«Motivos fuera del tiempo: las ruinas», de  Martín Rodríguez-Gaona

Por José Ángel García Caballero.

Una aproximación.

Venecia y Orfeo como metáfora de la fragilidad de la belleza. Eurídice como fuente de palabras y palabra incomprendida. Proust y las certezas perdidas. Hölderlin y la locura verdadera… Con todo ello dialoga Martín Rodríguez-Gaona (Lima, 1969) en su último poemario, Motivos fuera del tiempo: las ruinas (Pre-textos, 2020), una forma de dialogar con el alma de la cultura europea, de su educación sentimental. Un proyecto ambicioso, donde el poema experimenta diversas posturas: prosa, aforismo, verso libre, a veces un planteamiento ensayístico.

Todo ello para emprender un viaje poético alrededor del concepto de belleza. «Un error, no cabe duda, que lega a la memoria espléndidas ruinas». Así acabará el primer poema, que nos propondrá abrir caminos en el recuerdo de los paisajes visitados y conversar con esas ruinas, esos restos que han quedado, que, al igual que percibiera Jean Yves Jouannais en su obra El uso de las ruinas, nos dejan un espectro maravilloso de diálogo.

El caleidoscopio que atraviesa Rodríguez-Gaona visita tanto a personajes de la mitología. clásica, como a clásicos de la memoria literaria: Benjamin, Proust, Cervantes, Höderlin. Mostrándonos un monumento multiforme, con rendijas, grietas, fisuras, que abren puentes hacia magníficas palabras. En ese sentido, la variedad de referencias culturales que encontramos a lo largo del poemario está muy bien justificada. Sus sesenta poemas abren puertas, miradores hacia la educación sentimental de occidente: «Buscando siempre en los espectros / de las cosas / una ventana hacia la luz / que probablemente no existe»

Porque la búsqueda siempre es un ejercicio inconcluso, pues como nos dice el poema Mnemosine: «La memoria es también movimiento, / una súbita sensación de inasibilidad / e incertidumbre».

La memoria como espacio donde habita lo bello y su desgaste, ese espacio capaz de evocar desde el instante vivido. “Eres un largo poema de amor / escrito a partir / de un desamor constante”, nos dirá en EINBAHNSTRAßE, esa calle de único de sentido por la que crecen los recuerdos.

El libro no está dividido en partes, ni formalmente ni temáticamente, como no lo podría hacer una panorámica de la historia. Entramos en él como en una ciudad desconocida, y poco a poco establecemos relaciones con las voces y caracteres de sus habitantes, para darnos cuenta de que esos nombres, esos ritmos responden a nuestras voces interiores.

Si bien, las referencias a Hölderlin y al mito de Orfeo y Eurídice sean de las más importantes del libro, complementándose de alguna manera. En Brot und wein (en referencia al celebre Pan y vino del alemán) escribe: «Dame la paz para perdonar / a la belleza / que nada perdona». Y ese es el motivo central del libro, la condición de ruina de lo bello. Como en Rilke, «la belleza no es nada sino el comienzo de lo terrible».

Y así los poemas de este libro interaccionan con la pérdida y con el deseo, insistiendo en el canto como Orfeo, pero con esa inevitable pulsión humana de mirar hacia atrás. Lo bello es efímero, frágil. Mejor no pensar en resultados concretos, como en este poema:

 

Gestión de memoria y olvido.

El recuerdo es un campo de minas. Apenas

cicatrices y secretos. Sensaciones

que no quieren desaparecer.

 

Nos une el acto de alcanzar

otro estado de conciencia

antes que algún resultado específico.

 

Pero toda esta interacción en este siglo XXI se produce al auspicio de los dioses de la sociedad de consumo. De ello es consciente el poeta peruano, un recorrido excelente a través de nuestra actualidad lo traza el poema «Manifiesto inmaterialista». Veamos unos fragmentos:

 

Toda libertad se diluye en una ilusión socialmente

impuesta: los bienes de consumo forjan la red de signos

que nos confiere una identidad.

 

Productivo es aquello que posee

capacidad para crear deseo.

 

La pérdida de Eurídice es la pérdida de Walter Benjamin, es el tiempo evocado de Proust, los naufragios que canta la sociedad de consumo a través de la música pop. Animales de deseo, huérfanos de abrazos. «Quiero decir tu nombre / al final del día», le dirá el poeta a Benjamin, porque «Las palabras viajan y tú viajarás, eternamente, en las palabras», le dirá a Eurídice poniendo voz a los labios de Orfeo.

Es esa la vida del poeta, su ambición, viajar en las palabras buscarlas, ese es el más vivo deseo, la más bella locura. Así despide este bello, intenso y poliédrico libro, firmando como Hölderlin en El espíritu del tiempo: Humildemente, Scardanelli.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.