Crane y Lorca

Por Antonio Costa Gómez.

Que sí, que Hart Crane y García Lorca tienen mucho en común. ¿Qué vas a decir, que los dos eran homosexuales? ¿Que los dos murieron jóvenes? ¿Que los dos en el fondo eran solitarios? También puedo decir que los dos fueron malogrados. Pero sí, déjate de chorradas, tenían mucho en común.

Crees que se oponían. Para uno Nueva York era horrible. Para otro, era el entusiasmo. Pero los dos crearon sus mitos, y les dieron pasión personal. Los dos hicieron paradojas. Crane mezcló la fuerza de Nueva York y del puente de Brooklyn con la fuerza de los indígenas y de los montes. Lorca mezcló el mito de los gitanos con las locuras del surrealismo. Pero los dos fueron surrealistas, apasionados.

Para uno Brooklyn era el dinero, la medida. Para otro Brooklyn era el sueño, el entusiasmo. Los dos creían en una libertad desaforada. Los dos ambicionaron más de lo que pudieron. Crane quiso hacer la gran epopeya de Brooklyn. Lorca quiso levantar el gran símbolo de los gitanos.

Pero déjate de chorradas, los dos son trágicos. Los dos oponen la vitalidad desgarrada a la muerte. Los dos levantan dos mitos, porque los mitos son la vida. La gente se empeña en desmitificar, pero lo que hay que hacer es desmitificar, como decía Sábato.

Compara el Romancero gitano y El puente. En el primero está el “verde que te quiero verde, / verde viento, verde luna”. Y en el segundo está el puente que es un arpa y un altar, que es una locura encima del río Hudson y el mar. En los dos está el verdor y la música, el surrealismo y la leyenda. En los dos vibra un sueño que no tiene acomodación. El arquitecto algo salvaje se alía con las leyendas de los Alleganys de ensueño, como diría Rimbaud.

Los dos tenían algo de Rimbaud, de la locura insaciable de Rimbaud. Los dos inventaron poemas embriagadores y trágicos. Para uno es el puente que simboliza todos los puentes sobre los vértigos, para el otro son los caballos en las montaña y los marineros en el mar. Los dos se enfrentan al vértigo. Aunque los dos le llamaran con nombres contrarios a la misma cosa. Nueva York exaltaba a Hart Crane tanto como las olas del golfo de México al que se arrojó, Nueva York era el infierno del dinero para Lorca que encontraba el dinamismo en los montes de Granada. Pero esos malentendidos se eliminarían con un buen lingotazo en el pub donde bebía Dylan Thomas.

Pero a Lorca lo leen mucho y a Crane apenas lo leen. Pero los dos son muy solitarios, te lo digo yo. Lorca en el fondo es un maldito, como escribió Francisco Umbral (Umbral muchas veces sabía lo que decía). Porque no lo comprendieron mucho. Cuando se habla mucho de un poeta en el fondo nadie lo conoce. Ya lo decía Rilke. Lorca era un solitario incomprendido. Se perdió en los campos de Granada. Y Crane se perdió en el golfo del Caribe.

Si los escuchas bien, los dos suenan parecido, te lo aseguro.  Pero qué dices, Lorca adapta las formas populares. Mucha gente lo repite, pero no se fija en lo que dice. Crane busca un verso épico, disparado. Intenta hacer una epopeya, pero se queda en una lírica ambiciosa. Su gran poema sobre América, como un Whitman taladrado, se le rompe en trozos.

Pero los dos tienen un toque desolado. En los dos hay oscuridades, cauces ocultos, madrugadas remotas. Uno se entusiasma con el puente de Brooklyn, pone en él mil significados. El otro se entusiasma con los gitanos. Pero los dos fracasan.

De todos modos yo estuve en el puente de Brooklyn. Y no lo olvido. También estuve con los gitanos. Y creo que quieren «aculturarlos». Nuestra civilización actual quiere homogeneizarlo todo. Le llaman progresismo a nivelarlo todo.

El puente de Brooklun salta. También los gitanos saltan. Es curioso como diciendo lo contrario pueden en el fondo decir lo mismo.  Di lo que quieras, pero a mí me tienen un sabor parecido. Y seguro que se hubieran entendido. ¿Por qué no imaginas que se conocieron en el barco en que Lorca iba a Cuba? O mejor ¿por qué no imaginas que se conocieron en La Habana?

Pero hubiera sido mejor que Crane hubiera invitado a Lorca a un antro de jazz en el Village. Qué clase de gilipollas guio a Lorca por Nueva York. A pesar de todo Lorca vio el Nueva York de los académicos o de los comerciantes. No se enteró completamente de lo que era Nueva York.

Pero los dos vivieron la poesía. Y murieron por ella. En el fondo a Lorca lo mataron porque era un poeta. Los cuadriculados en forma de cuchillo no pueden soportar a los que viven como poetas. Ser poeta es indecente e inmoral.

Está muy bien, has unido los dos nombres. Los nombres a veces se unen, se hacen amantes. Tienen afinidades insospechadas. Mira a ver qué te dice algún lector que te lea de verdad. Que los haya leído de verdad a los dos. Lorca parece muy popular, pero en realidad es un maldito. Ya lo dijo Francisco Umbral. Crane es claramente un maldito, pero quiso ser popular, hacer una epopeya para millones de personas.

Seguro que se harían amigos, te lo digo de verdad. Algunos versos de Crane suenan tan trágicos como los de Lorca. Y los dos suenan tan vitalistas, tan trágicos. Y los dos estaban tan vivos. Imagínalos morreando en un barco, o que morreen sus poemas. Lee un poema del uno y después lee un poema del otro. Te darás cuenta de que tienen tanto en común. América, los gitanos, todo es un sueño. Nueva York en negro o Nueva York en blanco.

No sé, no me acaba de convencer. Pero tú sigue con tus paralelismos locos. Sigue encontrándole paralelismos a la vida consigo misma, sigue inventado puentes sobre el vértigo igual que Lorca inventaba montañas. Crane se tiró al mar porque fracasó, a Lorca le tiraron un tiro porque lo fracasaron. Siempre hacen fracasar la vida. Igual que les pegaron un tiro a los dos que viajan en moto sin límites en “Easy Rider”. Igual que matan a los poetas cada mañana.

Lorca parece muy manido, demasiado recitado, y sin embargo a veces te deja espantado. Crane parece demasiado para el espanto, pero a menudo sus versos se te quedan pegados. Sí, los dos se te quedan pegados. Tú imagínalos a los dos en un barco. Y verás, con la visión de la poesía, el Nueva York soñado por Crane no se diferencia tanto de los montes de Granada soñados por Lorca. Y Antoñito el Camborio le daría la mano a un líder sioux de Hart Crane. Es lo que tiene la poesía. Los poetas se entienden en todas partes, y en todas partes los matan. Qué coño importan los nombres. En todas partes los recitan y en ninguna parte los creen.

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