalles nimios (se oye ruido de lluvia, en una de las escenas exteriores, pero realmente no llueve en la calle), que si el espectador advierte es que algo no funciona, o simplemente que no se mete en la película.

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