El Código de Hammurabi y la sociedad babilónica

por Kika Sureda

Hammurabi fue el sexto monarca de la Dinastía I de Babilonia. Conocemos su persona gracias a la abundante documentación escrita de la época, procedente de los archivos de Babilonia y Mari. Se ha erigido en la figura principal de la Historia de Mesopotamia. Con el reinado de Hammurabi asistimos a un cambio de rumbo de la Historia. Su carácter prudente y tortuoso a la vez, con una actuación política caracterizada por saber esperar, dejando a sus enemigos que desgasten sus fuerzas y ahorrando las propias, aguardaba el momento oportuno para golpear, eran entre otras, sus virtudes. Su finalidad era la grandeza del Estado, y para alcanzarla no reparó en medios. Su programa estaba establecido por etapas, alternando las campañas militares, la acción diplomática, reformas y trabajos interiores e incluso traiciones.  Su obra, el estado babilónico, es la primera construcción política estable en la historia mesopotámica. La monarquía babilónica sobrevivirá hasta el siglo VI antes de nuestra era. El reinado de Hammurabi (c. 1792-1750) empezó en una época difícil para Babilonia. Rim-Sin de Larsa y Shamshi-Adad I de Assur, eran dos caudillos militares que ejercían su poder en Mesopotamia.  El transcurso de los acontecimientos hacía pensar que era todo más favorable para ellos que para Hammurabi. Sin embargo, inteligentemente, Hammurabi durante los primeros años continuó la política de su padre Sinmuballit, fortificándose y realizando los preparativos para la guerra. En 1786, estalló la guerra contra Rim-Sin, la cual acabó con la toma por parte de Hammurabi de los sitios de Isin y Uruk. Después tomó Tigris (1783) y el norte del país de Akkad (1782), aprovechando las luchas producidas después de la muerte de Shamshi-Adad I. Una vez acabadas estas contiendas vino un largo período de calma, en la cual el rey babilónico aprovechó para fortificarse y para poner a punto una vasta política de alianzas. Se constituyeron dos coaliciones en Mesopotamia, por un lado los países del Tigris y por otra los del Éufrates, desde Babilonia hasta Alepo. La coalición del Éufrates tuvo excelentes efectos en la economía, abriendo una ruta comercial directa entre la costa del Mediterráneo y la del Golfo Pérsico. Mari fue una de las más favorecidas con este acuerdo, ya que se encontraba situada en el punto intermedio de esta ruta. Gracias a ello vivió años de máximo esplendor. En cambio, en los archivos de su palacio real, se encuentran anotadas las inquietudes y preocupaciones del rey Zimrilim, tales como la amenaza de la coalición del Tigris, especialmente la animadversión de Eshnunna hacia Mari; la movilidad excesiva y poco pacífica de los grupos semitas nómadas y seminómadas que se desplazaban al Golfo Pérsico, la zona de Siria y Palestina. Esto último hacía peligrar las poblaciones sedentarias. La abundante documentación encontrada en los archivos de Mari, han dado a conocer las costumbres de estos nómadas y se han podido comparar con el modo de vida y los desplazamientos del clan de Abraham, llegando a la conclusión de que el parentesco es tan estrecho que se puede hablar de un mismo fenómeno. Los relatos de los archivos nos dan un punto de vista desde la población sedentaria y el relato bíblico otro desde los nómadas. Pero ni la coalición del Tigris ni los ataques de los nómadas fueron los que acabaron con el reinado de Zimrilim y con la independencia de la ciudad. No se pudo evitar el estallido del conflicto entre las dos coaliciones, y de nuevo ganó Hammurabi y sus aliados. Los elamitas, los asirios, Eshnunna y los pueblos y ciudades de los Zagros, fueron los primeros derrotados. En 1763, Rim-Sin fue vencido también. En 1762 Hammurabi se proclamó «rey de Sumer y de Akkad» y en 1759 atacó Mari. Este hecho parece que puso punto y final a las operaciones de conquista de Hammurabi. A partir de entonces la paz se acabó, sistemáticamente se veía obligado a sofocar las revueltas que no cesaban. Mari fue la primera ciudad en sublevarse y ser destruida. Después vino Asiria. La pacificación del reino terminó sólo tres años antes de su muerte. La mayor obra de Hammurabi no fue su acción bélica de conquista, sino su obra legislativa, el famoso Código de Hammurabi. El Código de Hammurabi no tiene fecha exacta de promulgación. Puede incluso que existieran varias redacciones del mismo. Está grabado en una estela de diorita, parece datar, en todo caso, hacia el 1755, a juzgar por la alusión a hechos históricos concretos. No es una formulación de todas las leyes en vigor, sino una compilación de leyes necesitadas de modificación o confirmación, a las que se añaden leyes de nueva promulgación. Tampoco es una enumeración ordenada y coherente de todas las leyes vigentes. Supone el conocimiento de las anteriores compilaciones de leyes, en particular la de Ur-Nammu de Ur y la de Lipit-Ishtar de Isin. Su importancia estriba en que es un compendio unificado de legislaciones existentes, y en haber sido impuesto en todos los pueblos del Imperio. Se establece como un modelo de jurisprudencia. El Código de Hammurabi, no pretendió transformar el orden ni promover el progreso social, sino tan solo reglamentar y garantizar el cumplimiento del orden establecido. Revela cual es ese orden y la estructura de la sociedad. La población se dividía en tres clases sociales, cada una de ellas con derechos y deberes proporcionados: la clase elevada o de los señores, el pueblo y los esclavos. Los señores tenían mayores derechos que el pueblo, pero también mayores deberes. El pueblo veía protegidas sus posesiones por una legislación especial que preservaba la pequeña propiedad y la defendía de los abusos de los señores. En cuanto a los esclavos, eran considerados como seres inferiores, de los que se podía disponer como si de un bien se tratara. Aún así, no eran sólo cosas y tenían cierta personalidad jurídica reconocida en el Código. El número de esclavos era bajo, por tanto, no se puede considerar a la sociedad babilónica esclavista. La gran masa de trabajadores, estaba constituida por hombres libres, tanto agricultores como artesanos. Cabe destacar que la familia babilónica se basaba en la monogamia, aunque atemperada por el concubinato. El matrimonio, el divorcio, las adopciones y los testamentos, así como la capacidad jurídica de la mujer y la posibilidad de los esclavos para ser libres, estaban compilados de forma extensa en una complicada legislación. Lo más conocido, tal vez, en nuestra sociedad, sobre este Código, es la aplicación de la ley del talión entre personas de las mismas clases, y en penas pecuniarias en los demás casos. Hammurabi no tuvo tiempo de afianzar más conquistas, y sus medidas internas no fueron suficientes para poner remedio a la grave situación social. A su muerte fue sucedido por su hijo Samsuiluna (c. 1749-1712). La agitación en el Imperio Babilónico no había hecho más que empezar.

 

Para saber más:

BLANCO FREIJEIRO, A.: Arte Antiguo del Asia Anterior (2ª edición), Sevilla, 1975.

LARA PEINADO, F.: Código de Hammurabi, 2008

PIRENNE, J.: Civilizaciones Antiguas, Barcelona, 1976.

ROTH, M.: Law Collections from Mesopotamia and Asia Minor, 1995.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.