Miedo al miedo

F. JAVIER CLAVERO CHAMPASAUR

“La inacción cultiva el miedo. La acción cultiva la confianza y el valor. Si quieres conquistar el miedo, no te quedes sentado en casa pensado sobre éste. Sal y ocúpate”, Dale Carnegie.

El miedo  al miedo es el peor de los miedos  —preparaos para ver unas cuantas veces escrita la palabra “miedo” porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre y en ocasiones los sinónimos, que sí, que son un recurso literario para no repetirse, no sirven, simplemente desvirtúan y descafeínan lo que uno realmente quiere decir—. Vayamos con ello…

Es curioso como la mente en ocasiones es maestra, otras amiga y en más de las que imaginamos es nuestra peor enemiga, para muestra un botón. El más infame de los miedos es creado en nuestra mente y si no decimos basta, es alimentado hasta convertirse en ese monstruo que puede destruirnos a base de pensamientos. Claro ejemplo y, opino que obra maestra, la película: “Un monstruo viene a verme” de Juan Antonio Bayona.

El coraje cuando el miedo aparece no es resistirse a él con uñas y dientes, ya que si alguien aspira a la ausencia del mismo, puede ir rindiéndose y arriando la bandera blanca. El miedo siempre estará con nosotros, hasta el último suspiro. Dejemos que este o estos existan, nos visiten y nos acompañen. Reaccionar resistiéndonos tal vez no sea lo más adecuado, y sí tratar de “conquistarlo”, convertirlo en un aliado que sea puente, trampolín —o lo que quieras imaginar— para que nos motive e impulse a…

Recuerda solo hay una cosa que vuelve imposible un sueño y es el miedo al fracaso que no es más que miedo al miedo. Cuantos de nosotros en más de una ocasión hemos soñado, armado ideas y unido estrategias que por miedo al fracaso , es decir, a no ser capaces de llevarlas a buen término, las hemos relegado al nivel de fantasía y con los días han, incluso, desaparecido de nuestro horizonte quedando en el más absoluto olvido.

Y ni que decir tiene de los que por miedo a perder lo que tienen ni siquiera lo disfrutan, no saborean las mieles del éxito, ya que por ese miedo al miedo, no solo lo ven como efímero sino que temen que si se dan un respiro, se lo quitarán o desaparecerá de sus narices. En cualquier caso y por no desmerecer siempre al miedo este también nos sirve como una advertencia, se dispara la alarma de que hay algo que no va bien pudiendo ser alrededor tuyo o por el contrario en tu interior… Y esto no siempre es fácil determinarlo. Se necesita profundidad, seriedad, disciplina no exenta de un buen auto conocimiento. Tomarlo como una señal de que algo no va bien, algo ha de cambiar —mejor dicho tienes tú, que cambiar—.

Un secreto, llámalo antídoto o como mejor te acomode: El amor espanta al miedo, cuando amas lo que haces, amas lo que te sucede, amas lo que te envuelve y a quienes te rodean; al miedo le es muy difícil colarse dentro de ti, tus compuertas están cerradas y selladas. Encuentras lo bello, lo positivo de las cosas y de las personas. De esta manera es complicado que el miedo te domine, hasta en él encontrarás un aprendizaje que te ayudará a seguir, con una sonrisa en la boca y en el alma.

Me gustaría terminar con una reflexión que sirva de aviso, a navegantes: Aquellos que tienen miedo al miedo: Pagamos caro lo que conseguimos y tememos aunque no sea más que con el miedo a perderlo.

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