Los cuentos de Thomas Wolfe

Cuentos

Thomas Wolfe

Traducción de Amelia Pérez de Villar
PÁGINAS DE ESPUMA

Por fin y por primera vez en español, los Cuentos de Thomas Wolfe, un clásico moderno y todo un vendaval de literatura.

La narrativa breve de Thomas Wolfe, leída como se puede hacer en este volumen, seguida y hasta el final, es incomparable e inclasificable, y sus cuentos reunidos constituyen un corpus titánico que contiene un universo único. Inabarcable –palabra que él utiliza tantas veces–, infinito, puro, virgen, salvaje y extraordinariamente humano.

Con la traducción de Amelia Pérez de Villar –garantía de cuidado, exigencia y calidad– se agrupan, por primera vez en español, en la edición más exhaustiva no solo sus cuentos breves –«El invierno de nuestro descontento» o «Chickamauga»– sino también las narraciones más extensas  –«El muchacho perdido» o «No hay puerta»– del escritor más químicamente puro que ha dado la literatura estadounidense, con casi sesenta textos inigualables. La trayectoria de Thomas Wolfe, envuelto en una personalidad única, conflictiva y adictiva, estuvo marcada por su escritura desbordante, la relación indispensable con su editor y su muerte prematura con treinta y siete años. Un vendaval de literatura.

Thomas Wolfe nació el 3 de octubre de 1900 en Asheville (Carolina del Norte). Fue profesor de inglés en la Universidad de Nueva York, entre 1924 y 1930. Su primera novela, El ángel que nos mira (1929), tuvo un éxito inmediato lo que le permitió dedicarse por entero a la literatura. Esta obra, autobiográfica, tiene influencias de los novelistas estadounidenses Theodore Dreiser, Sinclair Lewis y del irlandés James Joyce. La siguiente fue Del tiempo y del río, editada en 1935 y más tarde No se vuelve a casa (1940). El tema central de todas las obras es la búsqueda de valores por parte de un joven. Su escritura se caracteriza por su lirismo y se le ha comparado en ocasiones con el poeta estadounidense Walt Whitman. A pesar de que se le siguió leyendo, su obra no resultó ya tan popular entre los jóvenes de la época posterior a la II Guerra Mundial. Destaca también la colección de relatos De la muerte a la mañana (1935), Historia de una novela (1936), Las montañas de más allá (1941), Diario occidental (1951) y Escribir y morir (1964). Thomas Wolfe falleció el 15 de septiembre de 1938, en Baltimore (Maryland) de neumonía.

WILLIAM FAULKNER EN WASHINGTON & LEE UNIVERSITY EL 15 DE MAYO 1958

«“Bueno, ¿no tienes ninguna opinión sobre ellos?” Yo … le dije: “¿Opinión
de quién?” Citó a Wolfe, Hemingway, Dos Passos, Caldwell y yo. Los
califiqué primero a Wolfe, a mí segundo, a Dos Passos, Caldwell y
Hemingway. [Risa de la audiencia] No en lo que habíamos logrado, sino
solo en el terreno general que pude encontrar, que era el intento de
hacer más de lo que podíamos, en el fracaso. Califiqué a Wolfe porque
fue el fracaso más espléndido. Había hecho todo lo posible por
aprovechar toda la experiencia que era capaz de observar e imaginar y
ponerla en un libro, en la cabeza de un alfiler. Tuvo el coraje de
experimentar, de ser, de escribir tonterías, de ser tonto, de ser
sentimental, en el intento de derribar la única instancia conmovedora y
apasionada de la lucha del hombre».

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