Por Sara Roma

Alex Roa, concejal de UpyD en Guadarrama,  define a Ana Vázquez como una “carne de juntaletras”. Pero Roa no lo supo hasta que un día visitó su blog, llamado Me hierve la sangre, que empezó siendo un recurso de pataletas contra los bancos, y acabó convirtiéndose en novela. Su título es Yo nací en Yeserías.

Ana Vázquez-Ana para contextualizar la novela habría que explicar a los lectores qué era Yeserías. Un escenario que tú conoces perfectamente y que forma parte de tu biografía personal.

Lo único verdadero de la novela es que yo nací en Yeserías. Mi padre fue funcionario de prisiones y en los sesenta, aparte de la cárcel –la gente sabe que aquello fue un centro penitenciario- también había un hospital adonde acudían las mujeres de los funcionarios a dar a luz. Como yo, muchos niños de esa década nacimos allí.

-¿Y el título de la novela cómo surgió?

El título se me ocurrió una noche hablando en la puerta de un bar que dije: “Perdona, bonita, pero yo nací en Yeserías”. Y, entonces, alguien contestó que era una bonita entrada para mi blog. Y esa fue la primera entrada que publiqué sobre una asesina de los años sesenta que estuvo en Yeserías. Luego fue otra, una tercera…Y ahí fui consciente de que se me iba de las manos y se convirtió en novela.

-Esta novela recrea la vida de mujeres que se ven abocadas a sobrevivir en tiempos muy difíciles. Las defines como personajes muy bellos pero que viven condicionados por un entorno de fealdad, pobreza e indignidad.

Sí, las mujeres de los sesenta, sobre todo las que habían vivido la guerra y posguerra vivieron unos años muy difíciles en los que ellas ni de lejos soñaban con alcanzar los mismos derechos que los de los hombres. Lo único que querían era vivir con dignidad dentro de la pobreza. La historia arranca con dos asesinas que conviven en Yeserías y luego se van relatando historias de familiares, de amigos, de gente que coincide con ellas…Y la novela finaliza el 23-f.

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-Y para describir ese momento histórico y social, ¿recurriste a tus recuerdos, a las fotografías antiguas, a las historias de familiares?

De todo un poco: lo que yo viví, lo que me contaron…; hay ficción, por supuesto, pero recurrí a la documentación gracias a Mercedes Gallizo (quien fue directora de Instituciones Penitenciarias), a Mercedes Jabardo, que también fue directora general.

-Carmela es una de las protagonistas de esta historia. Es una niña bien que tras el abandono de su padre en la Guerra Civil, tiene que vivir con su madre y sus dos hermanos en una chabola de Valladolid. Son niños guapos viviendo en un entorno de gente fea, sucia e indigna. Pero a pesar de eso, les llaman “los pequeños aristócratas” porque su madre lucha contra la mugre y los harapos. Así que sufren bastante. Pero un día, Carmela decide prometerse a sí misma que saldría de allí vestida de novia para no volver jamás a pisar aquel barrio. Ella reconoce que la única manera que tiene de huir de su triste destino es a través del matrimonio, una opción a la que tuvieron que recurrir muchas mujeres de aquella época.

Es muy triste pero era la realidad. Y sobre todo ella era muy guapa, como su hermano. La gente los llamaba “los pequeños aristócratas” porque eran niños muy guapos y rubitos para aquel entorno. Por tanto, ella decide que el único partido que puede sacar de su belleza es conseguir casar al chico más guapo de Valladolid. Entonces, mueve Roma con Santiago para coincidir con él y él se enamora de ella hasta las trancas.

-Sin embargo, la evolución de este personaje no es todo lo romántico que se esperaría, pues con el paso de los años Carmela se vuelve una mujer insoportable y egoísta, y solo va a contar con el amor de su hijo pequeño.

Es más, en mi segunda novela, en la que estoy trabajando ahora, la protagonista es su hija, Elena. Los personajes que se esbozan en la primera ahora se desarrollan en esta segunda obra. En esta parte, se incide más en esa historia porque cuando no hay amor es muy difícil la vida en pareja, por mucha riqueza que haya.

-En la novela, hay otros personajes femeninos tan interesantes como Brígida, María ‘la puñales’, Paca, Manolita… Ellas también sufren, aman, sueñan y convergen en un final que parece no terminar. ¿Es ese final el que te sugirió la segunda novela?

No ese final. En realidad, yo llevaba mucho tiempo escribiendo, aunque nunca me había atrevido a enseñarlo, y la escritura me servía como terapia. Fueron mi hija de diecisiete años y mi pareja quienes me reprocharon que acabara tan pronto con la protagonista con el juego que daba. Y efectivamente, creo que podía dar más de sí. Y fue entonces cuando se me ocurrió escribir una segunda novela contando esa historia. Y en ello estoy.