Una tarde en Expomanga 2012

Por Gema Nieto.

Los otakus o aficionados al manga, anime y al inevitable y consecuente merchandising que lo rodea pudimos disfrutar este pasado fin de semana (concretamente los días 11, 12 y 13 de mayo) del Expomanga 2012, celebrado como en ediciones anteriores en el madrileño Pabellón de Cristal de la Casa de Campo.

 

A destacar, lo esperado y tradicional en estas concentraciones: mucho cosplay (disfraces curradísimos de todos los personajes conocidos del mundo del manga y los videojuegos: enfermeras sanguinolentas de Silent Hill, luchadores de Dragon Ball, militares de Metal Gear, Narutos, One Pieces y Final Fantasys varios…), muchas firmas, karaokes, talleres diversos (llamaba especialmente la atención el de diseñar pegatinas tipo “píxeles” de Pacman o las setas de Super Mario), mucho espacio para los nostálgicos que ya tenemos una edad (cartuchos de 16 bits, mandos y consolas de principios de milenio como la Nintendo 64, la Game Boy Color o la PS One), muchos videojuegos de última generación en un espacio reservado para los más jugones (Soul Calibur V de XBOX o Saint Seiya Sanctuary Battle de Play Station 3 entre otros) y la novedad de este año: muchos Angry Birds en todas las formas posibles (peluches, carteras, tazas, pósters, llaveros, etc.). Destacaba también la exposición dedicada a los 20 años de Dragon Ball, en la que distintos dibujantes llevaron a cabo representaciones muy personales de los míticos Son Goku y compañía, junto con bocetos de la serie original.

 

Muy recomendable para pasar una tarde divertida recordando clásicos inmortales de la animación y los cómics japoneses y disfrutando de personajes más nuevos. Aunque es cierto que el interés por este mundo ha crecido con el paso del tiempo gracias a internet, que ha facilitado la posibilidad de acercarnos a él y ha acortado la inmensa distancia que Europa, y especialmente España, tenía con respecto a Japón en pasadas décadas, se echa en falta en nuestras ciudades una mayor repercusión de estos eventos, así como un mayor dinamismo y espectacularidad de los mismos, para que no se limiten a un número (afortunadamente creciente, eso sí, superándose los 30.000 visitantes este año) de stands de editoriales colocados a lo largo de un pabellón y a la colaboración entusiasta de los aficionados disfrazados que son los que realmente ponen la nota de animación a una exposición que en muchos aspectos peca todavía de una organización muy “de estar por casa”.

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