El placer de recordar entre aplausos a Benet i Jornet y su «Sótano» en Madrid

Por Horacio Otheguy Riveira

Josep Maria Benet i Jornet (1940-2020) ha muerto en esta temporada de confinamiento y muchas muertes; estaba muy retirado, no solo de su pasión teatral y otras escrituras que desarrollaba con similar talento, sino de la propia existencia, por causa de la pérdida de memoria generada por la enfermedad de Alzheimer. Lo que he visto y leído suyo en Madrid es poco frente a su larga trayectoria en Cataluña como escritor, dramaturgo y guionista de televisión, pero sustancial para considerarle uno de los mayores creadores españoles, incluso en numerosas telenovelas.

Mi primer encuentro fue en 1980, debut del autor en castellano, y en el sacrosanto Teatro María Guerrero con Motín de brujas, dirigida por Josefina Molina e interpretada por un elenco excepcional que nunca más volvió a reunirse en un escenario: María Asquerino, Berta Riaza, Enriqueta Carballeira, Julieta Serrano, Carmen Maura, Marisa Paredes y un hombre a cargo de Luis Politti, un gran actor argentino exiliado de la dictadura entonces imperante en su país, y fallecido poco después en Madrid. La obra se estrenó en abril de 1980, y en mayo tuvieron que interrumpir las representaciones por la grave insuficiencia hepática que abrumaba al actor, quien falleció el 14 de julio a la edad de 47 años.

Luego, ya en mayo de 2008, tuve ocasión de aplaudir la versión de Benet de la novela La plaza del diamante, de Mercé Rodoreda. Fue una gran suerte ver la versión original sobretitulada, ya que fueron pocas representaciones en medio de un puente. El placer, inmenso. Gran equipo, respetando la larga duración de la función y los muchos personajes en un montaje inolvidable dirigido por Toni Casares con Silvia Bel en el ya clásico papel de Colometa.

Después vi Sótano dos veces, pero sólo he comentado esta versión, primera puesta en escena del gran actor Israel Elejalde, que aquí trascribo tal y como se publicó.

«Sótano»: alta tensión con Juan Codina

y Víctor Clavijo

Crítica publicada el 29 de mayo de 2014

Un desconocido llama a la puerta de un chalet. Está furioso porque casi le atropella un coche. El dueño de casa le tranquiliza y le ofrece una cerveza, luego otra. Entre ambos, la historia de una mujer ausente cuyo drama irá creciendo hasta dominar todas las emociones de los hombres y de los espectadores que les rodean.

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Víctor Clavijo (izquierda) es el visitante desesperado que viene a buscar algo que no se atreve a confesarse a sí mismo. Juan Codina es un amable anfitrión con temibles cartas bajo la manga.

Los espectadores somos visitantes de un drama en espiral protagonizado por dos excelentes actores que se las ingenian para componer sus personajes creando una cuarta pared donde a priori resultaría imposible. Ni por un momento se les despista la mirada al público que les rodea, que está encima de ellos, porque las butacas forman parte del mismo salón donde transcurre la acción.

Todo sucede en la inquietante intimidad de una obra de Josep Benet i Jornet —uno de los grandes autores españoles con larga trayectoria en Cataluña (muy poco representado en Madrid, Motín de brujas, La plaza del diamante…)— que se desarrolla con la precisión de un policiaco extremadamente preciso, entre diálogos que conforman un inquietante proceso que va de la información de datos concretos al inquietante ejercicio de la violencia como uno de los misterios —por momentos terroríficos— de las tensiones sexuales.

Entre estos hombres existe un tercer personaje del que se habla todo el tiempo, pero nunca aparece en escena: una mujer cuya personalidad y comportamiento va creciendo hasta que nos parece tenerla delante, vestida y desnuda, seduciendo y seducida, probando padecimientos ajenos para ver si es posible liberarse del suyo propio: amores despiadados, profesiones extrañas, igualmente crueles, a ratos generosas…

Alta tensión constante y hacia arriba, sin descanso, en una obra breve cuya riqueza expresiva resulta admirable y cuyos datos argumentales no conviene desvelar.

El actor Israel Elejalde (hasta el 22 de junio en el Español con Misántropo) dirige a Victor Clavijo (Carnaval, Llueve sobre Barcelona…) y Juan Codina (En la luna, Ejecución hipotecaria) y entre los tres se confabulan para una creación que supera la anterior puesta en escena en la que Israel interpretaba al visitante junto a Ramón Langa, dirigidos por Xavier Albertí, quien estrenó la función en Barcelona y luego la montó en Buenos Aires.

Para quienes la conozcan verán aquí otra obra, por la sencilla razón de que la intimidad del pequeño teatro genera en el espectador una emoción completamente distinta a la de una sala convencional. Las características físicas y los estilos de interpretación de estos actores transforma el apabullante suspense en un drama que se comparte como si  formáramos parte de la trama y quedáramos atrapados en el inesperado final.

Al comienzo de la representación se escucha la canción de José María Fonollosa y Albert Pla, Sufre como yo, cantada por este último en un estilo susurrado con un tono de voz andrógino. Su letra e interpretación introducen en la temible espiral de Sótano.

Se escucha en la oscuridad, y se queda para siempre.


Yo quiero que tú sufras lo que yo sufro
y aprenderé a rezar para lograrlo
yo quiero que te sientas tan inútil
como un vaso sin whisky entre las manos
y que sientas en tu pecho
el corazón
como si fuera de otro
y te doliera.

Yo te deseo la muerte
donde tú estés
y aprenderé a rezar para lograrlo

Yo quiero que tú sufras
lo que yo sufro
y aprenderé a rezar
para lograrlo

 

 

Sótano

Sótano

Autor: Josep Benet i Jornet

Director: Israel Elejalde

Ayudante de dirección: Toni García

Intérpretes: Juan Codina y Víctor Clavijo

Sonido: Sandra Vicente

Lugar: La pensión de las pulgas

Fechas: Hasta el 18 de junio 2014. Lunes, martes y miércoles a las 20 horas.

 

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