‘La mujer temblorosa’, de Siri Hustvedt

La mujer temblorosa

Siri Hustvedt

Traducción de Cecilia Ceriani

Seix Barral

Barcelona, 2020

238 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

De todos los miedos, el miedo a la locura es el más complicado de manejar. El miedo se reduce, básicamente, a la parte que desconocemos de nosotros mismos: a cómo será la vida después de un accidente, por ejemplo, o tras una muerte, porque no sabemos cómo reaccionaremos, cuál será el grado de tristeza o depresión, si seremos capaces de afrontar el resto de los días, si el dolor nos superará en potencia, si viviremos para siempre derrotados. Pero el miedo a la locura no se impone desde el exterior, proviene de nuestro propio cerebro; y no implica que seamos conscientes de la transformación, pues no dejaríamos de considerarnos nosotros mismos. La tenacidad por mantenernos cuerdos crea demasiada tensión, es tóxica para nosotros mismos y deberíamos permitirnos ciertas dosis de locura. ¿Qué le sucederá a nuestro cuerpo cuando nuestra mente no nos corresponda, no actúe con rigor, escape a nuestro control? Sobre esto trata esta obra de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955), un ensayo a partir de su propio cuerpo y del miedo a las consecuencias de los accidentes nerviosos, una obra fascinante, emotiva, erudita, profunda, lúcida, sincera, valiente.

“Todos hacemos extrapolaciones de nuestra existencia para poder entender el mundo. En el arte esto se considera una ventaja, pero en la ciencia se considera una contaminación”.

La cita preside la estrategia narrativa que Hustvedt mantiene a lo largo de todo el libro. El arte, la narración, que es su territorio, presenta lo particular para intentar hablar de algo universal. La ciencia habla de lo universal pretendiendo afectar al individuo. El libro contiene enseñanzas de varias ciencias: neurología, psicoanálisis, psiquiatría y filosofía. Aunque sólo una de ellas se considerará puramente científica, las otras ramas del saber cobran, en el pulso de la autora, la certeza de un debate científico, estableciendo puentes directos, casi evidentes, entre la ciencia y el humanismo, entre la biología y la humanidad.

Será algo que, a falta de otra palabra y en busca de definiciones, llamaremos histeria lo que da pie a que Hustvedt investigue sobre sus nervios: hablando en público comienza a temblar de una forma descontrolada, su cuerpo no responde, su cuerpo se vuelve loco y comienza a sentir miedo. El exorcismo vendrá a través de lo que ella ama: la literatura. Pero Hustvedt no nos aturde con su situación o su agonía particular; Hustvedt indaga en la historia e indaga en los ensayos que se han escrito sobre el tema, y nos presenta los resultados en un texto que parece escrito con continuidad, sin fisuras, sin digresiones, sin capítulos. Hay mucha erudición y hay mucha introspección. El trastorno de conversión, la histeria, o la afección que ella cree tener, nos lleva a un viaje por la historia de la medicina y por la situación actual acerca de su diagnóstico y tratamiento. Aunque todo surja con fluidez, vamos comprobando cómo a Hustvedt no se le escapa casi ninguna de las ramas del árbol de la inteligencia, considerando que si una de ellas se troncha, perderemos el todo: las emociones, los valores afectivos, la memoria, la imaginación, las ilusiones, los sueños, el dolor, la sinestesia, la empatía… La sensibilidad, sin la cual el cerebro no sirve para nada, si es que inteligencia y sensibilidad se pueden desgajar, y que es la principal herramienta con la que Hustvedt construye este libro. En definitiva, un ensayo sobre lo que somos, un ensayo que nos ayuda a convencernos de que sí es posible vencer al miedo, permanecer cuerdos mientras tratamos cordialmente a la locura.

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