Por Sonia Rico
Continuamos con la lectura propuesta para este frío mes de enero en el Club: “Las ilusiones perdidas” de Honoré de Balzac.
El autor nació en 1799 en Tours (Francia) y era hijo de un funcionario quien se casó cuando contaba cincuenta años con una joven de veinte, que fue la madre de Balzac.
El 1814 se trasladaron como familia a París y allí Balzac estudió en un colegio interno y más tarde cursó Derecho en la Sorbona. Sin embargo, como sucede en el caso de muchos escritores, dejó de lado la idea de ser abogado y se dedicó al periodismo inicialmente, sin mucha suerte aunque esto fue una etapa de aprendizaje mientras encontraba su estilo literario.
Su vida fue complicada por las deudas grandes contraídas hasta que el 1829 y gracias a su novela “El último Chuan” obtuvo éxito y reconocimiento.
En 1850 se casó, por fin, con Eveline Haanska, una princesa polaca con la que había iniciado relaciones en la década de los 30, cuando ella era una mujer casada.
Se dice de él que es el maestro de la novela realista y del retrato psicológico como dejó reflejado en su gran proyecto literario “La comedia humana” donde se encontraría englobada esta novela que nos ocupa.
Bajo este título, “La comedia humana” encontramos uno de los mayores proyectos literarios de la historia. Balzac se propuso escribir 137 novelas e historias interconectadas que serían el retrato de la sociedad francesa en el periodo que va desde la caída el Imperio Napoleónico hasta la Monarquía de Julio (1815-1830). Hay que tener en cuenta que la gran popularidad de la que gozaba Balzac era en parte a la publicación de su obra por entregas en periódicos y folletines, y que esto era común en la época. Además debido a las grandes deudas que él tenía esta excelsa producción le era necesaria para obtener ingresos.
El proyecto se vio truncado por su muerte en 1850. Balzac dejó escritos 87 novelas completas y 7 más no previstas, apreciadas por tener una calidad superior.
En “Las ilusiones perdidas” encontramos la fascinación que tenía Balzac por retratar la realidad humana y observamos también superrealismo. Por ejemplo, en el entorno, al que el autor da mucha importancia habiendo afirmado en una ocasión que «los acontecimientos de la vida pública y privada están íntimamente relacionados con la arquitectura«, por eso describe las casas y las estancias en ellas, en las que viven los personajes, de forma que revelen sus pasiones y deseos ocultos.
Los temas que encontramos son la mediocridad de la vida, la avaricia, el idealismo, las falsas apariencias y sobre todo hace una crítica mordaz al mundo periodístico, que él conocía bien, y al encumbramiento de algunos literatos de forma inmerecida.
Leyéndolo tenemos la sensación de que algunas de estas páginas podrían haber sido escritas ayer.