“Frente a frente“ con Manuel Outumuro

Por Jorge Mur.

Los primeros años de su infancia los pasó en una aldea de Ourense, rodeado de vacas y barro. Después, una vez instalado en Barcelona, descubrió que los caminos también pueden ser de asfalto, y se adaptó a la rutina del colegio. Allí, con el paso de los años, dominó el lenguaje de la arcilla y se convirtió en un buen dibujante. Ese buen hacer artístico lo llevó a formarse como diseñador gráfico. Colaboró con revistas e impartió clases, además de residir durante algunos años en Nueva York. Sin embargo, a comienzos de la década de los noventa del siglo pasado, Manuel Outumuro (1949) inició de forma autodidacta su andadura como fotógrafo.

Su talento, reconocido tanto a nivel nacional como internacional, se nutre de su conocimiento del barro, del modelado de éste, de elementos propios del diseño gráfico —como la línea y las proporciones— y, sobre todo, de un exquisito y depurado uso de la luz. Todos estos ingredientes, combinados con elegancia y maestría, están presentes en “De barro y luz“, una exposición que con motivo de una nueva edición de PHotoEspaña reúne, bajo las bóvedas estrelladas de la Lonja de Zaragoza, un centenar de retratos de personajes procedentes de diversos ámbitos, entre ellos el de la moda, el cine, la literatura o el deporte, que documentan una época a la vez que susurran los secretos de la mirada de Outumuro.

© Manuel Outumuro

¿Cuándo y cómo surgió tu interés por la fotografía?

Mi interés por la fotografía ha sido constante desde muy pequeño. Mis padres fueron una fotografía colgada a los pies de mi cama hasta que cumplí diez años y me fui a vivir con ellos. Soy hijo de una familia de emigrantes, me crié con mis abuelos en una pequeña aldea de la Galicia más profunda y rural. Los niños del pueblo crecíamos con los abuelos y las fotografías de nuestros progenitores, que nos llegaban de América, se convertían en iconos a los que adorar.

¿Qué elemento de la fotografía es el que más te atrae, ése que te apasiona sobremanera y que hace única a esta disciplina artística?

De la fotografía me atrae su poder evocador. La capacidad para fijar, documentar, potenciar y enaltecer el momento irrepetible en que fue disparada.

© Manuel Outumuro

Dices que la vida está hecha de dos elementos: barro y luz. El barro como la materia que define la forma del cuerpo y el rostro del sujeto, y la luz como alma, como espíritu. A la hora de enfrentarte a un nuevo retrato, ¿en qué proporción deben hallarse ambos elementos para lograr una fotografía que cautive al espectador?

Así es, estamos hechos de barro y luz. Creo que el gran secreto de un buen retrato es iluminar la materia moldeada, el físico del retratado. Hay que tener especial cuidado para que la luz infundida nunca atenúe la luz emitida por el alma del fotografiado.

¿Cuáles son los aspectos, técnicos o de otra índole, más complicados o desafiantes de las fotografías que realizas?

Los aspectos técnicos trato de olvidarlos. No soy un gran amante de las cámaras o de las técnicas fotográficas. A la hora de disparar me sirve cualquier artilugio, soy de los que pueden vivir sin cámara propia. Sin embargo, no podría hacer una buena fotografía sin ese momento mágico e irrepetible que proporciona una luz bien colocada y dosificada.

© Manuel Outumuro

Háblanos de la inspiración. ¿Dónde la encuentras?

Cualquiera de las llamadas Bellas Artes me puede producir impulsos que terminen convirtiéndose en fotografías: la evocación de un área o de una simple canción, las sombras que dibuja el sol en un edificio, una frase escrita magistralmente en una novela, una secuencia planificada e interpretada con talento, un movimiento de danza, las pinceladas de una pintura clásica o los trazos de un cuadro abstracto, etc.

¿Cuáles son tus películas españolas favoritas? ¿Y si salimos de nuestras fronteras?

“El espíritu de la colmena”, “Arrebato”, “La lengua de las mariposas”, “Mi vida sin mí”, “Volver”, “La librería” y muchas otras. En cuanto a extranjeras la lista sería interminable: desde clásicos como “Eva al desnudo”, pasando por superproducciones a lo “Blade Runner”, hasta piezas raras como “Los espigadores y la espigadora”.

© Manuel Outumuro

¿A qué lugares te escapas cuando necesitas desconectar y poner los contadores a cero?

En las afueras de mi pueblo (A Merca, Ourense), hay un prado llamado Paradela donde brota un pequeño manantial. Allí, en aquella charca rodeada de humedad, solía moldear barro cuando llevaba las vacas a beber. Es en ese preciso lugar donde siento una tranquilidad absoluta. Es allí, donde tumbado en la hierba, puedo mantener la mente inactiva, sin ni siquiera fuerzas para recordar aquella infancia tan feliz.

Si hubieras estado allí, con una cámara bajo el brazo, ¿a qué personaje del pasado te habría gustado fotografiar?

Aunque nunca he pensado en ello, se me ocurren unos cuantos fotografiables: Leonardo da Vinci con una Polaroid, para sorprenderle con un artilugio que seguro le fascinaría; Goya, por la oportunidad de intercambiar apreciaciones sobre el uso de la luz; Frida Kahlo por los estilismos que aportaría a la sesión, etc. Para no haber pensado nunca en esta lista, me vienen a la mente un sin fin de personajes apetecibles, el mundo siempre estará lleno de gente fascinante.

© Manuel Outumuro

Manuel Outumuro
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Exposición De Barro y Luz, una colección de retratos de Manuel Outumuro
Hasta el 10 de enero de 2021. La Lonja, Zaragoza.
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PhotoESPAÑA
Manuel Outumuro. De Barro y Luz
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